Romería de la Feve en Balmaseda
Nueve agrupaciones de música de León, Salamanca, Ávila, Araba, Nafarroa y Bizkaia bailan en Balmaseda en homenaje al vínculo con el tren de La Robla y contra el abandono de la vía estrecha, que vacía las zonas rurales
Las siete horas de trayecto entre León y Balmaseda se convirtieron en una fiesta en sí mismas. Una auténtica romería, la Romería de la Feve, como la bautizaron sus organizadores. Una vez en su destino, los pasajeros se reunieron con las demás hasta sumar un total de nueve agrupaciones participantes –también de Salamanca, Ávila, Nafarroa, Araba y Bizkaia– en la primera edición de un encuentro de música tradicional que reverdeció los vínculos históricos con el tren de La Robla. Miles de personas se trasladaron a la villa encartada en busca de una vida mejor gracias a la entonces floreciente industria ferroviaria sentando las bases de una relación indestructible a través de las generaciones.
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Por eso, la elección del medio de transporte fue de todo menos casual. En el ferrocarril tiene su origen la putxera, que allí conocen como olla ferroviaria, el ferrocarril que desde hace años languidece contribuyendo al deterioro, despoblación y abandono de los municipios rurales, una problemática compartida con Enkarterri.
Por eso, en su discurso durante la recepción en la plaza de San Severino por parte de las autoridades la delegación leonesa lanzó un alegato “por el tren de Feve, que nos lo quieren quitar y ni siquiera llega al centro de León capital”. “Es una pena, pero los pueblos se mueren. No hay nada para la juventud. Ha cerrado la última tienda...”. Pronunció estas frases que representan más que un lugar común Javier Reguera, integrante de la organización, quien pidió al público “que cerréis los ojos y volvamos a la época de nuestros abuelos y bisabuelos, gente trabajadora de minas y mares” que apostó igualmente “por la conservación de la cultura tradicional”.
Felechas, primera estación
A su lado, el alcalde, Alfonso San Vicente, agradeció “vuestra presencia y el poder compartir vuestra música y cultura, porque si algo tiene Balmaseda es arraigo a la tradición”. Le escucharon ondeando estandartes y con gaitas y dulzainas preparadas para entrar en acción los grupos Enramada, Firme y Taitas Pandereteras, Casa de Castilla y León en Iruña, Dulzaineros Arabitz, Las Pasaderas, Barruecopardo, Hala Kanta, Espalladoiro y Gaiteros de Felechas, donde todo comenzó.
La cultura que ha ayudado al resurgir de esta localidad “a sesenta kilómetros de León, con alrededor de cincuenta habitantes censados, aunque viviendo realmente contabilizarán alrededor de veinte”, calculó Teo Manceñido, que reside en la actualidad en Bilbao. Enclavado “en la montaña oriental” leonesa, los habitantes de Felechas se dedicaban antaño a las minas y la labranza. Cuenta con cuatro hórreos “restaurados y muy bien conservados que se utilizaban con el fin de almacenar el grano a salvo de los roedores”, un dato que sorprende a quienes asocian estas construcciones más con Asturias.
La construcción a “apenas seis kilómetros del pueblo” del tren que “transportaba carbón a los Altos Hornos, primero entre Bilbao y La Robla desde 1894 y más tarde con desvío a León en aquellos viajes de pasajeros en los que “yo veía enganchar y desenganchar vagones y nos podíamos pasar perfectamente doce horas” revolucionó la zona.
Con el tiempo el éxodo del campo a la ciudad se fue agudizando, actualmente “diría que forma parte de las áreas llamadas vaciadas” para muestra un botón, “existe el dicho: paisano que palma, casa que cierra” para siempre.
Uno de los factores que casi provocaron la desaparición de las fiestas en la década de los ochenta. Acudieron al rescate las agrupaciones que organizaban lo que nació como “un encuentro entre amigos que se reunían a tocar música en casa” que trascendió a la esfera pública con una aceptación cada vez mayor. En agosto de 2027 cumplirá cuarenta ediciones. Ahí están los Gaiteros de Felechas que el pasado mes de marzo visitaron Lisboa con motivo de San Patricio”.
Sin poder contener las lágrimas de emoción, Javier quiso dar las gracias a quienes supervisan con él este evento de Felechas, “mis mentores: Anselmo, Pacho, Evasio y Teo” que ha dado el salto a Balmaseda a mitad de camino entre la Semana Santa y el mercado medieval, que se celebrará el fin de semana del sábado 9 y domingo 10 de mayo.
De ahí que el sonido de las gaitas resultara familiar a vecinos y vecinas de la villa que inmortalizaron desde plazas, balcones y ventanas la kalejira que recorrió el Paseo Martín Mendia y cruzó el Puente Viejo camino de la Avenida de las Encartaciones para desembocar en la plaza de San Severino.
Las componentes del grupo Las Pasaderas, prodecente del municipio de Pradosegar (Ávila) explicaron que su nombre alude a “las piedras en los ríos en las que la juventud quedaba”. Adornaron su cabello con lazos, pero también existen “pañuelos de ramos, gorras o un sombrero que es más típico de Ávila ciudad”. Las faldas llevaban cosidas “tiras con arcos”, aunque los motivos pueden variar en función del lugar de origen”. Lo que nunca falta son las castañuelas que hicieron sonar por el casco histórico.
Ofrenda a San Severino
Después de la foto de grupo en la escalinata del edificio consistorial se desveló que el ramo que Javier Reguera había portado todo el tiempo iba a depositarse ante San Severino a modo de ofrenda. Instantes de recogimiento ante el patrón de Balmaseda, a quien honraron también con bailes y un Ave María a los sones de la dulzaina.
“¡Qué belleza! ¿Cómo que no es catedral ni basílica?”, preguntaron los miembros de la Asociación Cultural Aguzo de León capital de cuyo grupo de baile forman parte “entre cuarenta y cincuenta personas”. Asombrados ante la iglesia de San Severino, pidieron que les sacaran una fotografía delante del altar. Allí descubrieron que sus raíces guardan puntos en común con las de tantos balmasedanos y balmasedanas. “Mi padre fue ferroviario. Relataba que, recién llegado de la mili, a menudo saltaban del tren para coger zanahorias o lo que pillaran para intentar saciar el hambre y a veces dormían en la caseta del guarda agujas. Eran tiempos duros. Mi abuelo también se dedicó al tren”, señaló.
Lo mismo que su compañero Alfonso de los Matos, quien fabricaba ollas ferroviarias “con piezas de desecho de los trenes”. Un recipiente versátil en el que cocinan no solo alubias, sino también “rabo de toro con patatas o costilla de cerdo”, enumeraron con una mención al concurso de Cistierna, que cumplirá su XXXIII edición a finales de mayo.
En los próximos años se cruzará con Balmaseda, ya que la Cofradía de la Putxera emprendió el 23 de octubre de 2025 con Cantabria una serie de homenajes a La Robla como nexo familiar e intercambio cultural entre territorios. Hoy los grupos emprenderán el viaje de vuelta con el deseo de que quien corresponda no ignore su súplica de no dejar morir la vía estrecha.