Urduliz

La esperanza puede adquirir infinidad de formas y colores. En el caso de Aimar del Pozo, Alluitz Arana y Maialen Aulestia, niños con enfermedades raras, esa esperanza es una calabaza de 105 kilos. Y es que su oronda y anaranjada figura puede ayudar a financiar los tratamientos a los que deben ser sometidos a causa de sus extrañas dolencias.

El artífice de esta iniciativa es Pedro Elordui, un urduliztarra que vio en las calabazas gigantes que siembra, una oportunidad de ayudar a los demás. Así las cosas, el año pasado repartió una calabaza gigante en rodajas a cambio de la voluntad. La recaudación fue para ayudar a costear los tratamientos de Aimar del Pozo, un niño que sufre parálisis cerebral. "La gente respondió muy bien y recaudamos 1.800 euros. Por eso me he decidido a repetir la experiencia", asegura Pedro.

Un LISTÓN ALTO Y CON IDEAS Ahora, Elordui ha puesto el listón más alto, ya que, además de a Aimar, quiere ayudar a Maialen y Alluitz. "A cuanta más gente se pueda ayudar, mejor", resume el creador de la iniciativa. Para ello, desde el próximo lunes, repartirá trozos de esta calabaza a cambio de la voluntad en su negocio, Ayoberri Sagardotegia. Además, "para el último fin de semana de octubre o el primero de noviembre", Pedro espera organizar una verbena en los exteriores de Ayoberri para impulsar la iniciativa.

Maialen tiene síndrome de Donohue, una dolencia de la que solo ha habido cincuenta casos en la historia y que es "una enfermedad muy grave, incurable y mortal", explica Ainhoa, madre de Maialen. La pequeña, que cumplirá 3 años en enero, tiene resistencia a la insulina y eso hace "que se le pudran los dientes según le salen". Eso ha hecho que hayan invertido más de 7.000 euros en empastes. A ese gasto se suma el del centro de fisioterapia y estimulación temprana. Gracias a esos tratamientos, Maialen ha conseguido andar y ha mejorado su calidad de vida.

Alluitz Arana tiene 4 años y padece una dolencia cuya identidad se desconoce. Hay tan solo diez casos similares al suyo en el Estado. Su enfermedad le impide ingerir cualquier alimento sólido y se mantiene a base de neocate. A esto, se une el síndrome de Ehlers-Danlos que hace que sufra dolores fuertes en las extremidades y la conocida como alergia al frío que le produce shocks anafiláctivos. "Al haber muy pocos casos, apenas se estudia esta enfermedad y necesitamos que se haga", explica Iker, padre de Alluitz, quien destaca que esta iniciativa es importante, no solo por el dinero, sino también por "dar a conocer las enfermedades".

Estas familias no paran de luchar y, ahora, han encontrado un aliado en Pedro y su gigantesca calabaza. "Ojalá la gente responda y ayude, estos niños lo merecen", sostiene Pedro, mientras se posa sobre los 105 kilos de anaranjada esperanza.