Gonzalo Tejada y Javi Tejada, dos jardineros que trabajan en Sopela, se enfrentan estos días a jornadas a pleno sol con temperaturas cercanas a los 40 grados. Para soportarlas, han tenido que adelantar las pausas y extremar la hidratación, aunque advierten del riesgo que aún tomando precauciones pueden correr. "Una lipotimia te entra en medio segundo", alertan.
"Aguantando bastante y estamos parando antes de tiempo, la semana esta siendo dura". Así resumen Gonzalo y Javi Tejada las jornadas que están afrontando estos días en Sopela. Los dos jardineros han tenido que adaptar su trabajo para hacer frente a unas temperaturas que rozan los 40 grados.
A ello se suma la obligación de trabajar con ropa de protección. "Está prohibido llevar ropa corta", recuerdan. Una circunstancia que, sumada a las altas temperaturas, hace todavía más duras las jornadas. "Llegamos con toda la ropa pegada, llenos de sudor", aseguran.
La hidratación se ha convertido en otra de las claves para soportar el calor. Los trabajadores realizan pausas siempre que lo necesitan y aprovechan las fuentes que encuentran durante la jornada. "Aunque haga falta ir un poco más lejos para encontrar agua, se va", explican. En un día como los de esta semana, Gonzalo calcula que puede llegar a beber hasta cuatro litros.
Las horas más complicadas llegan a partir de media mañana. "A las once y media empiezan ya las temperaturas altas", explica Gonzalo. Para evitar las horas de más calor, los dos jardineros adelantan las tareas más exigentes y aprovechan el final de la jornada para realizar labores de mantenimiento en la lonja.
La falta de sombra en algunos puntos donde trabajan tampoco ayuda. "Lo más complicado es buscar sitio fresco", reconocen.
El calor pasa factura
Dolor de cabeza, mal cuerpo y una sensación constante de agotamiento. Aunque ninguno de los dos ha sufrido un golpe de calor grave, Gonzalo y Javi reconocen que las altas temperaturas terminan pasando factura al final de la jornada. "Te encuentras todo sudado y con dolor de cabeza. Tienes mal cuerpo", explican.
Pero el calor no es el único enemigo. El polvo, la hierba y la exposición continua al sol convierten las jornadas en un esfuerzo añadido. "Todo eso repercute en la respiración, te reseca y te deshidrata", señala Gonzalo. "No es un trabajo tan bonito como parece", añade.
Los jardineros aseguran que no hay que confiarse. "Piensas que no te va a pegar y en cualquier momento te pega", advierten. Por ello, insisten en la importancia de hidratarse y hacer pausas, aunque recuerdan que el riesgo siempre está presente. "Una lipotimia te entra en medio segundo", concluyen.