"Hoy estamos aquí… y este silencio… no es un silencio vacío”. Con estas palabras, cargadas de memoria y emoción, ha arrancado este domingo el homenaje celebrado en el monte Saibigain de Abadiño, un acto que ha vuelto a poner voz a quienes quedaron atrapados en el silencio tras una de las batallas más cruentas de la Guerra Civil.Aquí hay vidas que se quedaron suspendidas. Hay pasos que nunca bajaron del monte”, ha continuado Teresa Usaola, presidenta de la Asociación Saibigain y sobrina-nieta de Felipe Bediaga, comandante del batallón Arana Goiri, en un discurso que ha marcado el tono de una jornada profundamente conmovedora.

Este acto de recuerdo y reconocimiento ha sido organizado por la Asociación de Memoria Histórica Saibigain 1937 Elkartea, en colaboración con el Museo Memorial del Cinturón de Hierro y otras asociaciones memorialistas. En la marcha que ha llevado desde el Santuario de Urkiola hasta la cima de Saibigain han participado, entre otros, el Lehendakari Iñigo Urkullu, el consejero de Seguridad del Gobierno Vasco, BIngen Zupiria, la Diputada General de Bizkaia, Elixabete Etxanobe, la Presidenta de Juntas Generales de Bizkaia, Ana Otadui, el diputado foral alavés Iñaki Gurtubai y la vizcaína Arantza Atutxa, así como alcaldes y alcaldesas de pueblos de Durangaldea como Mañaria, Durango, Elorrio o Garai. EAJ/PNV ha estado representado por los burukides Iñigo Ansola y Ion Gambra, mientras Podemos Euskadi ha enviado a Joseba Andoni Fernández y Alfonso Arroyo. Desde Asturias ha acudido también una representación del sindicato CNT la delegación institucional asturiana encabezada por el consejero Zapico ha estado integrada también por la directora de memoria democrática Begoña Collado y la directora de gabinete del Departamento de Derechos Ciudadanos María Miranda. Antes de subir a la cima Zupiria ha destacado que "es un acto simbólico que nos ayudará a recordar aquellos tiempos, en un momento en el que hay gente que quiere imponer por la fuerza un nuevo orden mundial y una día como el de hoy nos tiene que ayudar a defender un orden internacional basado en las formas democráticas y en la legalidad". Por su parte Zapico, líder de IU Asturias y de la coalición Convocatoria por Asturias, ha subrayado que “Saibigain es un lugar que simboliza la dureza de aquella guerra y también la fraternidad entre pueblos que compartieron trinchera. Asturianos y vascos lucharon juntos frente al de Estado fascista, defendiendo la libertad y la democracia”. Zapico ha agradecido al Gobierno Vasco la labor que está desarrollando en Saibigain para localizar a gudaris y milicianos asturianos, asegurando que “es una labor imprescindible para avanzar en la reparación de las víctimas del franquismo”. 

Más de un centenar desaparecidos

La cima ha reunido a familiares llegados desde distintos puntos de Euskadi y Asturias, así como desde Francia, Bélgica o Cataluña, todos unidos por una ausencia compartida. Más de un centenar de combatientes, gudaris y milicianos vascos y asturianos, permanecen aún desaparecidos desde abril de 1937. “La guerra es una silla vacía en casa”, ha recordado Usaola, poniendo palabras a un duelo que, como ella misma subraya, “lleva nueve décadas pasando de generación en generación”. Ese duelo, ha explicado, “no se apaga, se hereda”, y es precisamente esa herencia la que ha empujado a muchas familias a mirar de nuevo hacia este monte.

El acto, organizado por la asociación Saibigain 1937 junto al Museo Memorial del Cinturón de Hierro, ha arrancado con una marcha desde el Santuario de Urkiola hasta la emblemática cruz, donde tuvo lugar la ofrenda floral. Un gesto simbólico que, año tras año, trata de devolver identidad a quienes aún no tienen tumba. “Cada uno de ellos fue todo para alguien”, ha insistido la presidenta, recordando que su propia implicación nació de una promesa familiar: encontrar a su tío abuelo. “Yo empecé buscando a uno. Pero cuando llegas aquí… ya no puedes mirar solo por el tuyo”.

Ese tránsito de lo individual a lo colectivo define también el espíritu del homenaje, que este año contó, por primera vez, con una delegación oficial del Principado de Asturias. “Esto es mucho más que un gesto”, ha destacado Usaola. “Aquí murieron hombres que vinieron desde Asturias… y en medio del horror no preguntaron de dónde era el de al lado”. Nueve décadas después, ha añadido, “somos nosotras las que nos reencontramos… las que nos abrazamos en su nombre”. Un reencuentro que, según ha puntualizado, abre también la puerta a una colaboración necesaria entre territorios para avanzar en la búsqueda de los desaparecidos.

Frente al totalitarismo

El investigador Aitor Miñambres, director del museo y coorganizador del acto, ha ensalzado el valor de esta iniciativa como “todo un referente” dentro del trabajo memorialista en Euskadi. “Nace de la ciudadanía y, una vez que tiene éxito, recibe respaldo institucional”, ha explicado. Para él, mantener viva la memoria es una obligación ética. “Debemos conservar el vínculo con aquella generación que se vio obligada a participar en una guerra impuesta y que defendió nuestra identidad y nuestra democracia frente al totalitarismo”.

Saibigain, conocido como “el monte de la sangre, fue escenario de intensos combates durante varios días, en una sucesión de ataques y contraataques que dejaron centenares de víctimas. “Se trata de un hecho épico que refleja el espíritu de resistencia de los defensores de Euskadi. Debemos mantener viva la llama de la memoria y no perder el vínculo con aquella generación que se vio obligada a participar en una guerra impuesta. Frente al totalitarismo, esas personas defendieron valores que hoy día seguimos considerando nuestros: nuestra identidad y nuestra democracia. Por eso hay que recordarlo”, ha apuntado Miñambres, quien también ha destacado las dificultades que aún hoy entraña la búsqueda de los desaparecidos: “La amplitud del terreno, el paso del tiempo y la falta de elementos identificativos complican enormemente la localización”.

En ese proceso, la colaboración de las familias resulta clave. “Muchas veces no existen objetos que permitan identificar los restos, y el ADN es fundamental”, ha señalado. De ahí el llamamiento que realiza la asociación a posibles descendientes.

Nuevas generaciones

Más allá de la investigación, el director del museo ha incidido en la importancia de trasladar este legado a las nuevas generaciones. “Estas iniciativas permiten a los jóvenes conocer lo ocurrido y empatizar con quienes lo vivieron”, ha afirmado, advirtiendo del riesgo de discursos negacionistas que pueden calar “de manera tóxica” en la sociedad actual. Frente a ello, ha defendido la necesidad de “seguir generando espacios de memoria, reflexión y encuentro”. Mientras tanto, en la cima del monte, el silencio, ese que durante décadas fue olvido, empieza a transformarse. “Saibigain ha sido un lugar de silencio. Pero hoy ese silencio empieza a romperse”, ha proclamado Usaola. No hay certezas sobre cuándo llegarán todas las respuestas. “No sé si algún día encontraré a Felipe”, ha confesado. Pero sí hay una convicción firme que resonó entre los presentes. “No os hemos olvidado. Os seguimos buscando. Y nadie ni nada nos va a parar”.