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"Tenemos ropa suficiente para toda la vida en nuestros armarios"

Koopera reúne en Bilbao a instituciones y marcas para impulsar el futuro circular de la moda

"Tenemos ropa suficiente para toda la vida en nuestros armarios"José Mari Martínez

Cada ciudadano tira a la basura alrededor de 19 kilos de ropa al año, una cifra que no para de crecer, impulsado por la fast fashion y las plataformas de venta on line. "Tenemos ropa suficiente para vestirnos durante toda la vida en nuestros armarios", advierte Anna Cañadell, confundadora de Bcome, una empresa que mide los impactos sociales y medioambientales de cada prenda. Koopera reunió el pasado viernes en Bilbao a instituciones y marcas para analizar y concienciar sobre el futuro circular de la moda, una industria que sostiene millones de puestos de trabajo pero que se calcula es la responsable del 20% de la contaminación del agua del planeta.

Todas ellas comparten un mismo mensaje: hay que poner freno a ese consumo desenfrenado, ese modelo de usar y tirar que se ha generalizado en la sociedad actual. "El planeta nos va a dar una patada en cualquier momento", advierte Víctor Serna, cofundador de Loreak Mendian, marca que ha integrado el consumo responsable y la sostenibilidad como pilares fundamentales de su filosofía. "Al principio nos era muy difícil hablar de conceptos como algodón orgánico, porque era algo a lo que las personas no estaban acostumbradas", recuerda sobre sus orígenes. La empresa aboga por establecer "relaciones de confianza" con sus proveedores, que busca que cumplan con unos estándares de sostenibilidad ambiental y social, certificando, por ejemplo, en qué condiciones trabajan las personas que producen la materia prima de las que se abastecen. "Tiene que ser una cadena que se basa en la confianza", incide. "La certificación debería ser obligatoria en toda la cadena de valor, desde la materia prima hasta el final de la vida útil, porque hay poliéster, plástico, que también hay que reciclar", coincide también Maia Curutchet, directora creativa de SKFK. Más aún cuando hasta el 80% del impacto ambiental se produce en el proceso de producción de los tejidos, frente al 20% restante que recae en la confección y el transporte.

Cañadell señala que son pocas las marcas de ropa que "se atreven a saber cuáles son los impactos ambientales y sociales de sus materias primas", un paso que permitiría también a los consumidores optar por firmas más respetuosas. Y, son "las más pequeñas" las que más certifican su proceso, según apunta Mari Luz Ferro, coordinadora general de Koopera, a cuya planta de separación llegan cada día dos tráilers llenos de ropa que los ciudadanos depositan en los contenedores específicos. "No hace falta producir más prendas", apuesta. En la misma línea, la cofundadora de Bcome alerta de que "tenemos ropa suficiente para vestirnos durante toda la vida en nuestros armarios" aunque reconoce que "la industria de la moda no se puede parar de repente. Da empleo a millones de personas en el mundo: en Portugal, India, Bangladesh... Tenemos que cuidar el planeta pero con un plan acorde y castigando al que no lo está haciendo bien".

"Debería considerarse obsceno"

Para Serna, el ritmo de consumo actual es "algo estructural" por lo que haría falta variar los propios valores, "la percepción" de los ciudadanos. "Debería ser considerado obsceno que una persona luzca una prenda diferente cada día", cita como ejemplo. La coordinadora general de Koopera comparte esa visión. "A todos nos gusta vestir y cambiar de look; la moda es emoción pero cuando cualquier prenda nos llega a golpe de click ha perdido el rumbo", señala. Un ejemplo claro: "en Barcelona entra más gente a Primark que a la Sagrada Familia", relata Ana Cañadell. Todos ellos han coincidido en la necesidad de regular este ámbito. "Cuando las personas no somos conscientes de las cosas son los políticos los que deben poner límites: cómo y cuánto se consume. Como con los coches, que pueden correr una barbaridad pero se ha limitado la velocidad a la que deben circular", pide el confundador de Loreak Mendian.

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A esos requerimientos han respondido también los interpelados. Las interpeladas, en este caso. Como la eurodiputada Idoia Mendia, que recuerda la tasa que ha aprobado el Parlamento Europeo de tres euros para los envíos de menos de 100 euros en las aduanas europeas, un dinero que se destinará a reforzar esos controles, "escasos de personal y donde es difícil impedir que entren productos que son perjudiciales para los ciudadanos". En un nivel más cercano, la directora de Comercio del Gobierno vasco, Izaskun Gómez-Cermeño, se muestra convencida de que el comercio local, de proximidad, "es el modelo más sostenible", no solo porque reduce los desplazamientos sino también "porque compramos lo que realmente necesitamos" y no de forma tan impulsiva como a través de internet". Insiste en la necesidad de seguir llevando a cabo campañas de información y sensibilización, "para explicar lo que hay detrás de cada prenda que compramos en Shein o Temu: condiciones de trabajo indignas y materias primas contaminantes".

Hay también motivos para la esperanza. En las calles están proliferando las tiendas de arreglos de ropa y cada vez son más los jóvenes que valoran la moda vintage, los artículos de segunda mano bien hechos. Rosa Martínez, secretaria de Estado para la Inclusión, no deja pasar la oportunidad de ejercer de "abogada del diablo. Puede haber un efecto rebote: como podemos dar una segunda vida a la ropa nos puede llevar a comprar de forma más compulsiva. Los armarios de ropa son de los espacios más llenos y menos utilizados en las casa. Tenemos que reducir el impacto de ese consumo", ahonda.