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El día perfecto de Euskaltel

Antón y Verdugo plasman en el asfalto lo que Gerrikagoitia dibujó en la pizarra

El día perfecto de EuskaltelDEIA

bilbao. A Gorka Gerrikagoitia, director muxikarra de Euskaltel-Euskadi desde hace más de ocho años, le llegó el reconocimiento, suele ocurrir, en apenas cuatro horas. Fue el día de la jugada maestra camino de Cotobello. Sí, el día que el equipo vasco se conjuró para resurgir y lamer las heridas de Antón, caído dos días antes en Peña Cabarga cuando era líder. Oroz, Txurruka y Nieve llevaron a la carretera lo que Gerri les había explicado en la pizarra. El navarro culminó la fuga en la cima asturiana. Fue un día perfecto. Como el de ayer.

"Teníamos muy claro que tenía que hacerlo así, como ha salido. Con Igor metido en una fuga junto a un buen corredor como Verdugo que le hiciera un gran trabajo", explicó el director vizcaino, que decidió cambiar el rumbo del equipo, supeditado al liderazgo de Antón, en La Covatilla. Desde entonces busca Euskaltel un triunfo de etapa. Con Antón o con Nieve. El navarro, se metió en la lucha por un puesto entre los diez primeros de la general el día fantástico de Ponferrada y la subida a Ancares. Luego escaló en La Farrapona, el Angliru, Peña Cabarga... Es décimo. En todos esos puertos buscó Antón la victoria. "Era nuestra idea. Íbamos día a día tratando de conseguir una victoria que no llegaba". Tras Peña Cabarga, otra oportunidad pérdida, pensaron en Bilbao.

Tenía que ser mediante una escapada. Tenía que ser desde lejos. Igor amaneció nervioso. "Tenía que coger la fuga. No había otra manera de ganar". Y salió con las orejas tiesas. "Es lo que le pedí", contó Gerri, que suspiró aliviado cuando en una escapada de cuatro escuchó dos dorsales familiares: eran Antón y Verdugo. Lo planeado. La primera parte del plan estaba cubierta.

"Para la segunda parte era esencial Gorka. Está fuerte en esta Vuelta y que tirara para mantener la diferencia cuando el pelotón abriese gas era vital", contó Gerri, que conducía con la calculadora en la cabeza. Calculaba que necesitaban llegar a la primera subida con más de cuatro minutos y sus cuentas cuadraron. Más que eso llevaba al pie de El Vivero. Y estimó que con un minuto le bastaba a Antón para aguantar en la segunda subida. "Verdugo lo ha bordado". Pese a que pinchó en Bilbao y sufrió lo indecible para volver al trío. Ahí se dejó el navarro la anteúltima bala. La última, la gastó en el llano hacia Galdakao. Luego, se apartó.

Era el momento de Antón. Gerri le ordenó atacar de inmediato. "Teníamos que distanciar a Bruseghin, que era el más peligroso". En cuatro kilómetros de subida Gerri se desgañitó. Le pedía a Igor que regulara en los repechos duros de El Vivero, las rampas del 13% y así, y que apretara en los descansos. "Era la forma más segura de hacer el hueco que necesitábamos". ¿Cuánto era eso? "Con medio minuto en la cima la etapa era nuestra". Fue algo más. "Entonces supe que ganábamos", contó Gerri, que equiparó el triunfo en emotividad al que logró en su primer año como director con Unai Etxebarria en la Challenge de Mallorca. "He sentido una emoción parecida a entonces. Aquel también fue muy especial. Este, el de Bilbao, lo es por todo lo que le rodea. El regreso de la Vuelta, la afición... Esta era la victoria que queríamos", la que llevaban buscando desde que Gerri cambió el rumbo del equipo en La Covatilla. La que dibujó por la mañana en la pizarra y plasmaron maravillosamente sobre el asfalto Gorka Verdugo e Igor Antón.