"Mis días están llenos de nada"
El exmánager cántabro, ideólogo de la Once y su continuación que fue el Liberty Seguros, el imperio ciclista que se desmoronó con la 'operación Puerto' hace más de cinco años, habla para DEIA sobre la Vuelta y su llegada a Euskadi, la situación del ciclismo y su drama personal
Torrelavega. Todos los días son iguales. "Vacíos". Se despierta con Ana Pastor. A las 9.00 de la mañana estira el brazo, aprieta el botón del mando y se conecta al Telediario. No se menea hasta las 10.00. En la ducha, bajo la cascada de agua, se hace a diario la misma pregunta: ¿Qué tengo que hacer hoy? Siempre se responde lo mismo: Nada. Y nada es lo que dice que hace. "Soy un vago". Tiene, sin embargo, una cervecería en Torrelavega. "Pero yo soy inversionista, no trabajo". Antes tan amplio, su mundo se limita a Torrelavega y el Twitter, donde su actividad es frenética. Su vida que fue histérica es ahora flemática. "Mis días están llenos de nada". Hasta una entrevista que tiene lugar una de esas mañanas monótonas en la terraza de su restaurante La Cruz Blanca le parece un acontecimiento excepcional "que rompe la apatía de mi vida".
Vuelta de 2003. Cronoescalada a Abantos a las puertas de Madrid. Nozal empieza el día de líder pero es Heras el que se acuesta con el entonces jersey oro. ¿A Cobo le puede pasar lo mismo?
No lo creo. Son personas muy diferentes. Yo siempre le digo a la gente que si Nozal no llega a perder el amarillo en la crono lo hubiese hecho al día siguiente en Madrid. Para ganar una Vuelta a España primero hay que querer ganarla. Y Nozal no quería hacerlo por lo que podía venir después y por lo que le estaba viniendo. Le asustaba absolutamente todo. Un hombre asustado es muy difícil que pueda ganar una carrera. Cobo es distinto. Me va a perdonar, pero a Cobo no le gusta el ciclismo. Entiende esto como una profesión y como tal la ejerce. Lo bueno de eso es que no le asusta ganar o perder. Y eso le hace mucho más duro mentalmente de lo que pudo ser en su momento Nozal. Aunque creo que, y que me perdone también por pensarlo, Isidro era mejor corredor que Cobo.
La Vuelta regresa a Euskadi. ¿Se lo hubiera imaginado hace unos años?
Es una ilusión. Entiendo al sector duro del País Vasco que no quiera que la Vuelta llegue allí, pero pienso que las mentes tienen que estar un poco más abiertas. Si Euskadi es capaz de admitir el Tour de Francia, ¿por qué no puede hacerlo con la Vuelta? La opresión que dicen que existe de España hacia el País Vasco sería la misma que existe de Francia al País Vasco francés. Luego, si el problema es el mismo, y admites que llegue el Tour de Francia, tendrás que admitir que llegue la Vuelta. Si a eso le sumas que el 90% de los vascos son aficionados al ciclismo…
Como la Vuelta a Euskadi, ¿Manolo puede regresar al ciclismo?
Por ley natural tengo que volver al ciclismo.
¿Pero realmente puede?
Puedo, pero otra cosa es que cada vez yo me sienta más distanciado del ciclismo actual. Y otra más es que si Manolo Saiz vuelve nunca va a ser el Manolo Saiz de entonces.
¿En qué sentido?
Si alguna vez vuelvo al mundo del ciclismo voy a ser mucho más egocéntrico. En mi época trabajé mucho para otros equipos, les ayudé. Ahora estoy seguro de que si regreso, solo me voy a ayudar a mí mismo, a mi equipo.
¿Sigue el ciclismo?
Sí, claro.
¿Le gusta lo que ve?
Voy a responder con una anécdota. Cuando yo iba sentado en el coche, como lo hacían Mínguez y Echavarri, íbamos con las ventanillas abiertas y captábamos absolutamente todo lo que pasaba en la competición. Ayer (por el miércoles) estuve en Lunada viendo la carrera y por delante de mí pasaron 44 coches de equipo. Saludé a uno de los directores al que yo quise saludar. Y me saludó uno que me quiso saludar. Pero todos los coches iban con las ventanillas tintadas cerradas sin enterarse de lo que había en el ambiente que rodea a la carrera. Este es el ciclismo de las orejeras. Cuando tú te encierras en tu coche de esa manera, lo que estás dando a entender es que te importa un pimiento lo que ocurre al lado del ciclismo, en la cuneta. Cuando pasó el pelotón y me quedé solo pensé que los de nuestra época éramos gente que mirábamos el ciclismo de dentro hacia afuera. Ahora no ven más allá de lo que tienen delante.
Vamos, que no le gusta este ciclismo.
