Estamos otra vez en el pozo
AHORA mismo no sé qué decir después de este día -perdónenme- tan asqueroso que hemos vivido. El ciclismo está muerto, o muy cerca de estarlo. Es lo único que se me viene a la cabeza. Ya, ya sé que es tremendo que lo diga así, tan claro, y que es tan pesimista que mejor sería guardármelo para mí, pero me han dicho que escriba en este hueco lo que siento después de lo ocurrido ayer con Contador, Mosquera y David García y tenía dos posibilidades: ser sincero con vosotros y deciros eso, que esto está muerto, o dejar la columna en blanco.
Volvemos a estar en lo más profundo del pozo. ¡Qué pena! ¡Qué lástima siento! Y mira que íbamos bien, que después de la pasada Vuelta a España parecía que había habido un despunte, que la gente volvía a creer en este deporte... Y ahora todo se ha ido al traste. Me da rabia por la propia Vuelta, que ha visto cómo el segundo clasificado en su carrera, el tipo que había animado tanto la prueba, está implicado en algo que todavía no se ha esclarecido. Y me da pena por el futuro. Porque, ¿quién convence ahora a un patrocinador de que merece la pena invertir en este deporte? Nadie, claro.
Ayer mismo anduve por ahí dando un paseo y en el rostro y las palabras de la gente que se me acercaba a comentarme el asunto vi reflejado el descreimiento. Me hablaban de que este deporte es todo hipocresía, de que todos van igual, de que es lo de siempre... Y yo no les pude llevar la contraria.
Me fui triste a casa y allí me sacó de ese estado escuchar a Jaime Lissavetzky defender a Contador. ¿Por qué a unos sí y a otros no? Ya no sentía pena, sino rabia.