El mundo ha dejado de ser ese lugar más o menos estable, donde las crisis tenían un principio y un final, y a las recesiones les sucedían periodos de crecimiento y recuperación que podían durar décadas. Es la incertidumbre global que genera una economía interconectada, en la que una alteración mínima en cualquier lugar del mundo puede provocar una reacción en cascada a nivel global. Y ha hecho mella en Bizkaia: si bien los ciudadanos están más que satisfechos del nivel de vida en el territorio ha aumentado el pesimismo respecto al futuro: uno de cada cuatro vizcainos teme que el próximo año vivirá peor, un porcentaje que se eleva al 30% en el caso de la situación económica.

Es uno de las principales conclusiones que revela el último estudio de opinión pública de Bizkaia, que todos los años encargada la Diputación Foral para tomar el pulso de la sociedad en dos olas, una a principios de verano y la otra casi a final de año. Esta, en concreto, se ha llevado a cabo entre el 25 de mayo y el 10 de junio, a través de 3.000 entrevistas telefónicas a ciudadanos de más de 18 años. La encuesta ha incidido en la percepción de la población acerca de la coyuntura y el clima social, sus valores y participación política, y la valoración sobre la institución foral y otras cuestiones político-institucionales.

En el pasado, el mundo no era necesariamente más estable, pero las crisis se sucedían, y funcionaban, a otro ritmo. La del petróleo de 1973 obligó a muchos países europeos a prohibir utilizar el coche los domingos -la España de Franco no lo hizo por temor a hundir el turismo- pero los efectos de una quiebra en una región de Asia tardaban meses en notarse en Bizkaia, o simplemente ni llegaban. Hoy, una fábrica de automóviles depende de un microchip fabricado en Taiwán, cuyo barco debe cruzar un estrecho en Oriente Medio bloqueado por la guerra de Irán. El efecto dominó es instantáneo: el conflicto estalla por la mañana y por la tarde ya ha subido el precio de la gasolina. Los embistes, además, se solapan: los ciudadanos intentan asimilar el impacto de una pandemia, mientras lidian con una guerra en Ucrania, otra en Irán y casos de gripe aviar que disparan el precio de los huevos.

En ese escenario, no es de extrañar que la incertidumbre haya terminado por hacer mella en las perspectivas de futuro de los vizcainos, que no saben cuándo volverá a convertirse el aceite en un artículo de lujo o tendrán que vaciar la cartera para llenar el depósito. Un 27% de los ciudadanos del territorio cree que el próximo año la vida en Bizkaia será bastante o mucho peor que en la actualidad, frente a un 58% que espera que se mantenga igual; sólo el 11% confía en que vaya a mejor. Un porcentaje, ese 27%, que ha ido incrementándose con el paso de los años, desde un 17% en 2024 y un 22% en 2025. Y que es todavía más pesimista si se ciñe al ámbito estrictamente económico: casi uno de cada tres teme un empeoramiento de la economía, el doble que hace solo dos años, cuando el porcentaje se situaba en un 15%. Poco más de la mitad confía en que se mantengan y apenas un 13% está convencido de que mejorará, mucho (1%) o bastante (12%). En 2024, solo el 15% de la población temía que fuera a peor, un 65% creía que iba a seguir igual y hasta el 19% se dejaba llevar por el optimismo. Todo ello, teniendo en cuenta que casi la mitad de los vizcainos (49%) considera que la situación económica de Bizkaia es buena o muy buena, y un 39%, regular. El empleo queda peor parado: solo el 41% lo considera en condiciones aceptables.

Optimistas, pese a todo

Curiosamente, la mayoría de los ciudadanos se definen como muy o bastante optimista respecto al futuro. Con una media de 6,4 sobre 10, solo el 11% se confiesa nada optimista de cara a lo que deparará el día de mañana.

