bilbao. La Volta del centenario acabó el domingo en Barcelona entre dos polos: el éxtasis del triunfo final de Contador, lo deseado, y un indisimulado amargor por lo que se entiende como un despilfarro. Estaban los mejores ciclistas del mundo y solo se les vio un día. El único de montaña. El de Pal. Los seis restantes Contador, Basso, Leipheimer, Evans, Horner, Scarponi y los demás, fueron un fotograma en la retina de los aficionados. Algo súbito. Instantáneo. En la tele ni aparecieron. No hubo. En la Vuelta al País Vasco que arranca el próximo 4 de abril en Zumarraga difícilmente habrá un sprint puro -hace tiempo que los esprinters han borrado la prueba vasca de su calendario- y cada metro de asfalto es una invitación a que todo salte por los aires. Hay 31 puertos puntuables. Una media de seis por etapa. Y emboscadas. Y mil repechos. Y la tensión constante y diaria que, dice Samuel, la hace tremendamente diferente, complicada, ingobernable, anárquica, loca y bella. Hay televisión en directo -ETB-, un lujo en estos días de inestabilidad sísmica en el ciclismo estatal. Y hay también un pelotón que es como el vaso que sirve para dividir las visiones apocalípticas de las jubilosas: medio lleno, medio vacío.
Llenan de orgullo el vaso de la Vuelta la presencia de un RadioShack descomunal que desembarca con Chris Horner, que defiende txapela, Andreas Klöden, que ha rejuvenecido y a los 36 es un vendaval de talento, Levi Leipheimer y Haimar Zubeldia; Ivan Basso, ganador del Giro; Tony Martin, el portento alemán que avasalló en la París-Niza; Gesink, Luis León Sánchez y Freire; los hermanos Schleck, Andy, segundo del Tour, y Frank, primero del pasado Criterium Internacional; el osado Cunego; el inquieto Purito; el maravilloso Vinokourov; los escaladores sigilosos del Movistar, Intxausti, López y Tondo; y la armada de Euskaltel-Euskadi en la que no forma Sicard, magullado por la caída de la Volta, pero que lidera con enorme esperanza Samuel Sánchez. Cuesta y Galdos llevan los galones en el Caja Rural, que juega un partido importante para sus aspiraciones de correr en agosto la Vuelta.
El vacío es, principalmente, Cadel Evans. Tampoco está Vincenzo Nibali, el italiano del presente y el futuro que se llevó la Vuelta por astucia, oficio, clase y otro poco, o mucho, porque a Antón se le cruzó un gato negro al pie de Peña Cabarga. El escalador vizcaino no tiene País Vasco en su itinerario hacia el Giro. Ni él ni Menchov, tercero del Tour y figura del Geox, que pisa la Vuelta con Sastre lejos de su mejor forma. Tampoco están los clasicómanos, Boonen, Cancellara, Flecha y compañía, pero eso es tan habitual como que Contador, que ganó dos veces consecutivas -2008 y 2009-, elija otra manera de aproximarse al Tour. Más relajada, dicen. Aunque, al menos, sin el madrileño en escena la carrera gana en incertidumbre.
La Vuelta al País Vasco se inicia el lunes en Zumarraga y en 2012 arrancará en Bizkaia, en Güeñes, y acabará con una crono en Oñati. Tendrá también finales en Arrate y Lekunberri.