Balmaseda camina tras los pasos de la pintora Mari Dapena
Visitas guiadas y talleres de grabado complementan la exposición que alberga el Museo de las Encartaciones
Balmaseda - “Era una señora especial, desprendía energía. Nosotras disfrutábamos escuchándola cada vez que venía de visita”. Han pasado 21 años desde su muerte, pero Ana y Cristina Rodet aún recuerdan las tertulias que mantenía con el también pintor Roberto Rodet, de cuya mano empezó su trayectoria artística. Su talento “estaba al mismo nivel que Agustín Ibarrola”, según aseguró Marta Pereda, comisaria de la exposición sobre Mari Dapena que alberga el Museo de las Encartaciones. Y, sin embargo, sigue siendo una desconocida para muchos, incluso dentro de Balmaseda, el municipio en el que creció. Por ello, en Abellaneda aprovechan la muestra para reivindicar su vida y obra a través de visitas guiadas como la que ayer recorrió los escenarios de su juventud.
Nacida en una familia “marcada por el compromiso desde el siglo XIX”, Mari Dapena llegó a la villa encartada a los doce años, escapando de la Guerra Civil, de Palencia a Santander, y por último a Balmaseda, para refugiarse en casa de su abuela materna. “Cuando encarcelaron a su padre les enviaron a ella y a su hermano. La idea de la huida está muy presente y parece que la historia se repite en el momento en el que ella es apresada”, relacionó la comisaria de la exposición.
Al establecerse en Balmaseda retomó sus estudios en las escuelas de la plaza de San Juan que se transformarían en la actual kultur etxea y fue entrando en contacto con el movimiento cultural del municipio. Su centro se situaba en el local de la calle Martín Mendia que hoy acoge la sastrería Andrade de la calle Martín Mendia, escenario de debates en los que “los asistentes expresaban sus inquietudes” en el contexto opresor de la dictadura.
Mari Dapena dio sus primeros pasos con el pincel de la mano de y la figura más representativa del universo artístico local, poseedora de una gran bibliografía sobre arte vasco”. En el estudio del aludido, Roberto Rodet, en la plaza de San Severino, comenzó la excursión de ayer, a la que se apuntaron más de veinte personas. “No deja de sorprender que en Balmaseda coincidieran dos trayectorias tan sobresalientes”, destacó Arantza Pereda. En una época en la que desplazarse a Bilbao “en el tren de La Robla representaba toda una aventura” Rodet y Dapena redescubrieron el Museo de Bellas Artes. “Mari se fijó en la obra de Aurelio Arteta, uno de los introductores de las vanguardias en su generación”. Aunque abandonó Balmaseda al casarse en 1949 “para trasladarse a vivir a Portugalete y a Santurtzi a su salida de la cárcel, en 1964, Mari Dapena nunca perdió el contacto con la villa, como atestiguan los testimonios de las hijas de Roberto Rodet sobre las conversaciones de ambos. Ni la hospitalidad de la que hablan sus amigos. “Sus casas siempre se convirtieron en centros de reunión que frecuentaron Blas de Otero y Gabriel Celaya, entre otros”, detalló Arantza Pereda. Marta Brancas escuchó atentamente todas las explicaciones. Conoció a Mari Dapena en debates literarios del Bilbao de la década de los sesenta. “Yo era muy joven, ella tenía hijos de mi edad. Me trataba con un respeto enorme, era muy activa, inquieta... una intelectual que lo tenía todo: pintaba, esculpía y escribía tanto prosa como poesía”, describió. Marta vivió de cerca otra faceta de la artista, “su afán por democratizar el arte, sacarlo del enclaustramiento de los museos y acercarlo a todo el mundo” mediante exposiciones colectivas en ayuntamientos y colegios”. Sus estudios universitarios en Madrid la alejaron de Bizkaia. Restableció su relación con Mari Dapena en los últimos años de la artista, cuando se afincó en Nava de Ordunte, cerca de Balmaseda. “Me parece maravilloso que le hayan dedicado la exposición que merece”, elogió. Arantza Pereda, que ha trabajado junto con el director del Museo de las Encartaciones, Javier Barrio, para reunir unas sesenta obras, procedentes sobre todo de fondos familiares, cree que “Mari Dapena posee una importancia capital en el arte vasco, a la altura de Agustín Ibarrola”. Les gustaría que “la primera retrospectiva en su honor” sirva para catalogar más cuadros, ya que “es posible que muchos se conserven en colecciones particulares” y divulgar su legado como se merece.
En este sentido, las visitas guiadas se repetirán hasta fin de año junto con talleres de grabado en las salas del museo de las Encartaciones en la Casa de Juntas de Abellaneda. Los siguientes tendrán lugar los días 19 de junio, 2 de octubre, 13 de noviembre y 4 de diciembre.
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