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Cobo salva la Vuelta

Froome gana en Peña Cabarga y araña al cántabro un segundo, más ocho de bonificación, para situarse a trece

Cobo salva la VueltaJOSÉ MANUEL VIDAL/EFE

Christopher Froome (Sky)4h52:38

Juanjo Cobo (Geox)a 1

Bauke Mollema (Rabobank)a 21

GENERAL

Juanjo Cobo (Geox))69h31:41

Christopher Froome (Sky)a 13

Bradley Wiggins (Sky)a 1:41

La etapa de hoy, 18ª: Solares-Nola (174,6 Kms.). Teledeporte (15.45 horas). Eurosport (16.30 horas).

alain laiseka

solares. Parte de las tardes de la Vuelta las pasa Cobo en la habitación de su masajista Paco Lluna, hartándose a reír con la Belén Esteban, el Coto Matamoros y esa fauna de Sálvame que le hacen olvidar que es ciclista y que, en los últimos días, es el líder de la Vuelta. Otras veces, el chico se le queda dormido a Lluna boca abajo sobre la camilla. Hay días que, de tan noble, Cobo llega sudado y decepcionado de una etapa y coge y le dice a su amigo que no, que hoy no recibe masaje porque no se lo ha merecido. Claro, no lo ha hecho en esta Vuelta que todo le va tan bien. Y le ocurre al bueno de Paco que, demasiadas veces, espera y desespera a que llegue el cántabro, que de despistado que es, de despreocupado, se queda hablando con este y con aquel por los pasillos, en alguna habitación, y se olvida del tiempo, de que es la hora del masaje. La de las risas con la Esteban y el Matamoros. Hora de desconectar. La hora de Sálvame. Ayer, fue él quien se salvó.

"Pensé que perdía la Vuelta", dijo cuando, recuperado el aliento, suspiró tras resistir a la ofensiva bestial de Chris Froome, que ganó la etapa y le recortó nueve segundos en la general. Ahora está a trece. Un suspiro. Por ese tiempo perdió Loroño con Conterno la Vuelta del 56. "Si me quitan el liderato todos estos no me lo perdonan", volvió a suspirar Cobo, de bote en bote, de abrazo en abrazo, de risa en risa cuando se encontró con su ruidosa peña, con la manada del bisonte que había tomado los prados verdes de Peña Cabarga.

En matarle, o, al menos, en someterle a alguna tortura dolorosa, pudo pensar Matxin cuando hace unos días le escuchó responder en la radio, tras una pregunta sobre el asunto, que no, que no conocía Peña Cabarga, que solo lo había subido una vez, el año pasado, pero andando y hasta la mitad, hasta el bar que hay a 2,5 kilómetros de la cima, donde se paró con los amigos a tomar una cerveza.

Cobo vive en Cabezón de la Sal, a 50 kilómetros de Santander y su atalaya, Peña Cabarga, y no conocía el puerto donde se jugaba gran parte de la Vuelta. Froome, desde ayer su único rival, nació en Nairobi, se crió en Sudáfrica, vivió muchos años en Italia y ahora se ha asentado en Montecarlo, pero sabía cómo era la subida. Vio la del año pasado varias veces en vídeo. Esa paradoja increíble estuvo a punto de costarle el jersey rojo al cántabro. Imperdonable.

Fue en un último kilómetro histérico. Antes, la subida, corta y dura, había mostrado el lado más humano de Denis Menchov, que vive desde hace más de una década en Pamplona pero sigue siendo muy ruso, muy frío. Mediada la ascensión, por el bar donde Cobo se tomó la cerveza hace un año, más o menos, Menchov, dos Vueltas, un Giro y dos podios en el Tour, puso sus piernas al servicio del líder cántabro, al que multiplica, vaya a saber usted por cuánto, en sueldo y prestigio. El ritmo, frenético, asfixiante, puso tope a las desbandadas. Txurruka, Daniel Martin, Bruseghin, Sorensen… Cayeron bajo el yugo del ruso del Geox, que tampoco dejó volar a Van den Broeck. Que tampoco permitió trepar a Nieve. Que sacó de punto a Antón, que luego se rehízo y acabó quinto, y a Purito Rodríguez, que le dio al intermitente y se pegó a la derecha, para no estorbar, de atufado que iba. Así, fragmentado y revolucionado, más de 43 kilómetros por hora de media, avistó el grupo la pancarta del último kilómetro. El triángulo rojo. El trapo. El bisonte se lanzó a por él.

