Bilbao - El acusado de matar a su novia el 3 de octubre del año pasado en un piso de Erandio admitió haberlo hecho, aunque sin pensarlo, apretando un cojín contra la cara de la mujer, de la que en el momento de los hechos pensaba que era “una infiltrada”, que formaba parte de “un complot” contra él. La Audiencia de Bizkaia acogió ayer la primera sesión del juicio con jurado contra J. V. D. G., de 39 años, quien también admitió que ocultó el cadáver de su novia debajo de la cama del dormitorio, donde fue hallado por agentes de la Ertzaintza dos días después de los hechos.
El Ministerio Fiscal, la acusación particular y el abogado del Estado -personado en el caso por tratarse de un delito de violencia de género- piden para el acusado 14 años de prisión por un delito de asesinato con alevosía, con las circunstancias agravantes de género y parentesco, y la eximente incompleta de enajenación mental. Estas partes consideran que el acusado en la fecha citada tenía las facultades mentales disminuidas, pero “no anuladas. Sabía que estaba matando a Almudena”, sostienen.
Según la Fiscalía, J. V. D. G. creía que existía un “complot” en su contra y culpaba de todo lo malo que podía ocurrir a dos antiguos compañeros del colegio de hace 25 años. El acusado, que indicó que mes y medio antes de los hechos había dejado de tomar las pastillas antidepresivas y antipsicóticas con las que se estaba tratando, señaló que en su vida pasaban “cosas raras”. Señaló que creía que había “un complot” contra él y que el día de los hechos pensó que su novia era “una infiltrada” y le engañaba.
Persona extraña El hombre relató que a primera hora de la tarde del 3 de octubre de 2015 recogió en su coche a la víctima y juntos fueron al domicilio que compartía el acusado con su madre en Erandio. Explicó que ese día veía a su novia como una persona extraña, “ajena” a él, y que cuando se quedaron solos se hicieron unas fotos para demostrar que la mujer que aparecía en el DNI de la víctima no era la misma persona que le acompañaba en ese momento.
Estaba “cada vez más paranoico” y tras tocar el pecho a la mujer y comprobar que estaba alterada, se giró hacia ella sin pensar en “lo que hacía”, hizo “amago” de agarrarla por el cuello y los dos cayeron al hueco entre dos sofás del salón de la casa, donde se encontraban. Instándole a que le dijera “cuál era el plan”, el hombre comenzó a ponerle y quitarle un cojín en la cara hasta que la mujer le contestó que hablaría y que sus antiguos compañeros de colegio “querían verle muerto o en la cárcel”. Según dijo, en ese momento “no pensó lo que hacía” y apretó más el cojín contra la cara de su novia, quien acabó falleciendo. En contra de declaraciones anteriores, el hombre afirmó que la mujer opuso resistencia y que le rompió un botón de la camisa y le dio un puñetazo en la boca. El acusado también admitió que puso una bolsa de plástico en la cabeza de la víctima para “no verle la cara” y que escondió su cadáver debajo de la cama de su habitación para que no lo viese su madre cuando volviese y con el fin de que le diese tiempo a escribir una nota de suicidio, que dejó encima de la cama. J. V. D. G. señaló que después tomó muchas pastillas y se tumbó en el coche “esperando no despertar”, pero vomitó y tuvo alucinaciones hasta que fue detenido. - Efe