bilbao. Gran parte de lo que consiga hoy, bueno o mejor, en el Mundial de crono (Teledeporte, 14.45 horas) se lo deberá Jonathan Castroviejo (Getxo, 1987) a aita, que se ha pasado un tercio de las mañanas del último mes, una decena de ellas, sobre una moto, soltando gas con su hijo encorvado y pegado al tubo de escape. Subían a Landa (Araba) y, paralelos al pantano, iban de aquí para allá esparciendo en el aire el ruido metálico de una Gilera negra, la misma scooter, marca, modelo y color, que la que utiliza Alberto Contador para hacer tras moto, la mejor manera de engañar al cuerpo, de hacerle creer que compite cuando no lo hace. Para eso se la compró Castroviejo. Para correr sin competir durante este último mes sin dorsal.

"Si no compites, habrá que simular que lo haces", se vino a decir a finales de agosto Castroviejo, el primer vizcaino que disputa el Mundial de crono profesional y, quizás, el mejor especialista desde Julián Gorospe en los años 80 en una prueba, que, sin embargo, se le ha dado de maravilla al ciclismo vasco, pues desde su creación en 1994 ha cosechado dos oros (Indurain en 1995 y Olano en 1998), una plata (Olano en 1995) y un bronce (Igor González de Galdeano en 2002).

Dicen que, más incluso que rodar tras un coche, por aquello del peligro y la sensación real del viento, el mejor simulador que existe es la moto, correr tras ella, sufrir tras ella como si fueras tras un pelotón que te estira el cuello. "Es, quizás, mejor incluso que eso", dice el vizcaino, "pues la moto puede mantener un ritmo acelerado y constante el tiempo que sea necesario. La moto, a diferencia del pelotón, no se cansa nunca, es una máquina". Contra eso compite hoy. Contra máquinas: Cancellara, Tony Martin, Wiggins...

Nada o poco tiene que ver con esos tipos grandes, mastodónticos y de enormes palancas. A su lado, Castroviejo es una bola de cañón. Por su tamaño, enjuto, y por su postura sobre la cabra, comprimida. Parece un huevo. O una gota de agua, que, dicen los expertos, es el modelo aerodinámico perfecto en el que se inspiran todos los diseños que tratan de esquivar el aire. Castroviejo, que es hiperlaxo o hiperflexo, lo cual quiere decir que puede adoptar sobre la bicicleta la postura idónea sin que su musculatura se vea afectada -el caso opuesto sería Indurain, tan rígido que necesitó generar 100 vatios más de potencia que Graeme Obree y su postura de huevo para batir el Récord de la Hora-, opone una resistencia mínima al viento porque su área frontal es pequeña, ínfima en comparación con los pechos desproporcionados de sus rivales.

Eso de las teorías aerodinámicas que tanto impresionan está muy bien, diría el aficionado de siempre, pero ¿y las piernas, la potencia? ¿qué me dices de correr, que es de lo que ha tratado el ciclismo desde que se inventó? Potencia tiene: las pruebas dicen que actualmente, con esta forma y con este peso, puede desarrollar una media de 360 vatios durante una hora, lo que vienen a ser unos 5,7 vatios por kilo, que se asemeja mucho a lo que necesitaron Marco Pinotti y Gustav Larsson, dos armarios, para ganar algunas de las grandes cronos en su carrera.

Y correr también corre. Tras la moto de aita estos días, por ejemplo, en largas sesiones de hasta dos horas sin llegar, de todas maneras, al límite de los 350 vatios que deberá desarrollar hoy. O en cortas series de media hora y medias de velocidad, hablando de correr, de 50 kilómetros por hora. Claro, eso, tras la moto. ¿Y solo y con dorsal? Vaya si corre. Más que nunca este año que ha explotado ganando, en abril, el prólogo del Tour de Romandía ante Taylor Phinney o la crono de la Vuelta a Madrid en mayo. En junio, se colgó la plata del Estatal de crono.

Fue ese el día que asombró a José Luis de Santos, seleccionador estatal, pese a que sabía el segoviano, porque le conoce bien de las convocatorias en la selección sub'23, del descomunal caballaje que posee el motor del vizcaino. "Creía que iba a hacer buena crono pero no que podía alcanzar ese nivel frente a rivales más maduros y experimentados que estaban en el momento álgido de su temporada como Luis León o un Contador motivadísimo al que logró vencer", analiza De Santos, para quien la virtud suprema del contrarrelojista no está en el físico, que también, claro, sino en la mente. "A la calidad tiene que acompañarle la capacidad mental. Yo siempre pongo como ejemplo a Aitor Garmendia y su mentalización y capacidad de sufrimiento en las cronos. Castroviejo tiene algo de eso. Desde que le conozco, y son unos años, siempre me ha llamado poderosamente la atención su gesto, la cara que refleja todo el sufrimiento que es capaz de soportar".

El rostro agónico de Jonathan es una mandíbula desencajada, una boca abierta que se traga el viento a bocanadas y un desfile de dientes blancos y afilados.

Tanta fe tiene De Santos en Castroviejo que ni siquiera su mes en barbecho le hizo dudar de su presencia en la crono del Mundial. "Sé de su capacidad de sacrificio, de su seriedad y ganas de trabajo. Es meticuloso con su preparación. Por eso no dudé", dice el seleccionador. "De todas maneras, la apuesta es a futuro. Lo de este año tiene que servirle a Jonathan para quitar el miedo o el respeto a una cita tan importante como esta. Es joven y viene a aprender, aunque estoy seguro de que hará una buena crono".

Lo dicho sirve también para Jesús Herrada, el conquense del Movistar, el equipo en el que correrá Castroviejo en 2012, otra apuesta de futuro en la crono. Solo tiene 20 años.

Sin llegar a creérselo, no es de esos, lo de la fe ciega de De Santos refuerza la convicción del vizcaino, que no habla de objetivos pero sueña con una plaza entre los diez mejores en su primer Mundial contrarreloj -anteriormente corrió los de línea junior en 2006 y el de sub'23 en 2009 que acabó 13º-. "Hace un mes que no compito y no tengo referencias", duda Castroviejo. "Y nunca había preparado una crono de esta manera". Un mes tras moto, a rueda de aita. Hoy corre contra máquinas.