Residencias y guarderías caninas se afianzan en Bizkaia por el aumento de viajes y las largas jornadas laborales
Los adiestradores explican que "al final, se trata de que se integren en la manada y estén tranquilos”
Dicen que el perro es el mejor amigo del hombre. Pero cuando llegan los puentes, las vacaciones o simplemente una semana de trabajo que se alarga más de lo previsto, esa relación, como cualquier otra, se resiente cuando no hay tiempo ni espacio para compartir. En Bizkaia, la respuesta es cada vez más habitual. Las residencias y guarderías caninas han dejado de ser un recurso puntual para convertirse en una opción integrada en la rutina de muchas familias.
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El crecimiento del sector no es casual. A un ritmo de vida cada vez más exigente se suma también un cambio en la forma de entender el cuidado animal. Ya no se trata solo de dejar al perro en un sitio durante unas horas o unos días, sino de garantizar que esté bien, que mantenga cierta rutina y que no sufra en exceso la ausencia de su dueño. Esa evolución se refleja también en los propios centros, que han ido dejando atrás el modelo más tradicional para apostar por espacios abiertos, sin jaulas y con una atención más centrada en el comportamiento.
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Entre Leioa, el centro Kanican es uno de los ejemplos de esa transformación. La ocupación suele rozar el lleno entre semana. “La guardería está prácticamente completa muchos días”, explica Victoria, una de las responsables. La jornada comienza a las nueve de la mañana y se organiza de forma sencilla pero constante: ratos de juego, momentos de descanso y convivencia en grupo. “Al final, se trata de que se integren en la manada y estén tranquilos”, resume.
El proyecto lo pusieron en marcha hace cuatro años junto a su pareja, Unai, tras dejar ambos sus trabajos. La idea surgió a partir de su propia experiencia con su perra Sasha, una American Bully, y de la inquietud por dedicarse a algo vinculado al mundo animal. “Al principio da respeto dar el paso, pero si te gustan los perros acabas dentro”, cuenta.
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"No todos los perros entran igual"
Durante el día, los animales se trasladan a un terreno amplio en la zona de Martiartu, donde pueden moverse con mayor libertad. Allí pasan buena parte de la jornada, organizados en grupos y bajo supervisión. “La integración es progresiva, no todos los perros entran igual”, explican. Por la noche, los que están en régimen de residencia descansan en las instalaciones de Leioa, adaptadas para su comodidad y sin jaulas.
Más allá de las instalaciones, uno de los aspectos que más peso ha ganado en este tipo de centros es la gestión emocional del animal. “Muchos dueños nos dicen que aquí los ven más tranquilos”, señala Victoria. La clave, añade, está en generar un vínculo adecuado y en mantener una rutina estable. “Que vengan a gusto”.