CUESTA mucho elegir entre las frases que dicen los artistas. La mayoría merecen mármol. Por ejemplo, el pintor incansable y emérito profesor universitario barakaldarra, Iñaki Bilbao, pronunció ayer la que da título a esta crónica. Me gusta pintar el lirismo de la ruina, aseveró en un espacio que fue parte del despojo de los Astilleros Euskalduna y ahora oficia de flamante museo. Sucedió en la sala de conferencias de Itsasmuseum Bilbao. Con motivo de su cuarenta aniversario, la Asociación Vasca de Patrimonio Industrial y Obra Pública (AVPIOP) ha organizado un ciclo de interesantes conferencias y mesas redondas bajo el título ‘Ars ex industria’, además de una potente muestra pictórica que ocupa la zona de exposiciones del propio museo.
El economista Javier Puertas, presidente de la entidad, nos explicó que “el objetivo fundacional de la asociación, tras cuarenta años de existencia, se enfoca en la defensa y difusión de la cultura industrial y su legado”. Las conferencias comenzaron el pasado 13 de enero con una puesta en común de Niko Vázquez, Mikel Alonso e Iñaki Izquierdo sobre la fotografía de los vestigios de la industrialización. “El ciclo incluye ocho charlas donde participan tanto artistas que forman parte de la exposición como expertos de otras materias con la finalidad de reflexionar sobre el presente y futuro del patrimonio industrial”, detalló el presidente de la AVPIOP.
Ayer tomaron la palabra cuatro pintores de reconocida maestría. Ana Román, Iñaki Bilbao, Jesús Marí Lazkano y José Abel Sánchez disertaron sobre la representación pictórica del paisaje industrial. Introdujo y moderó el enriquecedor intercambio de puntos de vista el doctor en Bellas Artes, Alberto Salcedo. “Pintar un paisaje industrial implica tomar decisiones conscientes sobre qué mostrar, qué omitir y desde dónde observar, funcionando más como un espacio de reflexión lenta que como documentación objetiva”, señalo Salcedo. “Esos paisajes no son neutros, sino que están atravesados por cuestiones de clase, trabajo, poder, explotación y progreso, así como por experiencias personales y biografías colectivas”, apuntó.
Comenzaron los artistas rememorando sus propias vidas y añorando el Nervión del siglo XX. Hablaron de la Ría, de Altos Hornos, la Naval, de la Margen Izquierda, de Otxarkoaga, de óxido, de azufre y aguas contaminadas y de sopletes. Lo hicieron como quien evoca con adoración su vieja casa, incómoda, llena de humedades y con la ventanas desajustadas. La única excepción fue la de Jesús Mari Lazkano. “Aunque me resultó fascinante, no añoro el Bilbao frío, inhóspito y hostil que conocí cuando llegué de Bergara a los 17 años”, aseguró.
Los artistas plásticos Ana Román, Iñaki Bilbao, Jesús Marí Lazkano y José Abel Sánchez disertaron sobre la representación pictórica del paisaje industrial.
Meritxel Elgezabal, doctoranda en la facultad de Bellas Artes de la EHU, que está realizando una investigación sobre el proyecto no ejecutado de Néstor Basterretxea para reutilizar el edificio de la central de Lemóniz, se encontraba en primera fila dispuesta a coger apuntes y formular preguntas. Basterretxea diseñó un concepto para transformar la abandonada nuclear de Lemoiz en un Parque de la Ciencia y la Tecnología que bautizó como ‘Atlántida’. Un nombre imposible de mejorar para el lugar y el proyecto.
Escuchaban miembros de la AVPIOP, caso de Marta Zabala, Joaquín Cárcamo o Maribel Delgado. Estaba el pintor y escritor donostiarra Eduardo López con su hijo, el vídeo-artista Martín López. Se acercaron los arquitectos Simón y Ramón Garitano, además de Montse Ariño, Oscar González, Javier Sanromán, Mikel Barrena, Jesús Ramos, Carlos Alvarado, Begoña Candina, Carmen Unceta, Alvaro Díaz de Lezana, Aintzane Eguilior, Cándida Panadero, Lucía Aguirre o Isabel Aboitiz.
Faltó poco para el lleno. Y hubo hasta caza-autógrafos como Javier Echevarría y Asier Garrido.