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La deconstrucción de Bilbao

La falta de espacio en la villa ha obligado en la última década a efectuar grandes derribos par ganar solares destinados a viviendas y zonas públicas

La deconstrucción de BilbaoNagore Centeno

Bilbao. Bilbao ha sido escenario en la última década de más de una decena de demoliciones de envergadura. Derribos de edificios, pabellones industriales, inmuebles docentes, una feria de muestras y hasta cuarteles del Ejército, intervenciones que han culminado este año con la desaparición del viejo campo de fútbol de San Mamés y la eliminación de los antiguos viaductos de Sabino Arana, todavía en plena actividad de desmontaje.

Una deconstrucción quirúrgica de la ciudad, de edificios obsoletos, que ha permitido a la capital vizcaina alumbrar extensos solares y parcelas con destino principalmente a la creación de nuevos barrios y manzanas de viviendas, tanto de protección pública como de venta libre. Y es que una ciudad como Bilbao, con apenas terreno limpio para crecer demográficamente (solo queda por culminar la operación Zorro-tzaurre, que también requerirá derribos) se tiene que reinventar y surgir de unas cenizas de escombro y hormigón.

Dos ejemplos claros son la urbanización de Garellano, cuyos tres primeros rascacielos ya empiezan a dar sombra, y el nuevo barrio que nacerá en la ribera del río Nervión a la altura de Bolueta. Proyecto este último, impulsado por el Gobierno vasco, y que parece gafado después de haber transcurrido una década desde que se vendió el inicio de las obras.

Otras parcelas renacidas o que están a punto de serlo son las del gaztetxe Kukutza de Rekalde; el viejo edificio RAG, los pabellones industriales de Krug, en Basurto; la Escuela de Magisterio, en Deusto; o el complejo de oficinas y pisos quebrado, que se ubicaba en los muelles de Uribitarte y el cual se ha convertido en una moderna puerta de cristal desde la ría hacia el Ensanche con los dos rascacielos del prestigioso arquitecto japonés Arata Isozaki.

Pero no solo se han comido a mordiscos manzanas urbanas para levantar pisos. También se ha intervenido para generar espacios de los que disfruten los bilbainos y sean símbolo de la evolución de la ciudad. El estadio de fútbol de San Mamés es el reflejo de la progresión de la villa: tirar el viejo campo para alumbrar el nuevo. Igual ocurre con los vetustos pabellones portuarios que antes se asomaban a la ría, las instalaciones de los astilleros Euskalduna y la playa de vías para mercancías de Renfe, demoliciones de finales del siglo pasado que han permitido crear Abandoibarra, el nuevo espacio lúdico de Bilbao por antonomasia.

Pero hay más. El derribo de los accesos viarios por Sabino Arana cambiará no solo el perfil visual de la avenida, también generará una nueva arteria oculta hasta ahora por la sombra de los viaductos y que está destinada a revitalizar toda la zona de Basurto. Una demolición única por su origen, la reivindicación vecinal durante más de quince años que, al final, ha obtenido sus frutos y va a permitir a miles de vecinos vivir sin contaminación acústica.

Evolución de los derribos Unos procesos de demolición que han ido mejorando ostensiblemente con los años. A las fórmulas bastas de antaño, donde se atacaban los edificios a base de bola de demolición y todos los restos se mezclaban para ir a una escombrera o rellenar vaguadas, les han sustituido sutiles procesos de desmontaje, casi ladrillo a ladrillo.

Una labor de destrucción etiquetada de ecologista que trata con precisión de cirujano todos los elementos que se encuentran en el inmueble a tirar. Comienza primero con la separación de piezas pequeñas como ventanas, puertas, barandillas metálicas, aluminio, cristales, PVC... materiales comunes que pueden ser reciclados en empresas autorizadas para su posterior uso. Así lo hicieron en la destrucción de la Feria de Muestras de Bilbao hace ya seis años y que fue la primera intervención de derribo verde que se efectuó en la villa.

Luego viene el tocho grande, todo el hormigón y el cemento armado que tras ser derribado se convierte, literalmente, en polvo usando máquinas trituradoras especiales. Un producto que sirve, por ejemplo, como base de carreteras o para cubrir las zanjas que se crean al retirar depósitos de combustible enterrados. Así ocurrió en la desaparición de los viejos cuarteles del Ejército de Garellano, ocupados en su última etapa por la Policía Municipal y el Cuerpo de Bomberos.

También han evolucionado a mejor los instrumentos de derribo. Ahora, las excavadoras son más grandes para ahorrar tiempo en la carga, se utilizan pinzas hidráulicas que muerden el hormigón armado con varillas y lo trituran sin compasión o se activan grúas gigantes como la que se va a usar en el desmontaje del resto de viaductos que quedan por abatir en los antiguos accesos de Sabino Arana.

Todo un proceso que además evita molestar lo máximo posible a los vecinos cuyas viviendas miran a la zona cero de turno. Manguerazos constantes de agua para bajar las nubes de polvo en suspensión o planchas metálicas que obstaculizan los restos que puedan saltar en el proceso de destroce para no alcanzar las fachadas colindantes son dos de los sistemas que se usaron en la demolición del viejo edificio del RAG, en el centro de la capital hace ya casi dos años.

En definitiva, una labor de destrucción que, paradójicamente, y a pesar de los nuevos condicionantes ecológicos, cuesta apenas unos meses llevarla a cabo, mucho menos tiempo que los años que se demora la construcción de cualquier edificio por pequeño que sea.