LEÓN. Donde está ahora Cobo, de rojo y con media Vuelta ganada, es donde esperaba-soñaba-deseaba estar Gorka Gerrikagoitia con Igor Antón cuando la carrera española se lanzó, azotada por el calor, hace más de dos semanas en Benidorm. "Y esa esperanza mantuvimos, o, al menos, ese planteamiento, hasta que La Covatilla nos puso en el suelo y nos enseñó una realidad que no era la que nos imaginábamos", cuenta el director muxikarra en un hotel a las afueras de León donde recupera fuerzas y ánimos Euskaltel-Euskaltel. Con el escalador vizcaino asfixiado, fuera de punto, sobre la misma explanada donde estaba situada la meta de La Covatilla, Gerri giro el timón de la nave naranja y cambió el rumbo. Las nuevas coordenadas señalaban a Nieve como pilar sobre el que se sustentaría la lucha por un puesto noble en la general; Antón estaba pensando ya en el Angliru.
Cambiar el paso y correr a contrapié no es sencillo. Es como caer y levantarse. "Es lo que nos ha lastrado". Euskaltel se lanzó en tromba en la etapa de Ponferrada. A lomos de Txurruka y Verdugo cabalgó Nieve en busca de una remontada ilusionante en la general. Arañó minuto y medio. Menos de lo esperado. La paliza, de todas maneras, pensaban en Euskaltel, mereció la pena. El navarro era vigésimo. Y siguió su escalada en La Farrapona. Decimotercero tras llegar cerquita del grupo de Wiggins y Froome. Ese día Antón quiso ganar en el Angliru. Para eso, se dejó llevar, reservó energías y llegó a más de veinte minutos. Mientras subía La Farrapona, "de los últimos", se cruzó con un grupo de aficionados de Galdakao y le dio pena estar ahí. Quiso decirles algo, como que esperasen un día que ya verían. Pero le salió una disculpa. Antón es así.
Al día siguiente se catapultó en el Angliru. Eligió la misma distancia que en el Zoncolan. Siete kilómetros. Esta vez no le funcionó. No eran las mismas piernas que entonces. Tampoco las de hace un año en la Vuelta. "De todas maneras", contó ayer, "me hizo ilusión pasar primero por delante del grupo de aficionados de Galdakao". Tampoco en el Angliru enderezó el rumbo Euskaltel.
Quedan terreno y esperanzas El resultado, reconoce Gerri, no es el esperado. "Si ganamos la etapa en el Angliru arreglamos la Vuelta y esta semana la hubiésemos afrontado de otra manera, pero no puedo reprochar nada a los corredores. Se han entregado, lo han dado todo y la cosa no ha salido. El ciclismo es así", reflexiona el director vizcaino, que advierte de que el equipo no baja los brazos y de que luchará, como objetivo prioritario y liberador, por un triunfo de etapa en los seis días que quedan. Sobre todo en Noja, Peña Cabarga, Bilbao y Gasteiz. "Queda terreno", dice.
Y tiene corredores. Nieve, que está cerca de los diez mejores, y Antón, que en el Angliru demostró que sus piernas no se encuentran tan lejos de los escaladores que gobiernan la Vuelta. Quizás, piensan en Euskaltel, le quede alguna bala. Pero también Txurruka, que va de maravilla y es un guerrero inagotable, y Verdugo. "Lo malo es que no tenemos rematadores y ese es un gran hándicap", zanja Gerri, que ve en las piernas recuperadas de Egoi Martínez en el Angliru otra baza para buscar la etapa que le falta a Euskaltel en esta Vuelta.