Las exhumaciones de Orduña siguen ayudando a cicatrizar y cerrar heridas
Los restos mortales de Manuel León Gómez, una de las víctimas de la prisión franquista que funcionó en la ciudad entre 1937 y 1941, descansan ya en su localidad de origen
Las tres campañas de exhumación llevadas a cabo entre 2014 y 2024 en el cementerio de Orduña han permitido recuperar restos humanos pertenecientes a 93 personas. Se trata de prisioneros de guerra o cautivos del campo de concentración abierto en julio de 1937 en las dependencias del antiguo colegio Padres Jesuitas que en octubre de 1939 se transformó en una prisión central del régimen franquista.
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Allí fallecieron, al menos, 225 personas debido a las condiciones de vida infrahumanas que sufrían. Gracias a las labores de investigación se ha podido saber que más de la mitad (127) eran de origen extremeño, 41 de Castilla La Mancha (34 de Ciudad Real, 4 de Toledo y 3 de Albacete), 22 trasladados desde la prisión de Málaga, 7 de Tarragona y los 28 restantes eran naturales de otras provincias del Estado.
24 personas identificadas
Localizar y recuperar los restos de estas personas desaparecidas es un primer gran paso. Su identificación y entrega a los familiares es el gran reto para cerrar heridas. El Instituto de la Memoria, la Convivencia y los Derechos Humanos Gogoraha logrado ya poner nombre y apellidos a 24 de los cuerpos exhumados en Orduña y todo parece indicar que los restos que quedan por identificar pertenecen a presos fallecidos entre marzo y junio de 1941, cuando se cerró definitivamente el penal.
Manuel León Gómez ya está en casa
El último en regresar a su lugar de origen ha sido Manuel León Gómez. Natural y vecino de Valenzuela de Calatrava (Ciudad Real), estaba casado y el matrimonio tuvo dos hijos. Gracias a los datos aportados por Gogora se sabe que Manuel ingresó en la Prisión Provincial de Almagro el 1 de mayo de 1939 acusado de adhesión a la rebelión y fue condenado a 30 años de reclusión. El 7 de diciembre de 1939 es trasladado a la Prisión Central de Orduña donde fallece el 19 de abril de 1941 a los 57 años de edad, a causa de hemorragia cerebral según el certificado de defunción.
El cuerpo de Manuel fue recuperado en la primera exhumación realizada en el camposanto de Orduña en 2014, donde se localizaron los restos pertenecientes a 14 personas. Al igual que en otros muchos casos, el vecino de Valenzuela de Calatraba constaba como 'no identificado' y fue inhumados en el Columbario de la Dignidad de Orduña en 2022, durante la ceremonia de inauguración de este espacio dedicado a la memoria y la dignidad.
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Allí ha permanecido a la espera de una identificación que ha sido posible gracias a que, el pasado verano, una biznieta de Manuel contactó con Gogora. En ese momento se inició el protocolo de toma de muestras genéticas y su cotejo hasta que, finalmente, se ha podido confirmar la identidad de su familiar.
Y Manuel León Gómez ya descansa en su lugar de origen. La familia recibió el pasado viernes sus restos mortales en el Ayuntamiento de Valenzuela de Calatrava (Ciudad Real) en el transcurso de un sencillo y emotivo acto que contó con la presencia de consejera de Justicia y Derechos Humanos, María Jesús San José, el director de Gogora, Alberto Alonso, y el alcalde del municipio, Honorio Cañizares.
Una vez finalizado, la familia inhumó los restos de Manuel en el cementerio de la localidad.
Gogora, Euskal Prospekzio Taldea y Aranzadi
Este es un nuevo resultado positivo del ‘Programa de Búsqueda de Personas Desaparecidas durante la Guerra Civil’ que lleva a cabo Gogora, con el objetivo de buscar, recuperar e identificar a los muertos en la guerra y los primeros años de la dictadura franquista.
En las diferentes etapas del proceso hasta llegar a la identificación participan el Euskal Prospekzio Taldea, encargado de localizar los posibles enterramientos de víctimas de la Guerra Civil; la Sociedad de Ciencias Aranzadi, que realiza la exhumación de los restos y el análisis forense; y el laboratorio Biomics de EHU, encargado del análisis y cotejo de las muestras de ADN.
Tal y como destaca Gogora, esta iniciativa "contribuye a cicatrizar el sufrimiento de los familiares de las personas desaparecidas, identificándolas y devolviéndolas a sus familias", y es un proceso que "dignifica a la sociedad en su conjunto, al otorgar a estas víctimas el lugar que merecen en la memoria colectiva".