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Bitxos Bermeo: el refugio que convierte el abandono en segundas oportunidades

La asociación bermeotarra, sostenida por 14 voluntarios, logra una media de una adopción semanal y afronta una nueva etapa con mayor respaldo municipal para garantizar el bienestar de los animales rescatados

Bitxos Bermeo: el refugio que convierte el abandono en segundas oportunidadesIris Mikelez de Mendiluze

Entre camas improvisadas, juguetes mordisqueados y nombres tan singulares comoRosalía, Beyoncé, Nocilla o Antxon, decenas de gatos esperan una nueva oportunidad en el refugio de Bitxos Bermeo. Detrás de cada uno de ellos hay una historia de abandono, rescate y recuperación que los 14 voluntarios de esta asociación intentan reescribir cada día.

La protectora, nacida con el objetivo de defender el bienestar animal y el respeto por el medio ambiente en la villa marinera, atraviesa ahora un momento importante. Tras años financiando gran parte de los gastos del refugio mediante donaciones, mercadillos solidarios y la venta de pequeños artículos, el Ayuntamiento de Bermeoha dado un paso más en su compromiso con la entidad y asumirá los gastos básicos del local, como la alimentación o la arena para los animales.

"Todo lo que había aquí hasta ahora había salido de nuestro bolsillo o de la solidaridad de la gente", explica Guadalupe, una de las voluntarias que participa en el día a día de la asociación. La medida supone un alivio para un colectivo que combina la atención de los animales del refugio con la gestión de colonias felinas repartidas por distintos puntos del municipio.

Un refugio abierto

Lejos de la imagen de largas filas de jaulas cerradas, el espacio de Bitxos funciona como una casa de transición. Algunos gatos permanecen inicialmente en espacios delimitados para facilitar su adaptación, pero las puertas permanecen abiertas para que puedan moverse libremente cuando completan ese proceso.

Alimentación y hucha para donaciones

Actualmente la asociación mantiene alrededor de 24 gatos, una cifra similar a la registrada a comienzos de año. Aunque la mayoría de los animales que atienden son felinos, por sus manos también han pasado perros, aves rapaces e incluso especies que requieren cuidados especiales antes de ser derivadas a otros recursos.

La labor diaria incluye limpieza, alimentación, tratamientos veterinarios, socialización y búsqueda de familias adoptantes. Un trabajo constante que el año pasado se tradujo en una media de una adopción por semana.

Los adultos, los grandes olvidados

Si hay una realidad que preocupa especialmente a las voluntarias es el elevado número de gatos adultos que llegan al refugio.

"Las crías encuentran hogar con más facilidad y muchas veces permanecen en casas de acogida, pero los adultos son los que más sufren las consecuencias de las adopciones impulsivas", explica Guadalupe.

Guadalupe, voluntaria de la asociación, con la gata Rosalía

Muchos de ellos fueron en su día animales domésticos. Gatos acostumbrados al contacto humano que terminan siendo abandonados cuando cambian las circunstancias de sus propietarios. "Son como juguetes rotos", lamenta. Sin embargo, desde la asociación insisten en que precisamente esos animales ofrecen una ventaja: su carácter ya está formado y quienes los adoptan saben mejor cómo son realmente.

Una lucha que va más allá de las adopciones

Además de gestionar el refugio, Bitxos continúa desarrollando el método CER (Captura, Esterilización y Retorno) para controlar de forma ética las colonias felinas de Bermeo. Una tarea fundamental para evitar la sobrepoblación y mejorar la convivencia entre animales y vecinos.

Pero no todas las historias tienen un final feliz. Entre los casos más duros que recuerdan recientemente se encuentra el de un cachorro de apenas dos meses que llegó gravemente herido tras recibir el impacto de un balín. Las lesiones eran irreversibles y el animal falleció horas después en una clínica veterinaria.

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Situaciones como esa refuerzan el mensaje que la asociación repite desde hace años: la protección animal no depende únicamente de rescatar, sino también de educar, concienciar y fomentar una tenencia responsable.

Porque detrás de cada adopción hay mucho más que un animal que encuentra hogar. Hay también una plaza libre para que otro pueda empezar de nuevo.