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Amaia Aberasturi: “Con la figura del coach de intimidad la mujer está muchísimo más protegida”

Desde Gautegiz Arteaga hasta las pantallas de cine y televisión, la actriz repasa su trayectoria y reflexiona sobre la situación de las mujeres en su profesión con motivo del Día Internacional de la Mujer

Amaia Aberasturi: “Con la figura del coach de intimidad la mujer está muchísimo más protegida”Amaia Aberasturi

A las puertas del 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer, el debate sobre la igualdad vuelve a ocupar espacio en la agenda pública y también en el ámbito cultural. La industria del cine y la televisión no solo refleja los cambios sociales, sino que también participan en ellos, especialmente cuando se trata de la representación de las mujeres en pantalla. En ese escenario se mueve la actriz vizcaina Amaia Aberasturi, que en los últimos años ha ido consolidando su trayectoria mientras observa desde dentro cómo evoluciona el sector.

“Gautegiz Arteaga sigue siendo mi pueblo. Allí viven mis padres, es donde me siento en casa, donde siempre vuelvo y donde sigo creciendo”

Antes de los rodajes, las promociones o los estrenos, sin embargo, su vida sigue teniendo un punto de anclaje bastante claro. Amaia Aberasturi continúa residiendo en Gautegiz Arteaga, su pueblo natal, un lugar al que sigue regresando incluso cuando el trabajo la obliga a pasar largas temporadas fuera. “Sigue siendo mi pueblo. Allí viven mis padres, es donde me siento en casa, donde siempre vuelvo y donde sigo creciendo”, explica orgullosa. Ese entorno forma parte también de su manera de encontrar equilibrio cuando no está rodando. “Necesito mucha naturaleza, deporte y familia”, resume.

Esa tranquilidad contrasta con una de las características más conocidas de la profesión: la intermitencia de los proyectos. Aberasturi reconoce que la interpretación está atravesada por periodos de gran actividad seguidos de etapas de espera, una dinámica que puede generar cierta incertidumbre incluso cuando la carrera comienza a consolidarse. Como ella misma admite, “la profesión en sí es muy inestable”, una realidad compartida por buena parte de quienes trabajan en el sector.

Amaia Aberasturi, en Gautegiz Arteaga, el pueblo donde reside.

Trayectoria

Su relación con la interpretación comenzó muy pronto. Tenía once años cuando se presentó al casting de su primera película Zigortzaileak (2010) y apenas doce cuando participó en el rodaje, una experiencia que terminó de confirmar una intuición que arrastraba desde niña. “Recuerdo que le decía a mi madre que quería ser artista”, explica. Aquel primer contacto con el cine reforzó esa vocación temprana, que más adelante completó con formación específica, entre ella una diplomatura en Cine y Televisión en la escuela Central de Cine de Madrid y varios años de danza contemporánea. Ese camino estuvo además acompañado por un “respaldo familiar muy importante” que facilitó los primeros pasos.

Amaia Aberasturi posa junto a otras actrices durante el rodaje de 'Akelarre'.

Con el paso de los años su carrera se ha ido desarrollando entre cine, televisión y plataformas. Ha participado en series como Víctor Ros, Cuéntame cómo pasó, La edad de la ira o la producción de Netflix Bienvenidos a Edén, además de en largometrajes como Vitoria, 3 de marzo. Sin embargo, uno de los momentos que marcó un punto de inflexión en su trayectoria llegó con Akelarre, cuya interpretación le valió una nominación al Goya a mejor actriz protagonista en 2021. “Fue algo súper inesperado”, recuerda la actriz, que reconoce que aquel reconocimiento supuso también un impulso en su carrera: “A partir de Akelarre empecé a tener más papeles”. Entre sus proyectos más recientes destaca tambiénBeguinas, donde una vez más asumió un papel protagonista. Mientras tanto, la actriz sigue sumando nuevos trabajos que permitirán volver a verla en pantalla próximamente.

