Izaskun Soto (Zaratamo, 1995) participó este pasado jueves como ponente en el ciclo “12 meses 12 arquitectas” que la delegación en Bizkaia del Colegio Oficial de Arquitectos Vasco-Navarro (COAVN) organizó con el objetivo de visibilizar el trabajo y la aportación de las mujeres en este sector. Arquitecta y urbanista de profesión, Soto trabaja desde la empresa Hiritik At para hacer de los pueblos lugares más habitables para sus vecinos y vecinas. 

¿Cómo es ser mujer en el sector de la arquitectura?

El sector es muy amplio y habría que analizarlo por subámbitos, pero a priori diría que es un sector masculinizado. Al igual que en el ámbito académico la presencia de las mujeres en la docencia es más alta, a la hora de ver quiénes construyen, los nombres que salen son de hombres. 

En este sentido, ¿tuvo alguna referente cuando empezó a estudiar?

Diría que en el ámbito de la arquitectura, mujeres referentes, pocas. En casa escuchaba nombres como el de Norman Foster o Frank Gehry, seguramente por lo que supusieron para Bilbao. Cuando empecé en la universidad si aparecía un nombre de mujer era como la mujer de él, del maestro de la arquitectura. La mujer siempre quedaba en un segundo plano aunque seguramente tendría una parte importante en el trabajo. 

¿Cree que las mujeres aportan miradas o enfoques distintos en la práctica arquitectónica?

Sí, sin duda. En el urbanismo se ve claramente. Cuando se diseñaron las grandes ciudades se realizaron desde el punto de vista más androcéntrico porque era el hombre quien iba a trabajar. Las carreteras tenían más importancia porque ellos tenían que utilizar el coche. En el momento que la mujer empezó también a hacer trabajos productivos, porque de los reproductivos ya se encargaba, esos viajes diarios se empezaron a complejizar porque aparte de ir a trabajar seguían haciéndose cargo de las necesidades básicas. En el momento que entra la perspectiva de la mujer, se empieza a poner el foco en los espacios de la vida cotidiana y en facilitar esas labores más de cuidados y del día a día.  

¿Hoy en día se construye teniendo en cuenta las necesidades de todas las personas?

Yo creo que se está trabajando en ello. Cada vez somos más las que ejercemos esta práctica desde una perspectiva de género o teniendo un poco en cuenta la diversidad de la sociedad. Por ejemplo, antes no se colocaban ascensores o rampas y no se ponía en el centro a las personas con movilidad reducida o el hecho de poder subir el carrito de la compa. Con el tema de la accesibilidad se está poniendo en el centro a las personas y su día a día.  

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Esto es utilizar la arquitectura como herramienta de transformación social. Usted siempre lo ha entendido así, ¿verdad?

Desde mi punto de vista la arquitectura y el organismo siempre han sido prácticas o herramientas para facilitar la vida de las personas o de las usuarias. El espacio produce y reproduce los valores de la sociedad, entonces tenemos que tener en cuenta que el espacio no es neutro y depende cómo lo construyamos nos va a afectar de una forma o va a reproducir unos valores u otros. Hay que tener en cuenta las necesidades de la comunidad, no construir como a mí me apetezca.

¿Considera que Bilbao es una ciudad adaptada a las necesidades de las personas? 

Eso habría que preguntárselo a las vecinas y vecinos, sobre todo de los barrios. A priori diría que igual en algunos momentos se sacian más o se suplen más las necesidades de la persona que viene a visitar, del turista. Si miramos por ejemplo Zazpikaleak y nos fijamos en los bajos comerciales, cómo han cambiado en los últimos años... Muchos de los locales ahora se han convertido en tiendas de souvenirs o en cadenas y yo creo que eso influye en los residentes que ahora igual no pueden comprar donde siempre.

Y en su opinión, ¿cómo deberían ir evolucionando las ciudades para adaptarse a las necesidades humanas y, por ejemplo, a los efectos del cambio climático? 

A veces tendríamos que hacernos la pregunta al revés. En favor de qué necesidades se ha construido hasta ahora. Cómo ha influido lo que se ha hecho en el cambio climático. Porque ahora revertir todo lo hecho no es fácil. Pero bueno, sí que diría que el objetivo debe ser conseguir ciudades y pueblos más habitables, más sostenibles, más paritarios que hagan frente al modelo económico actual que ecológicamente es insostenible y es un generador de desigualdades. Una transición ecosocial donde el tejido público-comunitario se refuerce. Ir tejiendo esas redes para poder llegar a estos territorios más habitables y soberanos.

¿Vamos por buen camino?

Diría que justo lo público-comunitario sí que está cogiendo su camino. Nosotras estamos trabajando en algunos proyectos que nos generan el optimismo de que puedan llegar a ser buenas prácticas para luego poder reproducirlas en otros lugares. Creo que tenemos mucho camino que recorrer, pero se está haciendo.