Mucha tela que cortar
La cronoescalada al Plan de Corones inaugura la semana decisiva de un Giro loco
Bilbao. El Giro es una carrera sin tregua, una prueba de fondo en la que las sorpresas se suceden de manera constante, sin descanso. Lo mismo hay favoritos que pierden pie en la clasificación general de manera prematura por culpa de caídas o cortes que una escapada de 40 unidades llega triunfante a meta dinamitando el poder establecido en la lucha por la maglia rosa. Las resurrecciones deportivas no son extrañas, como tampoco lo son los hundimientos. Todo ello hace que, a falta de la semana decisiva, la carrera transalpina, que ayer vivió su segunda jornada de descanso, sea a día de hoy un galimatías, una ecuación con numerosas incógnitas como para ser resuelta de un plumazo. Quedan todavía seis etapas, terreno de sobra como para hacer saltar por los aires cualquier análisis lógico.
Después de la jornada dominical, con final en el Alto de Zoncolan, el Giro llega a su hora de la verdad liderado por David Arroyo (Caisse d"Epargne), a quien escolta desde la segunda plaza Richie Porte (Saxo Bank). Se trata de dos de los grandes beneficiados por aquella escapada monumental que llegó victoriosa a L"Aquila. Con el terreno montañoso que queda todavía por hollar, la supremacía de ambos aspirantes no tiene visos de alargarse hasta el domingo, más aún si se tiene en cuenta la jauría de perros de presa que aguarda agazapada para hincarle en cualquier momento el diente al liderato. Ahí están Ivan Basso, tercero, colosal en la ascensión al Zoncolan; Carlos Sastre, cuarto, que como buen corredor diésel ha superado una primera semana repleta de caídas y cortes para regresar a la pomada; Cadel Evans, Alexandre Vinokourov, Vicenzo Nibali... Una nómina desbordante que augura batalla sin cuartel porque, además, hay terreno de sobra como para hacer saltar la banca.
Para empezar, la cronoescalada de hoy a Plan de Corones, una subida de 12,9 kilómetros que salva un desnivel de 1.086 metros, con una pendiente media del 8,5% y máxima del 24, una pared apta para que se abran diferencias entre los gallos y una opción para que Basso dé continuidad a la exhibición ofrecida en el Zoncolan y atice otro golpe a la general. Mañana espera otra paliza entre Brunico y el final elevado de Pejo Terme, un trayecto de 173 kilómetros y el Passo delle Palade en su trazado, un puerto exigente de 18 kilómetros y rampas de hasta el 16%. Tras la ligera tregua del jueves, el viernes espera otra jornada temible con la etapa del Mortirolo, considerado uno de los puertos más duros de Europa. Antes de completar los 195 kilómetros hasta Aprica, esperan el Trivigno y el Mortirolo, día grande para los escaladores y para asaltar la magliarosa. El sábado entre Bormio y el Passo del Tonale, final en alto, puede suceder de todo. En el menú, nada menos que el Forcola di Livigno, el Passo de Eira, el Foscagno y el Gavia, con sus 24 interminables kilómetros. Quien sobreviva con fuerzas, aún tendrá la dura contrarreloj final del domingo en Verona, de 15 kilómetros y una cota intermedia, el Torricelle, incrustado en su recorrido.