Perspectiva de género

Más allá de su trayectoria, cuando la conversación gira hacia su experiencia personal como mujer dentro de su profesión, Aberasturi se toma unos segundos antes de responder. Reconoce que no siempre es fácil identificar de dónde proceden ciertas percepciones en el trabajo. “A veces no sé si es por ser mujer o por ser joven; hay momentos en los que me entra la duda”, admite. Según cuenta, el hecho de ser “una persona dulce y pequeñita” puede hacer que en determinados contextos cueste más imponerse, aunque matiza que esa primera impresión suele desaparecer cuando los equipos empiezan a conocerla mejor y a ver cómo trabaja.

“Si hay una escena de sexo, a veces se da por hecho que una mujer tiene que enseñar los pechos”

Donde sí identifica diferencias más claras es en la forma en que se han abordado tradicionalmente las escenas íntimas dentro de las producciones. Durante años ha existido una mirada que situaba el cuerpo femenino en el centro de ese tipo de secuencias. “Si hay una escena de sexo, a veces se da por hecho que una mujer tiene que enseñar los pechos”, comenta, una situación que, según explica, puede generar una presión difícil de describir incluso cuando nadie la expresa de forma directa. “El decir que 'no' a veces me hace sentir más presionada que a mis compañeros masculinos”, reconoce, aunque también subraya que hasta ahora siempre ha podido marcar sus propios límites. De hecho, recuerda que este mismo año ha decidido rechazar una película por la presencia de escenas explícitas. “Es duro, pero creo que muchas veces no afecta a la historia plantear esas escenas sin mostrar nada”, reflexiona.

Amaia Aberasturi junto a varias integrantes del equipo de la serie 'Beguinas'.

Precisamente para abordar ese tipo de situaciones, en los últimos años se ha ido extendiendo en los rodajes la figura del coach de intimidad, profesionales encargados de preparar este tipo de escenas y de acompañar a los intérpretes durante el proceso. Según explica Aberasturi, su presencia ha cambiado de forma notable la manera de trabajar en estas secuencias. “Desde que tenemos la figura del coach de intimidad creo que la mujer está muchísimo más protegida”, señala, aludiendo a una práctica que, en su opinión, marca “un antes y un después”, ya que ayudan a planificar cada detalle de la escena. La actriz añade además que, en su experiencia, muchas de estas profesionales han sido mujeres y que cree que no es casualidad: “El hecho de que hables con una mujer sobre cómo te sientes respecto a una escena así facilita las cosas”. A su juicio, la presencia de más mujeres en el sector contribuye a generar espacios de trabajo más seguros.

Más protagonismo

Ese cambio también empieza a notarse, en su opinión, en la forma en que se construyen los personajes femeninos. La actriz percibe una evolución respecto a años anteriores, aunque cree que todavía queda recorrido. “Sí que veo una mejoría”, explica, al recordar cómo durante mucho tiempo muchos papeles para mujeres quedaban relegados a posiciones secundarias dentro de las historias. “Antes sí que veía que a partir de los 40 solo podías hacer papeles de madre de o hermana de”, comenta, mientras que ahora empiezan a aparecer proyectos en los que las mujeres sostienen el peso narrativo.

Amaia Aberasturi, en los Premios Goya de 2021.

Aun así, cree que uno de los ámbitos donde la desigualdad sigue siendo más visible tiene que ver con la presión estética que recae sobre las actrices. En su opinión, existe una diferencia clara en la forma en que se percibe el paso del tiempo en hombres y mujeres dentro de la industria. “A los hombres con arrugas se les ve sexys, pero a las mujeres nos cuesta más que se nos vea así. A mí personalmente me gusta la naturalidad y me gustaría no caer en eso y aceptar que me estoy haciendo mayor según vayan pasando los años”, reflexiona, aludiendo a un estándar que sigue condicionando la imagen pública de muchas intérpretes.

Ese conjunto de reflexiones conecta inevitablemente con el significado que tiene para ella el 8M. Aberasturi habla desde su propia experiencia dentro del sector, consciente de que su recorrido no tiene por qué reflejar el de todas las actrices, pero convencida de que la igualdad sigue siendo un objetivo en construcción. “Yo creo firmemente en luchar por derechos iguales en hombres y mujeres”, afirma. A su juicio, se han producido avances en los últimos años, aunque insiste en que eso no significa que haya que parar de pelear por una verdadera equidad entre hombres y mujeres. “Creo que lo estamos haciendo bien, pero todavía queda camino por recorrer”, concluye.