El trágico accidente ferroviario en Adamuz ha revivido los recuerdos de la Dana de Valencia, otra ocasión que movilizó la solidaridad llegada desde diferentes lugares del Estado. En aquel momento, voluntarios y voluntarias de Protección Civil de Balmaseda no dudaron en acudir a las zonas afectadas para distribuir artículos de primera necesidad y colaborar en todo lo que se pudiera. Una entrega reconocida con la concesión por parte del ministerio del Interior del Distintivo Honorífico de participación en los dispositivos de emergencia y seguridad.

La resolución publicada en el Boletín Oficial del Estado destaca “el gran espíritu de sacrificio y entrega” demostrado en los varios viajes que integrantes de la dotación han realizado a Valencia desde el fatídico 29 de octubre de 2024.

Una vez sobre el terreno, las personas que partieron de la villa encartada y los compañeros de otras dotaciones vizcainas con los que coincidieron no pudieron evitar sentirse sobrepasados porque “lo que vimos superaba con mucho a lo que se emitió por televisión”, reconoció Enrique Pastor, jefe de Protección Civil de Balmaseda.

Aportaron su ayuda en centros de recepción y entrega de material de primera necesidad en las semanas inmediatamente posteriores en las que costó recuperar el pulso de la vida normal en los municipios dada la magnitud de lo ocurrido. “Organizar, clasificar, cómo ir repartiendo, dar salida a mucho material” ocupó las primeras jornadas en las que constataron cómo desde otros puntos la gente se volcó enviando “mascarillas que no se habían utilizado en la época del covid” o ropa.

Con el tiempo, “las necesidades van cambiando”. Así, meses más tarde transportaron hidrolimpiadoras donadas por el Balmaseda Fútbol Club para las protecciones civiles de Catarroja y Paiporta. Protección Civil de Balmaseda también colaboró en el reparto de muebles y colchones en viviendas de distintas localidades.

Sobre todo, les impactó profundamente “escuchar a todas las personas” devastadas por las pérdidas humanas y materiales y con necesidad de “contar sus historias y que empaticen con ellas”. Les pedían que los focos no se apagaran cuando la actualidad siguiera su curso. “y nos daban las gracias por haber venido”, nos abrazaban y nos preguntaban cómo nos habíamos desplazado desde tan lejos”.

Con las inundaciones de 1983 en la memoria, el impacto de lo que presenciaron en Valencia las supera. Recordaba Enrique Pastor el cartel que veían en un establecimiento de hostelería al emprender su jornada de trabajo: este es el fin del bar.

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Desde noviembre. Pocos días después de la tragedia del 29 de octubre de 2024 en Valencia, Protección Civil de Balmaseda desembarcó en las zonas afectadas junto con otras dotaciones procedentes de Bizkaia. Aquellos primeros días las labores se centraron en hacer llegar artículos de primera necesidad donados en Enkarterri y colaborar en su distribución desde el centro de logística. Con el tiempo, “las necesidades van evolucionando”. Lo que no cambia fue el afecto y agradecimiento expresado por vecinos y vecinas de la zona es las sucesivas visitas.