No, no me gusta. Creo que se está sobrevalorando este deporte y no se va a poder mantener en estos niveles. Nos vamos a cargar todo lo que logramos en los años 90 e inicios del nuevo siglo. El ciclismo está volviendo al sistema inflacionista que tanto nos costó derribar.
¿A qué se refiere?
El nuevo sistema de puntos, que no es tan nuevo porque ya existía antes y conseguimos quitarlo, es un buen ejemplo. Con eso volvemos a darle toda la importancia a la cifra final del presupuesto de un equipo. Eso no es sensato.
Durante el Tour dijo usted en una entrevista publicada en 'L'Equipe'. "El ciclismo me necesita". ¿Le necesita?
No sé qué interpretación le darían ellos, pero lo que yo quise decir es que aporto cosas al mundo del ciclismo, como las aportan otros. Nada más.
¿Usted necesita el ciclismo?
Es mi pasión y mi vida. Creo que soy, además, de los pocos que pueden decir claramente que soy profesional de esto. Pero considero que esa necesidad es recíproca: yo necesito al ciclismo y el ciclismo me necesita.
¿No está dolido con el ciclismo?
No.
¿Y lo ha estado?
No, nunca. Cuando yo desembarqué en esto ya me señalaron como a un bicho raro. No había sido ciclista y tenía una carrera universitaria. Era un extraño y me trataron como tal. Me acostumbré a ello. Luego llegó la operación Puerto y… Solo sé que al final el tiempo pone a cada uno en su sitio. Lissavetzky y el PSOE se habrán puesto muchas medallas porque han acompañado a muchos deportistas a ponérselas. Me parece bien, pero yo siempre he dicho que ese fruto, las medallas, no llegan gracias al que se hace la foto, sino al trabajo de años anteriores. El ciclismo actual sí es consecuencia de Lissavetzky. Y el panorama es este: dos equipos en España y dos corredores españoles entre los diez primeros de la Vuelta. Me gustaría que los medios de comunicación que tanto han alabado a Lissavetzky sean ahora críticos con él. Y no solo por el ciclismo. El atletismo o el baloncesto están pasando por dificultades.
El fútbol y el tenis triunfan.
Pero por desgracia, el deporte español vive del trabajo y la inversión privada. Esta es una época gloriosa para el fútbol, pero es gracias al Barcelona, al Madrid, al Sevilla, al Athletic, al Racing… Todo es inversión privada. En realidad, a lo que se tendría que dedicar el CSD es a crear una gran base deportiva. ¿Existe eso? Solo hay que echar un vistazo al número de chavales que hay en cadetes, juveniles y aficionados. Es evidente que algo no se está haciendo bien. Y mientras, algunos siguen más preocupados en ponerle el maillot amarillo a Contador en París.
Usted siempre fue un revolucionario que no se calló ni se detuvo ante nada. ¿Eso le pasó factura?
Si te refieres a si me siento perseguido, te digo que no. Lo que sí digo es que, en este caso -habla de la operación Puerto-, Lissavetzky vio la oportunidad de que le pusieran una medalla en Francia y la aprovechó. Por un vil metal se hace lo que sea. Pero no es solo Lissavetzky; hay otro innombrable, un impresentable, que hizo lo mismo. Allá ellos con su conciencia.
¿La suya está limpia?
¿Mi conciencia? Totalmente limpia y totalmente tranquila. Eso es lo que más me importa.
Pero usted cometió errores.
Por supuesto que cometí errores, como todo el mundo. Sería un estúpido si no reconociese que cometí errores. Pero lo que tienes que hacer con los errores es ponerlos en una balanza y ver si pesan más que los aciertos.
¿Y…?
Creo que, con mucho, le he dado mucho más al ciclismo de lo que le he podido hacer daño.
Cinco años después, ¿en qué fase se encuentra la 'operación Puerto'?
Como ellos quieren: dilatada en el tiempo.
Y mientras espera una resolución, ¿qué hace Manolo Saiz?
Nada, soy un vago profesional. No, miento, simplemente soy un vago porque no cobro. Lo reconozco, no hago nada.
Es dueño de una cervecería La Cruz Blanca, en Torrelavega.
Bueno, tengo una cervecería a la que vengo, miro los números… Soy un inversionista, pero no trabajo en el restaurante. Por lo tanto, no hago nada.
¿Cómo son sus días?
Siempre iguales. Me despierto y desde la cama veo el telediario de Ana Pastor a las 9.00 de la mañana. Me levantó sobre las 10.00, me ducho y como soy vago no salgo a andar ni nada, pese a que algunos amigos me lo recomiendan. Luego procuro pasar el día de la mejor manera posible. Pero la sensación real de mi vida es de vacío. Mis días están llenos de nada.
