murcia
SIETE temporadas y treinta triunfos después, entre ellos la Lieja y la Amstel, Mauro Gianetti dijo hasta aquí hemos llegado. Era 2002. Octubre. Otoño. El Giro de Lombardía, la clásica de las hojas muertas. Allí se le cayó el dorsal. Al día siguiente volvió a correr en Lugano, donde en 1996 había sido plata, tras Musseuw, en el Mundial, una carrera de despedida que llevaba su propio nombre, la Gianetti. Y el lunes a las 9.30 horas entraba por la puerta de su despacho en la ciudad suiza, traje, corbata y zapatos brillantes, para apuntalar el proyecto del Vini Caldirola, el equipo que amaneció en 2003, estuvo varias temporadas en pie y que tuvo al ilustre Francesco Casagrande en sus filas.
Gianetti es un emprendedor. "Los proyectos son mi vida". Es instintivo. Le brotan. Tiene algo de artista, de creador, de visionario. "No los veo como un negocio. Es mi corazón lo que pongo en cada uno de ellos". Un corazón inmenso. Imaginó mil proyectos. Unos crecieron, otros se quedaron en papel, algunos se los robaron. Como el del equipo Katusha. Lo esculpió él y lo apadrinaron otros. Así es la vida. Perra. Otro mordisco: Gianetti acunó entre sus brazos, junto a Josean Fernández Matxín, el Saunier Duval, aquel niño precioso que se convirtió en criatura en el Tour de 2008. Se lo cargó Riccó, una figura de CERA. "Pero en realidad, lo que Saunier necesitaba sólo era una excusa para dejar el ciclismo. La tuvo y la aprovechó". Aquello le descolocó. "Tuve que aparcar todas mis ideas para volcarme en salvar la estructura del equipo, el futuro de los corredores, los auxiliares, los técnicos?", rescata el suizo, el país neutral, tibio. Cucos y chocolate.
50 millones en la mano Gianetti tiene carácter. Se moja. "Un barco nunca se abandona porque entre agua. Es entonces cuando hay trabajo. Hay que taponar los agujeros. Hay que asumir la responsabilidad". Así nació el Fuji-Servetto. Y luego el Footon, otro de sus negocios. Es administrador delegado de la empresa suiza dedicada al cuidado de las plantas de los pies. Y dueño de un pequeño hotel en Isone que gestionan sus padres y su hermano. Y de un parque acuático. Y ejerce desde el pasado año de director de Marketing del Badajoz, equipo de Segunda B. "¿Cómo lo hago? Duermo poco", dice.
El último proyecto que esbozó se lo encargó la empresa Geox, una multinacional italiana con quince años de trayectoria, 1.500 tiendas repartidas por el mundo, 30.000 colaboradores y que mueve mil millones de euros al año. Son las zapatillas del anuncio: Geox respira. Su idea gustó. Muchísimo. Aire para Gianetti. Tanto que Geox ha dejado en su mano 50 millones de euros para crear un equipo bestial y duradero. "Es, en principio, para cinco o seis años". 10 millones por temporada. Su cénit.
"Ellos querían cambiar su manera de comunicarse y vieron una oportunidad en el ciclismo", explica Gianetti. "Lo que más les convenció es que en este deporte pueden tener un equipo con su propio nombre. Corre el Geox, no el Milan o el Inter con su publicidad. También les agradó el target. Les pareció interesante que en el ciclismo hubiese tanta gente en la cuneta, bajo el sol, con los pies ardiendo. Ellos venden zapatillas que respiran", abunda.
El nuevo Geox tiene un andamiaje colosal. Nació magno. Sus dos primeros fichajes han sido Sastre y Menchov. Once podios en las grandes desde 2005. Un Tour, un Giro y dos Vueltas. Y, más importante, son intachables. "Es gente con carácter. Y serios. Les necesitábamos a ambos. Y ellos entendieron a la primera el proyecto. Apenas tardaron unas horas en decir que sí". Gianetti quiere sus piernas. Y su imagen. Su voz. "A los deportistas se les dan pocas oportunidades de comunicarse. Se les pregunta sobre su trabajo. Nada más. Viven en una burbuja, pero pueden dar más, mandar otro tipo de mensajes. Eso es valioso porque los deportistas son ídolos a los que se escucha. Es una idea que entra dentro del proyecto de Geox".
Ruso y abulense son el núcleo del equipo. Ahora hay que forrarlos. De percherones y escaladores delgaditos y abnegados. "Para el plano tengo gente". Una decena de apalabrados. Rafa Valls, sensación en el Tour, y Arkaitz Durán, el alavés al que una lipotimia echó de la Vuelta en la primera etapa. Con dinero para fichar, Gianetti echó el lazo a Beñat Intxausti, a quien ya tuvo en el Saunier y el Fuji. No lo cazó. Al zornotzarra le sedujo la melodía del teléfono de Eusebio Unzue, pero el de Basauri ha fichado a David Blanco, veterano, 35 años, escalador atrincherado en Portugal. Llegarán más, entre 25 y 28. De todos lados. "El Geox es un equipo internacional". Pero con sede en Cantabria y licencia española.