pal. Otra vez la frialdad de Valdepeñas de Jaén, que descubrió al Antón más cerebral de siempre. Una vez más, el chico templado que subió Xorret con el freno de mano echado. Ayer, en cambio, cuesta hacia el cielo de Pal, altitud 1.900 metros, el vizcaino gobernó su mente cuando las sensaciones antes de comenzar el puerto no eran las más halagüeñas. Superada la angustia, aunque nunca llegase a tal rango, el líder de Euskaltel remontó hasta ganar la etapa y volver a ser líder, "un premio que no esperaba". Antón ya no se esconde. No puede seguir diciendo que no ha venido a ganar la Vuelta. Cuando se le comentan, su risa es pícara, de niño, como si le hubiesen descubierto.

Como en Valdepeñas, otra demostración de que ha madurado usted de una manera asombrosa.

En los últimos kilómetros había que estar ahorrando fuerzas. El puerto lo conocía y sabía que se hace largo. No es que tuviese mi mejor día. Iba buscando no perder tiempo porque el ritmo ha sido duro.

Pero cuando ha atacado Mosquera usted ya estaba ahí, encima.

Sí, pero me ha costado entrar en la pelea. No buscaba la victoria. Pensaba en ir recortando, en subir a mi ritmo. Mosquera iba fortísimo, pero al final he logrado cogerle, ganar la etapa y volver a vestirme de rojo.

La Vuelta ha entrado en su momento decisivo. ¿Va a seguir usted diciendo que no ha venido a ganar?

Tampoco quiero engañar. Estoy metido en esta pelea, en este berenjenal, y no voy a bajar los brazos. Voy a seguir en esa concentración diaria en la que el equipo va a sufrir un desgaste importante. Por eso repito que va a ser difícil llegar Madrid en esta situación. Las fuerzas tienen que acompañar. He corrido cinco Vueltas y dos Tours y sé lo complicado que es esto. Ganar una grande son palabras mayores. Es algo que veo muy lejano. Mira hoy Purito. Es la demostración de que cualquier día malo te puede eliminar.

¿Teme algo?

No, tengo más bien respeto a que llegue ese día malo que nos haga sufrir. Pero no siento miedo porque si no gano no va a ser un fracaso ya que no he venido a ganar esta Vuelta. Ahora se me presenta una buena ocasión, pero no tengo miedo.

Dice que ha tenido un día malo. ¿De veras?

No, tampoco tan malo. Lo que pasa es que en este terreno de Andorra que ya conocía no voy muy cómodo y he tenido que dosificarme. Tuve mejores sensaciones en Xorret o en Valdepeñas de Jaén, cuando gané. De hecho, voy a rectificar, no he tenido un mal día. No ha sido el mejor, pero he tenido muy buenas piernas.

¿Entonces, por qué empezó tan retrasado?

Porque no iba del todo a gusto. Buscaba hacer una buena etapa, no la victoria. Incluso pensaba en pasar el día sin perder mucho tiempo con la gente que está luchando por la Vuelta. Diría incluso que he ido a más. En el último tramo me he encontrado mejor que al inicio del puerto.

Los corredores del Tour han acusado el esfuerzo mientras a usted, a Mosquera o a Tondo se les ve fresquísimos.

Yo tenía una cuenta pendiente con la Vuelta. Por eso programamos así la temporada. Y nos está saliendo bien. El año pasado corrí las dos grandes y no es lo mismo. La paliza que traes del Tour? Hoy se ha visto que Mosquera y yo, que corremos nuestra primera grande, estamos algo más frescos.