Son las cosas de Cobo. Lo hizo sin meditarlo. A lo bestia. A por la etapa, la bonificación y la Vuelta. La embestida era como las de la Farrapona y el Angliru, pero esta vez a su tubular se pegó Froome, que, a diferencia de aquellas veces, no había estado quitando el aire a Wiggins y estaba fresco, se sentía ligero y capaz de meter, al menos, una marcha más.

Cobo Resurge Su hachazo fue más que eso. A Cobo le cogió desubicado. "No me lo esperaba". Trató de agarrarse a la rueda del inglés y en la desesperación, una situación crítica, tuvo la lucidez de levantar el pie, de dejarle marchar para tratar de coger aire y minimizar la pérdida. "¡Regula!, ¡regula!, ¡regula!", se desgañitaba Matxin por el pinganillo. "¡Tranquilo!, ¡tranquilo que queda mucho!", le insistía. Cobo, tan ágil y delicioso en todas las montañas de la Vuelta, estaba atascado. "Pensaba que perdía la Vuelta", dijo después.

Transitaban por un pasillo de manos hechas un puño, de rostros desencajados, de bocas que escupían palabras feas al inglés -"Chris Froome va cada vez más fuerte. Magnífico. Y todo eso después de que la gente gritase tú ganas, te matamos, increíble", tecleó indignado Bradley Wiggins en su twitter- y, con el mismo aliento, empujaban a su paisano Cobo, que pedaleaba en la cuerda floja, sufriente, camino de una derrota dolorosísima. "He sufrido como en ningún sitio en esta Vuelta". Y, de repente, resurgió. Siguió sufriendo, pero resurgió. La fuerza que no le quedaba en sus piernas, la sacó, contó luego, de la cuneta. "Si pierdo el maillot estos no me lo perdonan", dijo que pensó. Y se dejó la vida. Dio pedales con el alma. Empujaron la bicicleta las piernas, claro, pero también, el corazón, los riñones, un poquito el hígado, otro más los dientes y un mucho las manos que oprimían hasta asfixiarlo el cuello del manillar. Así atrapó a Froome.

Peña Cabarga palpitaba. Y por esa histeria se volvió a dejar llevar Cobo, que nada más llegar a la altura del inglés le ametralló con toda la artillería que le quedaba. De nuevo, se precipitó. "No lo conocía y creía que quedaba algo menos". Estaban a 150 metros y quedaba una curva. A la izquierda, a 30 metros. Ahí se le pararon las piernas, definitivamente, al cántabro. Lo vio el inglés, que exprimió el gramo de fuerza que le quedaba, pasó a Cobo por el hueco de la izquierda, incluso llegó a tocarle, y alcanzó la meta con un segundo de ventaja. Fueron ocho más por la bonificación. Los veinte segundos que cogió menos los doce de Cobo. Ahora está a trece del jersey rojo, que sería suyo por ocho segundos de no existir las bonificaciones. "Pero existen y, además, jugarán un papel decisivo en la esta Vuelta", dijo el inglés.

Orgullosa acabó la afición cántabra, y Matxin, de Cobo que, seguramente, se recuperó ayer por la tarde del sufrimiento de la etapa en la camilla de masaje de su amigo Paco Lluna, partiéndose de risa con la Esteban y el Matamoros. Con la fauna de Sálvame. Ayer, se salvó él.