Cuatro décadas entre témperas

Mari Carmen Rodríguez lleva 37 años acudiendo a los talleres de arte de Ibaigane

La basauritarra, muy unida a la creación artística, pone en valor el potencial del centro

09.02.2020 | 01:48
Mari Carmen Rodríguez lleva acudiendo a los talleres de arte de Ibaigane desde hace 37 años. Foto: M. C. R.

Basauri - La pasión con la que habla sobre el arte es tremendamente contagiosa. Lo vive, lo disfruta y se nota. Mari Carmen Rodríguez es una de esas personas que, sin tener una formación oficial relacionada con la creación artística, ha disfrutado del arte y lo sigue haciendo día a día. Y es que lleva la friolera de 37 años, desde 1982, en los talleres de Ibaigane, en Basauri.

Ese año comienzan estos talleres, y Rodríguez se inicia con uno de cerámica. A pesar de que no tenía demasiado tiempo porque su trabajo no se lo permitía, "me organizaba y era tal mi afición, que como no me daba tiempo de ir a pintura, me compré libros para aprender en casa". Así comenzó su gran pasión por la pintura.

Esos primeros años, la basauritarra pasaba muchas noches pintando en casa, "hasta tarde", recuerda. Una vez jubilada ha realizado actividades de cerámica, escultura y pintura en Ibaigane y algún que otro curso relacionado con el arte. El interés por el arte le viene desde muy temprano. Pero tal y como cuenta, "realmente surgió a través de mi hijo. Entonces era muy pequeño y en clase les dieron un trozo de arcilla con la que debían hacer algo que fuera reconocible".

Cuando vio cómo se trabajaba la arcilla "resultó ser una gran experiencia, me gustó tanto que empecé a comprar este material y modelarlo con entusiasmo en casa por mi cuenta". La creación artística siempre la tuvo cerca. Sus padres "tenían habilidad para el dibujo y una de mis hermanas destacó en ello y es pintora". Por otra parte, su hijo, el basauritarra Francisco Panera es escritor -autor de El Sueño de Akala, entre otras novelas- "y de niño le gustaba mucho la Historia y el dibujo, recuerdo que me encantaban sus caricaturas".

Ahora también lleva el arte a su casa y quienes están a su lado se empapan de esa pasión, porque además "me gusta compartir y animar a otras personas. Tengo nietos que a la vez son mis cómplices y hago con ellos variadas cosas como modelar, pintar en mejillones y almejas, lienzos, piedras de río, etc.". Les transmite todo lo bueno que tienen el arte, la literatura.

A lo largo de todos estos años ha aprendido mucho, y siempre destaca que "he sido muy afortunada con el gran nivel que se imparte en Ibaigane y la inquietud de profesores en ofrecernos lo mejor". Para Rodríguez, lo que más le empuja a seguir asistiendo a estos cursos son las personas que acuden a ellos.

"Me siento feliz cuando veo cómo compañeros jóvenes con ilusión se esfuerzan y avanzan, ya que hay un nivel muy alto y además los profesores les prestan un apoyo extraordinario". Las y los basauritarras "tenemos la enorme suerte de contar con un gran centro cultural como es la Kultur Etxea".

Si tiene que escoger, se queda con el óleo, y define su trabajo como figurativo, bodegones, retrato, paisaje, etc. En estos momentos, cuenta que su arte está uniendo pasado y presente. Son imágenes "de mi infancia que vienen al presente, en el que adquieren protagonismo incluyendo texturas y materiales que refuerzan una interpretación o ensoñación muy personal". Siente "una necesidad expresiva, que puede darte tantas cosas mental y físicamente que puede llegar a tener un gran poder terapéutico.

Gracias a la creación artística, "liberas tu mente y la percepción del dolor, te sientes bien sin nada que lo interfiera, es una maravillosa terapia".

Mari Carmen no ceja en su empeño de recordar la importancia que tuvo y tiene la Kultur de Basauri, "donde muchos cientos de alumnos cada año nos enriquecemos de tanta calidad, una enseñanza y un profesorado ilusionado y profesionalmente extraordinario", por no destacar "la cantidad de artistas que han salido de aquí".