EL pistoletazo de salida lo dio Perros callejeros en 1977. José Antonio de la Loma, hijo de militar, era profesor de chicos marginales a finales de los 40 y experimentado director de géneros una década después. Acudió al Tío Manolo, patriarca del conflictivo barrio de La Mina de Barcelona, para que le echase un cable con el reparto de una película que pretendía tratar el problema de los quinquis. Al cineasta le sedujo la vida de Juan José Moreno Cuenca, El Vaquilla, un golfo que desde niño se lo montaba de tirones, robos de coches, pequeños palos y atracos a mano armada. A los 13 años ya se había fugado de todos los reformatorios habidos y por haber. El Vaquilla no pudo protagonizar Perros callejeros por estar en prisión y “además, como actor era negado. Para la delincuencia el mejor; pero como actor, cero”, dijo De la Loma. Así que uno de sus amigos, Ángel Fernández Franco, El Trompetilla y desde entonces El Torete, sería el elegido.

Viene al caso este recuerdo del cine quinqui, habida cuenta de que, por obra y arte de la agrupación Caostica, se desarrolla estos días en Bilbao la novena edición del festival Gizazinea (jornadas educativas que aúnan lo valores y los derechos humanos con la creación artística y audiovisual dice el programa de mano...), que ayer proyectó, en la sala Bilborock, el documental ficcionado Quinqui Stars, obra de Juan Vicente Córdoba, poseedor de dos Goyas por Cabezas habladoras y Una caja de botones. En este caso, Juan Vicente explicó cómo puso sus ojos en aquel cine quinqui para regresar a los barrios de los que nació de la mano de De la Loma (Perros Callejeros y Yo, el Vaquilla, entre otros...) Eloy de la Iglesia (La estanquera de Vallecas o El pico) y Carlos Saura (Deprisa deprisa...) y detectar cuáles son los quinquis de hoy, el caldo de cultivo del siglo XXI. Le atribuye tal honor al rap y el trap. Ahí es donde nace la ficción.

curiosidad El leit motiv que ha incentivado a Juan Vicente despertó la curiosidad de los asistentes a la proyección. Entre ellos se encontraban Xabier Uria y Juan Dopiko, integrantes de Caostica, Nitya López, Iñigo Portillo, Irati Txopitea, Ibone Lorenzo, Javier Bárcena, Pablo Volovich, Nora Casal, Danel Eizagirre, Iñaki López de Aguileta, Koldo Atxaga, Lander Fontaneda, Verónica Vargas, Guillermo Rojo, Sara Ruiz, Pablo Rivero, Alicia Gutiérrez, Roberto Ortega, Tomás Facio, Idoia San Cristóbal, Jon Alonso y Matxalen Ruiz entre otras.

La grabación de Juan Vicente se mueve en la frontera entre el documental creativo y la ficción. Comienza en los años de las transformaciones ocurridas entre los años 70 y 80 en las barriadas periféricas que abocaron a muchos jóvenes hacia la delincuencia. Aquel cine es un documento histórico que traza un imaginario de lo que ocurrió entonces y la actualidad. Un fenómeno cinematográfico, el de la delincuencia juvenil, que vivió años de apogeo.