El Vivero, lejos de ser un gigante de la alta montaña, incomparable a otros puertos míticos como el Mortirolo, Alpe d'Huez, el Galibier o el Tourmalet, se convirtió en la jornada de ayer en talismán del equipo Euskaltel-Euskadi y especialmente para uno de sus ciclistas: Igor Antón. El puerto, que apenas se eleva 410 metros por encima del nivel del mar, elevó a los altares del Olimpo al corredor galdakoztarra, que hizo estallar de alegría a toda la localidad -que ayer dio inicio a sus fiestas patronales- y especialmente a su familia. Su aita, Enrique; su ama, Mari Jose; y su hermana, Iratxe, siguieron la subida en una de las rampas más exigentes y vivieron el bautizo de El Vivero, que ya no volverá a ser un puerto de segunda, será el col de El Vivero, por lo menos para los miles de seguidores que vivieron la ascensión de primera mano.
La etapa de ayer, por novedosa, por polémica desde el momento en el que se anunció que la prueba ciclista iba a regresar a Euskadi, quedará grabada en la mente de todos los que decidieron seguir en directo la Vuelta. Para muchos, la de ayer supuso la primera toma de contacto con la prueba, que no pudo concluir con mejor resultado, la victoria de Igor Antón.
Bajo el intenso calor, que dio la bienvenida a la Vuelta 33 años después con temperaturas de hasta 37º, la afición vasca no quiso dar la espalda a la carrera y no cesó de animar a todos y cada uno de los corredores. Bajo el cobijo de la sombra, escasa cuando el reloj estaba próximo de marcar las 14.00 horas, cercanos a la entrada del ya cerrado Parque de Atracciones de Artxanda, las pocas personas que hicieron noche para situarse en un lugar privilegiado esperaban ansiosas la llegada de los ciclistas. "Llevamos desde las nueve de la noche del jueves para ver una victoria de algún Euskaltel. Ojalá sea Igor, que corre en casa", pronosticaron.
Unos metros más abajo, llegados desde Basauri, Puri, Alfonso, Pili y Serafín disfrutaron de "un día distinto" gracias al paso de la Vuelta. "Hemos venido desde la mañana para vivir el ambiente de cerca y ver un triunfo de algún corredor naranja. Seguimos la carrera desde hace mucho tiempo y que pase por Euskadi es bonito, no hay más que ver la cantidad de gente que hay. Además, los propios corredores lo reconocen", añadieron.
La nutrida representación vasca, no solo presente en el conjunto Euskaltel-Euskadi, también recibió apoyo. Como una aficionada más, la amama de Markel Irizar no quiso perderse el paso por casa de su nieto. El corredor del RadioShack, con un papel discreto en la Vuelta, seguro que disfrutó del apoyo de su familia, que del mismo modo que la de Igor Antón, quiso acompañar al ciclista en las rampas del puerto de El Vivero.
A medida que iban avanzando las horas, con el calor apretando cada vez más y más, un grito: "Igor va escapado" sobresaltó a todos los presentes en la parte alta de la ascensión. "Sí, sí. Van él y Gorka Verdugo. Hoy no se nos escapa la victoria", añadió un seguidor llegado desde Balmaseda.
La tranquilidad de la mañana en el puerto se vio enseguida alterada con las noticias que llegaban desde la radio. Nadie se esperaba una actitud tan valiente de la formación dirigida por Igor González de Galdeano y, mientras, las cunetas del puerto se fueron poco a poco llenando de gente y de color naranja.
Los dos pasos por el vivero La ventaja de los fugados fue en aumento, de manera proporcional a lo que lo hizo la incertidumbre entre todos los seguidores. La locura invadió a la afición al paso de los escapados por el puerto vizcaino. Sin embargo, una extraña sensación invadió a los allí presentes. "No me ha dado muy buena impresión la cara de Igor", apuntaba alguno de los miembros de la Sociedad Ciclista de Galdakao.
Una vez que coronaron, las dudas sobre las opciones de victoria de Fuji fueron haciéndose más latentes. El pelotón, comandado por el Sky, comenzó a reducir la diferencia y todo parecía perdido para Igor. El galdakoztarra supo mantener la calma y no tardaron mucho en llegar las buenas noticias. En el grupo de los hombres importantes hubo un parón e Igor, que logró descolgar a Bruseghin, pudo ampliar la ventaja.
"Lo tiene hecho. Si no pasa nada raro la victoria es suya", celebraba prácticamente la Sociedad Ciclista, más animada que tras el primer paso y que pudo comprobar que las sensaciones del ciclista de Euskaltel eran mejores.
Una vez que Fuji coronó el puerto, esta vez en solitario, las radios cobraron un especial interés. Todo el mundo quiso enterarse de cuáles eran las diferencias y, pegados a la radio, mientras animaban al resto de corredores que pasaban por su lado, fueron creyéndose que el triunfo de etapa podría estar definitivamente en manos de Igor.
Cuando, brazos en alto, el galdakoztarra cruzó la línea de meta, la afición estalló de júbilo. Estaba hecho, Igor logró ganar en Bilbao, en casa, delante de la marea naranja y en el col de El Vivero. Una afición fiel, que disfrutó, ikurriñas en mano, de un triunfo histórico que sirve para redondear la espléndida temporada de Euskaltel-Euskadi.