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El callejón de las botxerías

La Universidad de Deusto y Loiola Centrum reciben a más de 500 estudiantes internacionales

El paraninfo de Deusto acogió el acto de bienvenida con autoridades civiles y académicas que impulsaron a la ‘aventura’

En imágenes: la Universidad de Deusto y Loiola Centrum reciben a más de 500 estudiantes internacionalesOskar González

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Puede decirse que en esta segunda etapa las ilusiones y esperanzas son las mismas con las que llegaron sus antecesores, hombres y mujeres que recorren medio mundo y se abren paso hacia el aprendizaje por un camino preparado para ello; la Universidad de Deusto y Loiola Centetrum, en este caso.

El invierno se ha colado en los pasillos de la Universidad de Deusto, y con él un corazón palpitante que viaja desde todos los rincones del mundo hasta Bilbao y San Sebastián. Esta semana, como si fuera la primera trompeta de una sinfonía global, más de 500 jóvenes procedentes de unas 50 naciones diferentes se han reunido en este confín del norte peninsular para iniciar su segundo semestre académico.

No son solo cifras: son cientos de historias que cruzan océanos y fronteras. Alemanes que buscan alargar las tardes bajo un cielo gris; argentinas con sueños tatuados de fútbol y poesía; brasileños que cuentan el aroma de su tierra entre apuntes de filosofía; y japoneses con el brillo del monte Fuji todavía en los ojos. Desde Alemania hasta Uruguay, desde Corea del Sur hasta Rumanía, todos han elegido este campus como estación temporal de su viaje interior.

La mañana de su llegada es un mosaico de acentos y sonrisas nerviosas. En el Paraninfo de Bilbao, autoridades académicas y civiles —el alcalde Juan Mari Aburto, la diputada foral Leixuri Arrizabalaga, el vicerrector de Investigación y Relaciones Internacionales, Javier Arellano y la vicerrectora del mismo ramo, Marian Aláez— se entrelazan en discursos que versan sobre la convivencia y la curiosidad como herramientas formativas. Pero detrás de las palabras solemnes late algo más sutil: la evidencia de que la educación ya no conoce murallas.

Allí, entre abrazos tímidos y presentaciones improvisadas, se escucha a una estudiante hablar de su primera impresión de Bilbao. Otro, recién aterrizado de Polonia, confiesa que nunca antes había estado tan lejos de casa y, sin embargo, jamás tan cerca de sentir que pertenece a un lugar.

Algunos de estos jóvenes no solo pisan tierras vascas; también penetrarán en la vasta red de relaciones internacionales de Deusto, donde programas como Erasmus+ y alianzas globales como UNIC y AUSJAL han tejido puentes entre continentes. En Bilbao estudiarán 312 alumnos; en San Sebastián, 81; y 37 compartiran aulas y debates desde la pantalla del campus virtual. Ayer les esperaban en el paraninfo, además de los ya citados, diplomáticos de otros pueblos como Sylvie Lagneaux (Bélgica), Juan Carlos Pérez Unzieta (Hungría), Iriene Sparks (Perú), Andreina Gómez (Venezuela), María José Bilbao (Islandia), Javier Font (Suecia) y Michael Voss y Jule González, de Alemania, entre otros. Para darles la bienvenida y ponerse a su disposición, supongo. Miriam Portell vigilaba.

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En esa corte de gente audaz que se su sumó a la aventura se encontraban, entre otros, Maximiliam Bucksch, Lena Auclick, Leo Hischier, Laila Hassan, Giovanna Tollot, Fabrizzio Nappo, Elias Johan Adel Kronberg, el brasileño Ravi Dornelas e Silva, Melanie Schachner, Ilona Viglietti, Maciej Kacper Komarzyniec, Jean Kovalenko, Alessia Pino, Carolina Castro, Inés González, el lituano Muhammad Yahya Saeed, la peruana Fernanda Angélica Malaga, la chilena Emilua Undurraga, Angeliki Zekka-Iro, del Peloponeso, o Paz María Fernnadez Artola entre otra gente

No son viajeros de paso, aunque sus estadías sean semestrales. Son embajadores de culturas, tradiciones y lenguajes que, al mezclarse, transforman los patios y aulas en cuadros vivos. Conversan en diversos idiomas bajo el mismo tilo centenario, comparten desayunos con tortilla de patatas y café con leche, y —a veces— pronuncian por primera vez palabras en euskera: Kaixo, Agur.