¿Porque añora el ciclismo?
Porque echo de menos todo. Cuando me estoy duchando por la mañana, pienso en qué tengo que hacer ese día y siempre me respondo lo mismo: Nada. A veces, como esta noche ahora que está la Vuelta en Cantabria, viene algún amigo a cenar conmigo al restaurante y eso supone la ruptura de mi monotonía. Para una persona tan activa como he sido yo eso es triste. Y un desperdicio, modestia aparte. Lo digo por mí y por cualquier parado de España. Es un desperdicio que las personas no tengamos ocupación.
Entonces, ¿no hace nada de nada?
Fíjate, a mí me ha salvado la vida La Sexta 3, un canal en el que echan todo el rato películas. Soy un amante del cine, que no entendido, y me paso las noches delante de la tele. Me fijo en los detalles, analizo… Así se me pasa el tiempo.
¿Qué es lo que más le preocupa ahora?
Los hijos (tiene dos) y recuperar a mi mujer (está separado desde hace cuatro años y vive con sus padres, muy cerca de la cervecería).
¿Hace algo para salir de esa monotonía que inunda su vida?
A veces me involucro en algún proyecto y eso quiere decir que mi subconsciente me está diciendo que salga de esto de una puñetera vez. Lucho por salir, pero cuando algo me ilusiona mucho y empiezo a caminar, tropiezo porque alguien me pone la zancadilla. A veces hablo por teléfono de una iniciativa y al día siguiente todo se va al traste. Me da por pensar que es porque me escuchan, pero luego me digo que cómo me van a pinchar el teléfono ahora si ni siquiera lo hicieron en la operación Puerto. Me resulta hasta gracioso.
¿A Manolo le siguen poniendo zancadillas?
Sí, me las siguen poniendo.
¿En esa vida vacía está más solo de lo que jamás hubiese imaginado? Dicho de otra manera: ¿le ha dado la espalda mucha gente?
Lo que siento es que a mucha gente le he dado un cariño que luego no ha venido de vuelta. No me he sentido correspondido en el apartado personal. Si en algún momento he hecho algo que luego me ha podido pasar factura, ha sido por dar la cara por otros. Y esos otros ahora están demostrando un grado de cobardía bastante importante.
¿Ha reflexionado mucho en todo este tiempo?
Mucho. No hago nada más que pensar y ver La Sexta 3, y este canal salió hace un año. Así que he tenido cinco para meditar todo el día.
¿Y qué piensa?
Cosas buenas. Mi cabeza está llena de ellas. Hace un año estuve en el Tour de Francia y según estaba parado en la carretera hubo una persona que estaba subiendo el Tourmalet que se dio la vuelta para darme un abrazo. Ese alguien era Miguel Indurain. Para mí eso fue mucho más importante que el hecho de que ahora algunos no se atrevan a coger el teléfono para llamarme y preguntarme qué tal me va. En la época de la ONCE y el Banesto, aquellos años 90, tuve muchos enfrentamientos con José Miguel Echavarri. Creo que todo el mundo lo recuerda. Pero hoy es el día que tengo a mi hijo estudiando en Pamplona y cada vez que voy, llamó a José Miguel y nos tomamos un café. Eso significa mucho para mí.
¿Ahora valora más el cariño de las personas?
No, no, lo que valoro más es lo que me ha dado el ciclismo. El 99% de las personas que estamos en este mundo somos incultas y aquí hemos aprendido costumbres, cultura, geografía… Sabemos que Bélgica está pegada a Francia porque lo hemos visto, no porque nos lo dijesen en la escuela. Hemos conocido personas, nos han pasado un montón de cosas, hemos aprendido a malhablar inglés, francés, italiano… Y, pese a todo eso, hemos creído que somos la hostia, cuando en realidad solo somos unos incultos que nos hemos ido llenando con el ciclismo.
¿Está viviendo la peor época de su vida?
Es lo que siento. Pero pienso que también hay que saber vivir los momentos malos.
¿Usted está sabiendo vivirlos?
No, porque podía haber aprovechado para hacer muchas más cosas de las que estoy haciendo. Pero no tengo ganas de hacer nada. No tengo ninguna motivación para decir que voy a hacer esto o aquello porque a la vuelta de la esquina me está esperando esto otro. No tengo una meta, así que no pedaleo.
¿Le bloquea la obsesión por volver al ciclismo?
No estoy obsesionado, para nada. Digamos que estoy en un periodo de espera. Lo que para una persona es una mota de polvo para mí es una montaña. Nada me ilusiona y todo lo desprecio. La respuesta más fácil que tenemos los humanos es desanimarnos. Ahora entiendo a los depresivos, a los alcohólicos, a toda esta gente. No me da por beber, pero anímicamente, soy uno de ellos.