Se hace camino al andar, dice el poema de Manchado que mejor refleja la soledad del hombre que conversa consigo mismo. De eso se trata, de hacer camino en compañía, de buscar la socialización de las personas mayores y mejorar su salud en todos sus niveles. Así surge la red de caminantes de Bilbao que ha cautivado ya a muchos de los mayores de la villa. De hecho, cada día alrededor de un centenar de personas se juntan para pasear a paso ligero, pero sin dificultad. Y unidos por esta afición ponen los cimientos de nuevas amistades con las que compartir inquietudes.
La iniciativa del Área de Salud del Ayuntamiento de Bilbao nació hace cuatro años pero el pasado ejercicio quedó en suspenso. Ahora, la red de caminantes recorre de nuevo Bilbao. La experiencia ya se ha presentado en uno de los ambulatorios de la capital, en concreto en el de Zurbaranbarri, animados por el departamento de Salud del Gobierno vasco, con la pretensión de que sean los propios médicos los que informen a los usuarios de esta terapia saludable para la tercera edad. "Los recorridos son todos muy bonitos, sin dificultad, con zonas de descanso, agua y baños. Se trata de que hagan ejercicio, pero también de combatir la soledad", señala Mariano Gómez, concejal del Área de Salud del Ayuntamiento de Bilbao.
Cada martes y jueves, una media de cien bilbainos quedan para caminar y paso a paso aprovechan para combatir la soledad que aparece sin pedir permiso cuando la edad avanza. En Bilbao, esta generación de mayores, alrededor de 100.000 bilbainos, es con diferencia la más cuantiosa.
Son doce recorridos que no entrañan dificultad, tienen una duración de unas dos horas y una distancia de alrededor de los seis kilómetros. Los caminantes no dejan de sorprender a los bilbainos con los que se encuentran en las calles de la ciudad. "¿Son ustedes de alguna excursión? ¿Tal vez turistas?", pregunta otro grupo de jubilados que se encuentra al cobijo de la estación de Atxuri ante el temor de que llueva, al grupo de paseantes que atraviesa Atxuri. Cuando comprueban que son caminantes se muestran sorprendidos y la iniciativa les suscita curiosidad. "Igual hasta podríamos hacer también el recorrido, pero habrá que apuntarse, ¿verdad?", se interesan.
Esa es precisamente otras de las cosas que se agradecen. No hace falta apuntarse en ningún sitio, ni pedir permiso a nadie. Uno se levanta con temple para ir a andar y solo tiene que ponerse las zapatillas, llenarse de ganas y salir a caminar. Y, de paso, a relacionarse.
Monitores El éxito del programa tiene mucho que ver con sus monitores. "Si no fuera por Irene y Jon, no sería lo mismo", dice Mariano Gómez. Y no le falta razón porque los caminantes no solo se dejan guiar por estos jóvenes monitores, sino que sin ellos no son tan constantes.
Una de las citas parte de la plaza del teatro Arriaga. Desde allí, el camino discurre hasta la estación Atxuri por el muelle Marzana para atravesar el paseo de los caños y llegar a La Peña. La vuelta del recorrido deshace el camino andado pero quedan las experiencias, lo grato de la conversación y el placer de sentirse mejor. Felisa Rebollo (77 años) y Florentina Sánchez (78 años) han comenzado este año sus paseos por las zonas verdes de la ciudad. "Pero fuimos las primeras de la red de caminantes", dicen, orgullosas. Y eso que no es su única actividad, también hacen taichí.
Una de las jornadas se une a estos andarines un grupo de Durango. Los integrantes de este grupo son mucho más jóvenes que los habituales caminantes de Bilbao. Pero no es la primera vez que se incorporan al grupo organizado por el Ayuntamiento; pertenecen a un centro ocupacional de día del municipio durangarra y están contentos con la experiencia. Es el caso de Idoia, de 42 años, a quien le encanta tomar parte en esta red de caminos. "Nos viene bien hacer algo de ejercicio. Son paseos muy agradables", reconoce. Un compañero suyo del centro se une a la conversación para recordar los momentos que ha pasado en la ciudad. "Vivo en Durango y esto es muy grande: da mucha vida salir y hacer excursiones. Hay que buscar las buenas cosas de la vida y disfrutar con ellas", señala el joven. "Conocer gente y el ejercicio te distrae, la cabeza se acostumbra a pararse en lo malo. Pero hay que salir y tirar para adelante", afirma, convencido.
Como no está reñido andar y charlar, el paseo es una suma de retazos de las vidas de este grupo de casi cien personas. Germán fue carpintero pero ya se jubiló; en estos paseos ha conocido a otros compañeros y se siente a gusto. La actualidad manda y, entre paso y paso, los caminantes comparten comentarios y noticias. Los que conocieron otros años no pueden más que aplaudir y admirar los cambios que ha experimentado la villa. "El que haya estado fuera unos años, si vuelve ahora no reconoce la villa", dice Germán, que camina junto a Francisco y Segundo García. Con paso ágil, nadie puede sospechar que este último ha cumplido ya 80 años. Germán aún recuerda los años en los que, en plena actividad de Euskalduna, un bar que había allí enfrente daba hasta cuatro turnos de comidas.
Mayores activos No ha visto crisis como la de ahora aunque personalmente no pueda quejarse de la situación. "Ahora, los abuelos se están gastando todo lo que tenían para poder ayudar a sus hijos y nietos", señala. Según dice, antes había otros problemas y además Bilbao ha crecido mucho, pero no cree que se puede hablar de mayor inseguridad. "Yo no la percibo, al menos a la hora que yo vuelvo a casa no me siento inseguro", dice. Su mujer no está en el paseo porque, según cuenta, tiene problemas en las rodillas, así que hace su ejercicio en el gimnasio. No cabe duda de que son un matrimonio activo. "Y si me sobra tiempo voy a la huerta que tengo en Nabarniz. En casa la cabeza da vueltas y siempre al revés", constata.
Lo piensa él y muchas de las personas que hacen este paseo. Pradelina Fernández, de 72 años, lo dice a su manera. "Si se admiten sugerencias yo creo que hay que hacer más excursiones de día. Dos horas está bien pero es la forma de salir un poco". Cada uno debe afrontar una situación y en el caso de esta andarina le viene bien salir de casa y airearse de su responsabilidad de cuidadora. Ana García (65 años), Purificación González (70), María Teresa (71) y Pradelina (72) caminan en grupo rebosando energía. Ellas comparten la vida, andando el camino.