BILBAO. La luz de Bilbao se apagó para Iñaki Azkuna. El alcalde falleció a última hora de la tarde de ayer en su domicilio, rodeado de familiares y amigos íntimos, después de haber protagonizado una dura y ejemplar lucha contra el cáncer. Se apagó la luz sobre Azkuna, pero su estrella seguirá luciendo en la ciudad. Porque no hay rincón de la villa que no lleve la impronta del, sin duda, más relevante regidor que ha tenido nunca. Por su expreso deseo, no habrá capilla ardiente, por lo que el cuerpo fue trasladado ayer al tanatorio de Nuestra Señora de Begoña, donde se oficiarán unas exequias privadas e íntimas junto a sus más allegados. El funeral oficial se celebrará el próximo lunes en la catedral de Santiago.

A primera hora de la tarde de hoy, tras las pertinentes reuniones de interjuntas y del Bizkai Buru Batzar (BBB), el PNV anunciará el nombre de la persona que sustituirá al alcalde al frente del consistorio bilbaino hasta el fin del presente mandato, el año que viene. En las últimas semanas, el presidente del Euskadi Buru Batzar, Andoni Ortuzar, y la del BBB, Itxaso Atutxa, han mantenido diversas reuniones con burukides de la ejecutiva vizcaina y responsables del Ayuntamiento para prever la situación derivada del óbito ocurrido ayer y evitar un vacío en la institución.

Iñaki Azkuna (Durango, 14 de febrero de 1943) pasará a la historia como el Dalí de Bilbao, el hombre que cogió su paleta y dio color y alegría a una ciudad gris y fuertemente azotada por la desindustrialización. Llegó a la Alcaldía en 1999 y con él llevó la luz del futuro que hoy vivimos en presente. Había nacido en Durango, sí, pero nadie como él defendía la villa y a sus gentes. Orgulloso de sus calles, orgulloso de sus comercios... orgulloso de Bilbao. Su pasión contagiosa propició que la ciudad abriera las ventanas y se proyectara al exterior; una proyección internacional que lideró, aprovechando sus excelentes relaciones personales con políticos de todo el mundo, hasta colocar a Bilbao en lo más alto en plena crisis de los noventa.

Cuando, en 2008, la crisis volvió a aparecer, Azkuna tomó la makila y arengó a su equipo para que siguiera trabajando más fuerte, más duro. Porque esta era la principal cualidad del alcalde: sus dotes de mando, su visión, el saber rodearse de un grupo humano capaz y comprometido.

Todos estos factores, los personales y los profesionales son los que han propiciado los reconocimientos internacionales a la ciudad y a la persona. Azkuna fue elegido en 2012 Mejor Alcalde del Mundo. Pero no le gustaba alardear de ello y, cuando se le recordaba, el alcalde restaba importancia y apuntaba a otro reconocimiento que, este sí, le hacía sacar pecho y elevar la voz: que Bilbao esté en el top de los ayuntamientos más transparentes del Estado -"cayendo la que está cayendo", solía incidir-. Lo mismo que cuando se hablaba de la deuda. La deuda cero que tiene Bilbao. No es normal que una con dos décadas de transformación e inversiones millonarias, no deba nada a nadie. Esta realidad se debe a los esfuerzos y el rigor del alcalde para que se hicieran "los deberes", como le gustaba decir, y las cuentas estuvieran saneadas. Solo había una excepción: Zorrotzaurre, su proyecto, el que mimó desde el principio, convencido de que sería el último impulso que le faltaba a la ciudad.

Mayoría absoluta Es, precisamente, esta forma de ver y de hacer las cosas la que hizo que Iñaki Azkuna fuera elegido alcalde de la ciudad en cuatro elecciones consecutivas; cada vez con mayor ventaja, hasta la mayoría absoluta de los últimos comicios, la primera del PNV en Bilbao. Para ello tuvo el respaldo de los votantes nacionalistas, pero también el de muchos bilbainos que vieron en él confianza, respeto y admiración. Nadie más podía lograr algo semejante. Más allá de las siglas políticas, Azkuna pasará a la historia como el regidor que encandiló dentro y fuera de las murallas de la villa. Forma ya parte de ese elenco de alcaldes que trascienden al cargo y se convierten en líderes. Y eso no siempre es fácil de digerir para sus oponentes, habituados al duro debate político pero desarmados para luchar contra el carisma y el liderazgo del hombre.

Nacionalista, jeltzale, su peso político era innegable, aunque en ocasiones discrepara sin tapujo alguno de las directrices del partido. De hecho, tenía su propia opinión sobre todos los aspectos de la política, ya fuera vasca, española o internacional. Pero a él solo le importaban los problemas de Bilbao, "para hablar de lo demás, ya está el resto", zanjaba.

Honesto, trabajador, amigo de sus amigos y azote de quienes consideraba ajenos a los valores que un representante público debe preservar. Sus enfrentamientos con la izquierda abertzale han sido memorables, como su famosa proclama de "guerra al navajero" para devolver a la ciudadanía la percepción de que la villa es un lugar seguro para vivir.

Capítulo aparte merece su lucha contra el cáncer; una enfermedad que le fue diagnosticada en 2003, y que llevó con tremenda dignidad. El alcalde enfermo nunca perdió el pulso de la villa, acudiendo a su despacho cuando las fuerzas se lo permitían. Apareció brevemente en el Foro Mundial de Alcaldes en la Alhóndiga y allí recogió el cariño de la ciudadanía en forma de ovación. En los últimos meses se habló mucho de su sucesor en la Alcaldía; sin embargo, a él esta cuestión le molestaba. "Tengo intención de acabar la legislatura", acallaba cada vez que se intentaba abrir el debate. En febrero, tras desvanecerse en una reunión familiar, los peores augurios se confirmaron. El cáncer quería disputar la última batalla. Ayer la ganó, pero Iñaki Azkuna no cedió nunca. Como corresponde al mejor alcalde del mundo.