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El calero de San Justo vuelve a humear

Una delegación de Morón de la Frontera participó ayer en el encendido

El calero de San Justo vuelve a humearJMM

Bilbao

A las 11:00 horas de ayer sábado se encendió el calero de San Justo y una casi olvidada pero inconfundible humareda blanca volvió a elevarse entre los robles de San Justo buscando la cumbre del Gorbea. Hoy al amanecer el viejo horno vomitaba los primeros trozos de cal viva. Los hermanos Juan y Julián Arana fueron los encargados de encender el horno, como ya viene siendo habitual, pero en esta ocasión contaron además con el apoyo de Manuel Gil representante del Museo Cal de Morón en Sevilla donde todavía se sigue comercializando cal de manera artesanal.

Manuel Gil no pudo ocultar la emoción de asistir a esta representación en Zeanuri que trata de avivar los recuerdos del calero. Pero más aún cree que es una oportunidad para "recuperar este tipo de oficios", máxime en momentos de crisis como los actuales. Su presencia en la romería estaba más que justificada puesto que Zeanuri es el único lugar del Estado donde existe aún esta tradición y eso para la delegación de Morón donde todavía se extrae y comercializa la cal con este método es muy enriquecedor.

El espeso humo de los caleros se apagó hacia mediados del siglo XX, pero en el año 1996 la asociación Ipizki Taldea de Zeanuri recuperó el viejo calero de San Justo situado al pie del monte Gorbea y elaboró cal a la antigua usanza. Desde entonces el primer fin de semana de agosto se celebra la romería en torno a la ermita de los Santos Justo y Pastor, situada en la barriada Otzerinmendi en las faldas del monte Gorbea, un "lugar además impresionante", matizaba ayer la delegación de Morón de la Frontera que por primera vez se desplazó para disfrutar de la ceremonia de encendido del calero. Los asistentes, que fueron muchos, además de disfrutar de la tradición tuvieron la oportunidad de conocer los detalles de una actividad que tuvo gran importancia en la sociedad tradicional, como es la elaboración de la cal.

Pero el oficio quedó olvidado en 1950 y fue la asociación Ipizki Taldea la que reconstruyó y recuperó el viejo calero abandonado y lo puso en funcionamiento bajo la dirección de Juan y Julián Arana, dos de las cuatro personas que elaboraron la última hornada de cal en este mismo lugar. Fueron ellos quienes precisamente encendieron el calero por última vez en 1950 junto a Cándido y Félix Goikuria. Mientras Félix y Juan se encargaban de la elaboración de la cal, Cándido y Julián, ayudados por una yunta de bueyes se responsabilizaban de acarrear la leña y la piedra caliza junto al horno. En total fabricaron dos mil quintales de cal, es decir, unos cien mil kilos, que fueron utilizados como abono en las tierras de labranza de ambas familias.

En estos momentos de nuevas tecnologías la recuperación de este viejo calero supone poner un grano de arena en la preservación y el enriquecimiento del patrimonio histórico-cultural de Gorbeialdea, al mismo tiempo su anual puesta en marcha permite conocer in situ los pormenores de esta actividad tradicional porque al final como decía Joxe Miel Barandiarán "porque fuimos somos y porque somos seremos".

Y, el calero, karabi, en Gorbeialdea, era un elemento habitual en la sociedad rural tradicional, ya que la cal era un producto que tenía múltiples aplicaciones. Mezclando con agua y tierra se obtenía el mortero necesario para la construcción de muros y paredes y combinándola con agua era utilizada para el blanqueado de los caseríos. Además, en la agricultura cumplía la función de abono. Ahora sirve para reunir a muchas personas.