Y eso que, en líneas generales, los vizcainos están más que satisfechos con la calidad de vida en el territorio: con una nota media de 7,7 sobre 10, hasta el 86% de ellos creen que se vive muy o bastante bien, ligeramente menos del 90% que se recogió en el estudio del año pasado. Los jóvenes son los que más contentos se muestran -las notas suben hasta el 8,3 entre los 18 y los 24 años-, disminuyendo la satisfacción con la edad -un 7,5 entre los 45 y los 54 años, y un 7,6 entre los mayores de 65- y sin diferencias entre hombres y mujeres. Lo mismo ocurre cuando se pregunta por el futuro: entre los que creen que las cosas irán bastante mejor destacan los jóvenes de entre 18 y 24 años, y ve más nubarrones en el horizonte la franja que va entre los 35 y los 54 años.

Curiosamente, cuando se les pregunta por su vida se muestran todavía más complacidos, ya que elevan la nota hasta el 7,8, y el porcentaje de los que consideran que viven bien o muy bien sube al 90%. Este desajuste no es una contradicción real, sino un clásico de la sociología cuantitativa y la psicología social: cada uno de nosotros sabemos que conservamos nuestro empleo, que nuestra familia está bien y que, aunque sea apretándonos el cinturón, llenamos el carro de la compra. Pero no sabemos lo que ocurre en el resto de hogares por lo que, en un clima de incertidumbre, tendemos a aplicar esa atmósfera negativa al resto de la sociedad. Ocurre lo mismo respecto a las perspectivas de futuro: solo un 12% de los vizcainos cree que, a nivel personal, vivirá bastante o mucho peor el próximo año.

La vivienda, principal preocupación

Entre los problemas más citados por los encuestados, se consolida un podio que, con pequeños cambios, se ha mantenido en los últimos dos años: la vivienda, en primer lugar, preocupa a seis de cada diez ciudadanos, mientras que el empleo (33%) y la delincuencia e inseguridad ciudadana se sitúan en segundo y tercer puesto, respectivamente. Una foto ligeramente diferente a la de 2024: entonces, el mayor problema era la actividad económica y el empleo, seguido por la sanidad (que ahora se sitúa en cuarto lugar) y la vivienda, por ese orden. Aquí sí que se ven diferencias por sexo y edad: la vivienda y la delincuencia preocupan más a los hombres, y el empleo y la sanidad quitan el sueño, sobre todo, a las mujeres. La vivienda es el principal quebradero de cabeza para las personas de entre 25 y 34 años; el empleo preocupa sobre todo a los que tienen entre 45 y 54; la delincuencia despunta entre los 35 y 44 años, y la sanidad, entre los mayores de 65. Cada encuestado cita una media de 2,2 problemas al ser interpelado -se trata de una pregunta abierta con posibilidad de respuesta múltiple- y un 8% de ellos no apunta ninguno.

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Y es al preguntar por los problemas del municipio de residencia de cada uno cuando aparecen otros ámbitos distintos, más ligados a la cotidianidad del día a día: el transporte público y los bidegorris (10%), la inmigración (8%), el aparcamiento (8%), la limpieza y recogida de basuras (6%), la inflación (6%), la política (5%), el tráfico y los atascos urbanos (4%)... Como curiosidad, la masificación provocada por el turismo solo la cita como problema el 3% de los encuestados.

Ante todo este escenario, no es de extrañar que lo que más demanda la ciudadanía a la Diputación, en su gestión del territorio, es que garantice la calidad de vida de sus convecinos. En dos grandes ámbitos: por una parte, la juventud (66%), generando las condiciones necesarias para que las personas jóvenes tengan oportunidades suficientes para vivir y trabajar en Bizkaia -lo que incluye respuesta al problema de la vivienda y también de empleo-, y las personas mayores, por otra (58%), garantizándoles los apoyos necesarios para tener una buena calidad de vida. A más distancia se citan, de forma espontánea, que el transporte público dé respuestas a las necesidades de movilidad (22%), la integración de las personas migrantes (16%), mantener la identidad cultural y lingüística del territorio (12%), la simplificación de los trámites administrativos (10%) y la descarbonización (6%).