bilbao. Había costado prácticamente dos años, 2009 y 2010, desterrar la histeria del dopaje que sacude con extrema dureza al ciclismo desde el estallido atronador de la Operación Puerto en mayo de 2006; que se recrudece con la cabalgada épica de Floyd Landis en el corazón de los Alpes, una mentira de testosterona; que descabalga a Rasmussen cuando era líder del Tour, y que descubre que la mordedura de Riccó, la cobra, era realmente venenosa. Había costado dos años empezar a olvidar; reconquistar a los descreídos. Había costado dos años levantarse. Dos años repoblar las cunetas -La Bola, Peña Cabarga, el centenario Tourmalet...-. Y ha costado un chasquido, nada, un suspiro, volver a lo de siempre, volver a tropezar, reencontrarse con la histeria del dopaje, real o imaginada.
El chasquido es una hecatombe, el anuncio de que Alberto Contador, ganador del último Tour y también de los de 2007 y 2009, ha dado positivo por clembuterol en un control efectuado durante la segunda jornada de descanso de la ronda gala, el día 21 de julio, en plenos Pirineos, antes de rendir pleitesía al Tourmalet, y el positivo del héroe Mosquera y David García por hidroxietil en la Vuelta. El fantasma de Landis, la mentira, sobrevuela el ciclismo. No está claro, nada claro, que sea así.
Principalmente, porque aunque el propio Contador compareció públicamente, ayer, en Pinto, para confirmarlo, la cantidad, mínima, de clembuterol -un producto antiasmático de los años 80 con efecto anabolizante y estimulante que se utiliza para engordar el músculo de los animales, una práctica prohibida- hallada en su organismo obligan a poner seriamente en duda que se trate de un caso de dopaje.
El laboratorio de Colonia, uno de los cuatro homologados por la AMA capaz de detectar la sustancia, encontró en la orina de Contador 50 picogramos -una trillonésima parte de un gramo, 0,00000000005 gramos por mililitro de orina, 0,05 nanogramos- de clembuterol, una cantidad tan residual que hace coincidir a los expertos en que no aporta nada al físico de un deportista. "Es un caso extraño", dice Iñaki Iñigo, médico de la selección española, desde Australia; "esa cantidad no sirve para nada, pero es que, además, el clembuterol es una sustancia muy vieja que se detecta tan fácil que sólo un loco la podría utilizar en pleno Tour y yendo líder". El diario L"Equipe citaba ayer de la posibilidad de que el laboratorio de Colonia hubiese hallado en las muestras tomadas a Contador restos del plástico que se utiliza para las transfusiones.
La misma lógica hizo razonable a la UCI, que llevó el caso con la más absoluta discreción, comunicó la noticia al corredor de manera privada el pasado 24 de agosto, día desde el cual el ciclista está suspendido de manera provisional, y anunció, símbolo de confianza en la inocencia del corredor, una investigación científica más exhaustiva para esclarecer el asunto. Mientras, Contador, que alegó una caída para anunciar su repentino final de temporada, contrató los servicios de Douwe de Boer, especialista holandés en la lucha contra el dopaje, que elaboró un informe en el que, básicamente, destaca el bajo nivel de la sustancia detectado en el organismo del corredor, "que en ningún caso debería ser considerado por la AMA un caso de dopaje". El positivo, destaca De Boer, pertenece al día 21 de julio, mientras que en los controles realizados en las dos jornadas previas, 19 y 20 de julio, no se encontró ni rastro. El día después, 22 de julio, la cantidad hallada era aún más residual, 0,02 nanogramos. El 23, no quedaba ni rastro. Ello concuerda con el hecho probado de que la huella del clembuterol permanece en el organismo entre 25 y 39 horas y refuerza la teoría de una intoxicación alimentaria que no descartan ni la UCI ni la AMA ni el laboratorio de Colonia. Que defiende con contundencia De Boer en su informe -"mi conclusión es que la sustancia entró en su cuerpo sin que él fuera consciente y una de las razones puede ser la ingesta de carne contaminada", argumenta el experto holandés-. Y de la que habló ayer Alberto Contador en su comparecencia de Pinto, el rictus serio, el verbo rotundo, "este positivo es un error". La defensa y la verdad de Contador es una contaminación alimenticia fechada la misma noche del 20 de julio en la que José Luis López Cerrón, amigo y organizador de la Vuelta a Castilla y León, desembarcó en el hotel del Astana en Pau con un solomillo envasado al vacío comprado en una carnicería de Irun. De esa pieza de carne, cocinada en la plancha del autobús del equipo kazajo porque el chef del restaurante no dejó tocar su cocina a Paco Olalla, cocinero particular del Astana, dieron cuenta en la cena todos los miembros del equipo salvo Vinokourov. Alberto acabó la pieza a la mañana siguiente, antes de pasar el control que ha detectado el clembuterol en su orina. El resto de compañeros que probó la carne no fueron controlados por los inspectores de la UCI aquel día. "Es mala suerte", dijo Contador.
Muerte absoluta del xacobeo También lo es, para desgracia del ciclismo, del español, malmirado por su éxito tirano -todos los Tours desde la retira de Armstrong en 2005- en media Europa, en concreto, que la providencia quisiera que el mismo día en el que se desataba el embrollo Contador, se le diagnosticase al Xacobeo-Galicia una muerte absoluta. No tanto por sus problemas financieros -le seguía faltando un millón de euros para seguir en 2011- sino porque la UCI ha comunicado al equipo que dos de sus corredores, Ezequiel Mosquera y David García, dieron positivo en la 16ª etapa de la Vuelta, dos días antes de que Mosquera, el héroe de pueblo, humilde, pertinaz y sufridor, la esencia del ciclismo puro, el antiguo, ganara en la cima de la Bola del Mundo, un etapa delirante. Ambos, siempre según la UCI, han sido pillados con hidroxietil, la misma sustancia detectada a Óscar Sevilla hace unas semanas y que sirve para enmascarar los niveles altos de hemoglobina que fabrica la mentira.