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Cristina Larraona: de quedarse a dos décimas de Medicina a encontrar otra forma de llegar

Un grado superior, trabajar en un hospital y cursar Enfermería para conseguir entrar en la carrera que siempre quiso estudiar

En imágenes: Cristina LarraonaGaizka Portillo

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El final de la Prueba de Acceso a la Universidad (PAU) marca para miles de jóvenes el inicio de una etapa decisiva. Tras meses de preparación, nervios y presión por las notas de corte, llega el momento de elegir qué estudiar, aunque no siempre se consigue entrar a la primera en la carrera deseada. En muchos casos, esa incertidumbre se traduce en cambios de planes, alternativas y caminos que no estaban previstos.

En este escenario, la historia de Cristina Larraona refleja que no siempre se llega a la carrera soñada a la primera, pero que a veces existen otros caminos para conseguirlo, a base de segundas opciones y cambios de plan.

Dos décimas. Esa fue la distancia que separó a Cristina Larraona de entrar en Medicina después de dos años de bachillerato preparándose para conseguirlo. “Me quedé a dos décimas”, recuerda. Para muchos estudiantes, un resultado así habría supuesto abandonar la idea y buscar otro camino. Para ella fue justo lo contrario. Aquella nota confirmó que quería seguir intentándolo.

Un sistema que no siempre deja elegir 

Según los últimos datos del Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades, el 22,1 % de los estudiantes abandona o cambia de carrera durante el primer año. Muchos llegan a la universidad con dudas sobre qué estudiar o se encuentran con que no pueden acceder a la titulación que realmente querían. Este último fue su caso. Cuando terminó Bachillerato, Cristina tenía claro que quería estudiar Medicina. Sin embargo, no consiguió la nota necesaria para entrar. “Cuando vi que no entraba en Medicina sentí que se me rompió el sueño. Pensé que no iba a poder ser médico nunca”.

Buscar un camino alternativo

A la decepción se sumó un problema más. Estudiar fuera no era una opción porque su familia no podía asumir el coste económico de irse a otra ciudad. Sin plaza y sin posibilidad de marcharse, tuvo que replantearse qué hacer. La solución apareció gracias a una conversación que mantuvo su madre con una conocida. Hasta ese momento, Cristina apenas sabía que existían otras vías de acceso a la universidad además de Bachillerato y la Selectividad. “La única vía que se me explicó fue Selectividad con Bachillerato” cuenta.

A partir de ahí decidió matricularse en el grado superior de Radioterapia y Dosimetría. El objetivo era doble para seguir vinculada al ámbito sanitario y mejorar sus opciones de acceder a Medicina en el futuro. La experiencia le salió bien. Terminó el ciclo con muy buenos resultados y además descubrió una profesión que le gustaba. Sin embargo, seguía pensando en Medicina.

Enfermería como paso intermedio

Después llegó Enfermería. Durante un tiempo creyó que quizá había estado demasiado centrada en una sola idea y que podría encontrar su sitio en otra profesión sanitaria. Pero la experiencia de tocar otros palos, le hizo darse cuenta de lo contrario. “Me di cuenta de que me faltaba toda la parte diagnóstica que tiene Medicina”. Por eso decidió volver a intentarlo. 

Mientras estudiaba también trabajaba como técnica de radioterapia en un hospital. Compaginar ambas cosas no fue sencillo. Clases, prácticas, exámenes y trabajo ocupaban prácticamente todo su tiempo y no le daba de sí. La situación se complicó todavía más cuando consiguió entrar en Medicina en septiembre de 2023. Aunque ya tenía conocimientos previos gracias a sus estudios anteriores, el ritmo de la carrera era muy diferente. Finalmente tuvo que cambiar de trabajo para poder adaptarse a las exigencias de la cantidad de materia que tenía que estudiar.

“Afrontar el cambio de etapa con la sensación de que estás tomando la decisión más importante de tu vida a los 17 o 18 años genera un pico de estrés crónico en los alumnos”, explica María Guinart, psicóloga y especialista del Departamento de Orientación de Cumbres School Valencia. La experta señala que la presión social lleva a muchos estudiantes con altas calificaciones a matricularse en carreras muy solicitadas para no “desaprovechar” su nota, aunque no coincidan con sus verdaderos intereses profesionales.

Perseguir lo que una quiere

A lo largo de todo ese proceso tampoco faltaron quienes le recomendaban abandonar la idea de estudiar Medicina y continuar por otra vía más viable después de todo. Su familia, por ejemplo, insistía en que sería una buena enfermera pero es que daba la casualidad, o no, que ella nunca lo vio así. Lo que quería ella era estudiar medicina. Lejos de desanimarla, aquellas opiniones terminaron convirtiéndose en una motivación más. “Me sirvió más como motivación. Te voy a demostrar que te equivocas”.

Llegar a la cima

En 2026, estudia la carrera que quería desde el principio. Mirando atrás, considera que el grado superior y Enfermería fueron pasos importantes en su recorrido que le han curtido para luego enfrentarse a lo que es esta carrera. Su experiencia refleja una realidad cada vez más común entre los jóvenes que terminan la EVAU: no siempre se llega a la carrera deseada por el camino más directo. “A veces hacen falta varios intentos, cambios de planes y alternativas que ni siquiera se conocen cuando se termina el instituto y no pasa nada” , dice Cristina. Y la realidad es que no pasa nada por entrar en una carrera que creías que era la indicada y decidir dejarla durante el primer año. Cristina Larraona, explica que se debería debatir qué es ser o no, buen estudiante. Con su experiencia, Cristina pretende mostrar que, al terminar el instituto, muchos jóvenes sienten la presión de elegir un camino que parece determinar toda su vida. Esa responsabilidad, unida a la edad y al miedo a equivocarse, hace que los pensamientos negativos se apoderen de ellos. Sin embargo, insiste en que siempre existe la posibilidad de replantearse las decisiones tomadas y emprender una nueva dirección.