bilbao. El motor fantasma de Fabian Cancellara en la Roubaix de 2010 y el pecho artificial, una prótesis oculta bajo el maillot, de Frank Schleck hace unos días en Córcega. Es lo mismo. Está prohibido por la UCI. Figura en la lista de tecnología fraudulenta.
El 29 de marzo, dos días después de que acabe el Criterium Internacional que amarra Frank Schleck con una crono imponente -firma la mejor de su vida, 12º, mucho para él, a un puñado de segundos de Andreas Klöden-, Rafa Díaz Justo, exciclista de la Once, utiliza los preciados 140 caracteres de su Twitter, una forma de comunicación eficaz por instantánea, para preguntar qué era el artilugio con el que el corredor luxemburgués cubría la proa de su cuerpo pálido y huesudo. La red social responde a su prestigio. Manolo Saiz, cuyo ineludible celo innovador llevó al ciclismo a una espiral tecnológica que lo acercó a su tiempo, a la modernidad, la exquisitez por el material, las formas -dicen que el famoso slooping de Giant fue genialidad suya-, las propuestas nuevas y osadas que chocaban con el pensamiento único y clásico de un deporte viejo en esencia, reflexiona, razona, recuerda la dirección de los avances de su época y concluye que el chisme es el paso definitivo en la investigación para controlar la temperatura corporal. Una especie de chaqueta refrigeradora. Utiliza un par de twetts para explicarlo. Se suman más usuarios. David Etxebarria recuerda que está comprobado que el rendimiento a un esfuerzo máximo y continuo mejora si se logra que el cuerpo mantenga su temperatura. Una pequeña marea de twetts asienten admirativos. No es, sin embargo, para lo que sirve el invento de Frank.
Sirve, se lo cuenta el director de uno de los equipos de élite en un tweet privado a Díaz Justo, para evitar que el viento se cuele por la comisura del cuello del maillot y genere una turbulencia que supone un lastre para el ciclista. Es una revolución aerodinámica. Como las ruedas lenticulares o el manillar de triatleta. Ocurre que este está prohibido por la estricta normativa de la UCI. Lo censura el artículo 1.3.033, que estipula que todo equipamiento en la vestimenta susceptible de influir en el rendimiento del corredor es ilegal.
Para la UCI la imagen clásica del ciclista es inamovible. El ciclista son sus piernas, sus pulmones, su corazón, sus brazos, acaso, en el extremo, sus riñones; al ciclista lo recubren el maillot, el culotte, las zapatillas, los calcetines, el casco y, si se quiere, las gafas. Nada más.
Mucho menos "elementos no esenciales en el vestuario tendentes a disminuir la resistencia de penetración en el aire o de modificar la fisionomía del corredor", que es lo que prohíbe expresamente la normativa y que es, esencialmente, para lo que utilizó Frank la prótesis que camufló bajo el maillot amarillo de líder que se ganó el día anterior en un vuelo delicioso y portentoso en la subida a l'Ospedale, un puerto corto y duro de la abrupta Córcega. Al día siguiente se defendió en la crono, que no es lo suyo porque la extrema delgadez y la osamenta delicada que le da alas en la montaña es una debilidad tremenda en el llano. Más si hay viento. Su cuerpo, largo como una espiga, no se inclina lo suficiente. Así, su postura, con el torso demasiado vertical, es un menosprecio a la aerodinámica. Nada que ver con los rusos de espalda horizontal como la superficie de una mesa. A ellos el aire les resbalaba y acariciaba la figura como a un bólido de Fórmula 1. A tipos como Frank les empuja hacia atrás. Es el muro invisible del viento.
dos segundos por kilómetro Se podría agachar Frank, pegar el pecho a la barra horizontal del cuadro, pero sería como meter a Sabonis en la cama de Torrebruno. No funcionaría. No podría mover las piernas. Los expertos hablan siempre con precaución de la aerodinámica. Esgrimen que la postura ideal para gestionar la penetración del viento no siempre es la más efectiva. Lo más importante, cuentan, es la ergonomía. Indurain no era un ejemplo de aerodinámica pero volaba en las cronos. Tampoco Zulle era invisible al viento. Ni Bjarne Riis. Eran efectivos. De eso se trata.
La postura de Frank, la mejor posible, deja entre los brazos una puerta abierta por la que corre el viento en huracán. Entra, golpea la tabla de su pecho y le retiene. El desgaste es enorme. La prótesis colocada como pantalla minimizaba ese efecto de manera importante.
Michele Ferrari, el doctor italiano que llevó a Moser a pulverizar el Récord de la Hora de Eddy Merckx en México en 1984, hablaba el jueves en su blog de las virtudes del artilugio. Era una evaluación teórica. Datos de laboratorio. Entre 15 y 20 watios de potencia de ahorro, lo que a una velocidad de 50 kilómetros suponen dos segundos por kilómetro. Los mismos que, según un diario belga, ganaban Cancellara y Andy Schleck en el Tour gracias a un novedoso buje ideado por el mecánico Giovanni Cecchini.
En la crono que cerró el Criterium Internacional, siete kilómetros, Kiriyenka le sacó ocho segundos a Frank. El ruso del Movistar acabó segundo en la general a 13 segundos.