Aitor Sollano: “Cuando me probé la túnica no me miré al espejo, pero me dijeron que impresionaba”
Las comidas de hermandad con anteriores Cristos y Magdalenas inician la cuenta atrás para la Pasión Viviente
Pelo largo hasta la cintura ella. Pelo revuelto por los hombros él. ¿Jesucristo y Magdalena, tal vez? “Qué va. Se llaman Aitor y Joana. Nosotros nos hemos apuntado, así que quizás en el futuro...”, negaba la sonriente pareja encogiéndose de hombros. Vistos por detrás en la plaza de San Juan, perfectamente podrían ser dos de los protagonistas de la Pasión Viviente de Balmaseda. Pero no. Al llegar a la puerta del local que ha acogido el ensayo ya no ha cabido resquicio para la duda.
“Sí, Aitor Sollano”, ha respondido el estudiante de cuarto curso de Fisioterapia de 23 años que ceñirá la corona de espinas en el Vía Crucis más antiguo de Bizkaia. Aunque carga sobre sus espaldas con meses de ensayos “desde octubre”, primero con el director artístico de la representación, José Ángel Ramón, Zarra, y luego con la progresiva incorporación de otros personajes, hoy se ha enfrentado a “una semifinal, como digo yo”, la de escenificar la Última Cena, la oración en el huerto de los Olivos y el juicio ante los sacerdotes del Sanedrín ante varios de sus predecesores, los que mejor pueden entender cómo se siente conforme se aproximan el Jueves y el Viernes Santo. Después, una treintena de ellos se han reunido en una comida, al igual que las Magdalenas para arropar a Joana Andueza, de 42 años.
Sentado con otros apóstoles, en la edición de 2025, entonces conocía que enfilaba la rampa de lanzamiento hacia el primer plano. Asumía el papel de San Andrés, el paso previo a presidir la mesa (como marca la norma en Balmaseda) después de haber dado vida a San Juan el año anterior. Sin embargo, “tomar conciencia, verdaderamente, el pasado mes de septiembre”, a las puertas de intensificar los preparativos de los pasajes con diálogos. Culminarán así siete años de espera desde que, junto con su ama, que encarnará a la Virgen María, “nos inscribimos presencialmente; después, al cumplir los 18, lo hicimos en las listas que la Asociación del Vía Crucis Viviente sube a su página web”.
Hace dos años Zarra le llamó por teléfono para confirmarle la noticia, reconoce que su figura “impone” porque ha pilotado la representación durante más de cincuenta años y valora que “me cuida como a un hijo y me aconseja que me mantenga fiel a mí mismo y que Jesucristo refleje mi personalidad”.
Cuenta atrás
Ahora que empieza la cuenta atrás aprecia aún más el “honor increíble” de entrar en la “familia” que se forma en torno a la Semana Santa de la villa, en la que vivirá una “experiencia única en la vida”. 750 personas se vuelcan año tras año tanto participando directamente como en labores organizativas. “Solo los balmasedanos sabemos lo que significa. En las prácticas o la universidad no entienden este sentimiento, cómo de la noche a la mañana un chaval de 23 años se puede dejar el pelo largo. Algunos me llamaban loco o me preguntaban a ver si me encontraba bien”, ha bromeado.
Al mismo tiempo, “les genera curiosidad venir a conocerlo porque creen que tiene que representar algo realmente importante” como para entregarse a ello con semejante dedicación. “Es una pregunta muy típica la de si eres creyente o no”, pero considera que “la cuestión no reside ahí, sino que va por tradición”. Al fin y al cabo, “se lleva dentro desde que naces”. Él debutó a los 3 años tocando la trompeta en la Pasión Viviente infantil de La Magdalena.
Para Jon Ortiz de Vallejuelo, Cristo en 2024, su amigo ha ejercido “de guía porque, en ciertos roles salió justo antes que yo, como de niño ciego”. Al entrar en el local “me da la sensación de hacerme pequeño y volverme de cristal”, ha confesado. De las frases que pronunció en la Pasión le sigue impactando “me rindo a ti, sea tu voluntad, cuando acepta su destino, me parece muy profunda y que describe la vida”. Fabio Orrantia, Nazareno en 2025, ha rememorado los “nervios y responsabilidad” y la sensación de respirar tranquilo “en el ensayo general del miércoles”.
El peso de la cruz
Los días 2 y 3 de abril miles de ojos se posarán sobre Aitor Sollano... y también miles de teléfonos móviles prestos a grabar. Los clicks se disparan con las tres caídas. Acostumbrado a “estudiar patologías de hombros y brazos”, prefiere espontaneidad en lo que respecta a la parte más física. Por eso no ha cogido la cruz, de “unos ochenta kilos”.
Sí que se ha probado la corona de espinas y la indumentaria de la Última Cena por si hubiera que ajustar la talla. “Cuando me colocaron la túnica no me miré al espejo, pero me dijeron que impresionaba”, basta fijarse en “las caras de admiración” con las que niños y niñas le observan”, ha señalado Joana Andueza, Magdalena, cuyo hijo, Mario Fernández Andueza “será el siguiente Jesús txiki”. Dan fe también integrantes de la Asociación de Amigos del Camino de Santiago de Alava de visita en Balmaseda, que se han topado con él en la plaza de San Severino. Intuyendo de quién se trataba, se han acercado a felicitarle y desearle suerte para orgullo de su ama, Ana Sierra. Y con la misma han salido corriendo, “¡que perdemos el autobús!”. l