Aquella huelga de txikiteros que duró nueve días

El 30 de junio de 1965 cuadrillas de Durango abarrotaron el salón de plenos municipal para denunciar el incremento de un 43% del txikito

11.10.2021 | 00:11
Cuadrillas de txikiteros reunidos en el Ayuntamiento de Durango.

Petición y permiso. Foto: Archivo Municipal de Durango
E sta no es una fake new. Es decir, no es lo que hoy en día se conoce como noticia falsa o bulo. A pesar de sus ingredientes cinematográficos de una película de José Luis Cuerda, por ejemplo, o de un capítulo televisivo de Vaya semanita, aconteció en Durango. Ocurrió hace 56 años, el 30 de junio de 1965 para ser exactos, y los documentos del Archivo Municipal de la localidad así lo corroboran. Una historia curiosa para recordar hoy, jornada en la que se honra a la Amatxu y los txikiteros celebran su día.

Cuadrillas de la villa del sureste vizcaino protagonizaron una huelga por el incremento del precio del txikito en bares en la localidad. La subida fue desorbitada y no la permitieron. Salieron, de hecho, ganadores de un pulso que duró un total de nueve días. Por hacernos una idea del año que se vivía, la dictadura totalitarista de Franco permitió la lectura directa del Evangelio y epístolas en lenguas vernáculas; en Bilbao se inauguraba la primera Feria de la Industria Eléctrica y Maquinaria de Elevación y Transportes, y Naciones Unidas votó en Nueva York una resolución en la que se instó al Gobierno de España, como "país invasor", a descolonizar los territorios de Ifni y Sáhara Occidental.

En Durango unas cuadrillas de txikiteros solicitaron al alcalde franquista de la localidad, e incluso a Gobernación, poder celebrar una reunión en el salón de plenos de la casa consistorial del municipio. Querían poder reunirse para debatir en torno a la subida del precio del txikito que taberneros habían disparado de 70 céntimos a redondear en una peseta. El incremento era del 43%.

Cuatro durangueses, en nombre de una "comisión", firmaron una petición al "señor alcalde" en la que tras el saludo, daban cuenta de la razón de la misma: "Con motivo de la subida del chiquito de vino, de 0,70 pesetas a 1 peseta, varias cuadrillas de chiquiteros del pueblo hemos acordado reunirnos para tratar de conseguir una solución favorable al problema". Dos rúbricas son legibles: Julián Conde y J. M. Aguirre. Los solicitantes argumentaban al regidor Valentín Eguidazu que su intervención sería pacífica. "Creemos que esta intervención nuestra de intentar solucionar un problema social, aunque sea pequeño, no será motivo de desorden en el pueblo", tratan de tranquilizar e incluso van más allá: "Opinamos que debemos intervenir, máxime cuando no existe una razón fundamental por parte de quienes han acordado la subida".

 

El mismo día de la reunión, el 30 de junio, el secretario local, en nombre del alcalde-presidente, dispuso dar su beneplácito. Le respondió a Julián Conde lo siguiente y literal: "Vista la petición suscrita por varios vecinos en solicitud de autorización para utilizar el Salón Capitular de esta Casa Consistorial para celebrar una reunión con motivo de la subida del 'chiquito' de vino tinto, he decidido, teniendo en cuenta que se trata de una reunión que tiene por objeto tratar de la reducción del precio de un artículo de consumo, autorizar la celebración de la misma el día de hoy a las ocho y media de la tarde" decretó, según pormenorizan los documentos que el exarchivero municipal de Durango, José Ángel Orobio-Urrutia, ha facilitado a este periódico.

Otro vecino de la villa es quien ha escrito sobre este suceso y lo dejó reflejado según su impronta en un libro publicado en el año 2000. Jesús Iturralde Garai es el autor de Anecdotario de Durango. A su juicio, "la movida fue instantánea" y tras una primera reunión en la plaza del mercado, "se concedió la sala de plenos para llevar a cabo el mitin", precisa Iturralde. En el volumen editado por la Sección de Cultura de la Congregación Mariana de Durango, quedó impreso que si los taberneros informaban a las cuadrillas de que el txikito costaba una peseta, le respondían tajantes: "Vale, pues te lo bebes" y, a continuación, "sacaban la bota de vino y se la iban pasando ante los morros del hostelero". De ese modo, hacían la ronda en su taberna e iban a la siguiente.

La huelga, según matiza Iturralde, duró un total de 9 días. "¿Resultado? Triunfo de los txikiteros", enfatiza el autor, quien antes de concluir su exposición da muestras de la solidaridad de aquellos que abarrotaron la sala de plenos del Ayuntamiento. "Todos los bares volvieron a cobrar 70 céntimos, menos un indulto que hicieron al bar Juego de Bolos porque había efectuado grandes obras de acondicionamiento y los txikiteros supieron apreciarlo". Al dueño se le permitió cobrar el vaso de vino a peseta.

Los taberneros redondearon el precio de 70 céntimos a una peseta, algo que no gustó a los txikiteros, que hoy celebran su día grande


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