Bilbao. Llevan un cuarto de siglo trabajando en silencio en múltiples tareas a pesar de que sus cometidos son fundamentales para que la incesante actividad del territorio no se detenga aunque las inclemencias del tiempo azoten Bizkaia en forma de nevadas, árboles caídos por fuertes vientos, desbordamientos de ríos o incendios. Y todo, pese a que la sociedad Basalan, dependiente de la Diputación, fue creada hace veinticinco años con el objetivo de mantener las áreas recreativas que salpican la geografía vizcaina, una labor que sigue cumpliendo año tras año desde entonces y de la que se benefician millón y medio de ciudadanos que visitan estos espacio de ocio en plena naturaleza.

La historia de Basalan -y la de sus trabajadores- está labrada en montes, pero también en carreteras y caminos forestales. Es una empresa "pequeña y humilde", como expresa Aitor Landa, subdirector de la misma. Sin embargo, sus acciones (auténticas proezas en determinadas ocasiones) presentan a un cohesionado grupo de trabajadores capaces de doblar turnos sin descanso o desplazarse a otros territorios para colaborar y transmitir sus conocimientos o su experiencia ante situaciones de emergencia. "Lo más importante de este empresa son las personas, su disponibilidad. Eso es lo que caracteriza a los valores de nuestro personal", ensalzaba Landa, en declaraciones a este periódico.

Prueba de esa modestia es que en todo este tiempo han contratado, formado y ayudado a acceder al mercado laboral a 3.034 personas. "Prácticamente nadie lo sabe -confesaba Landa- pero año tras año hemos ido contratando en colaboración con el antiguo Inem, ahora Lanbide, a cerca de cien personas para la realización de diversos trabajos forestales". Y es que, como apostillaban fuentes de Basalan, "no necesitamos tener notoriedad, sino que el ciudadano perciba que las cosas se están haciendo correctamente y que sus impuestos están bien utilizados". El ejemplo más palpable para la población en general son esas áreas recreativas en las que se trabaja desde el arranque del año.

En este sentido, la diputada foral de Agricultura, Irene Pardo, adelantaba a DEIA que hasta la fecha se han estado ejecutando las tareas habituales de invierno de carácter preventivo "y de ahora en adelante, y con la ayuda del buen tiempo, llevaremos a cabo la revisión del mobiliario y de las infraestructuras". Así las cosas, durante el periodo invernal, "hemos acondicionado toda la cubierta arbórea, haciendo las correspondientes podas de formación y también algunas plantaciones como en Galdames en la Vía Verde, en Gorliz y en La Arboleda", anunciaba Pardo. Pero la intervención en la faceta recreativa que poseen los montes y áreas forestales no es el único que servicio que ocupa a la plantilla de Basalan.

De hecho, también se encarga de la realización de todo tipo de actuaciones y prestaciones de servicios agrícolas, ganaderos y de desarrollo rural así como de la administración y gestión de fincas, montes, centros agrarios, forestales y medio ambientales. No obstante, en su catálogo de deberes destacan las actuaciones de emergencia ante incendios, temporales de nieve, presencia de hielo, vientos fuertes, inundaciones, plagas forestales o la contaminación de los cursos fluviales solventando en todas ellas innumerables situaciones de riesgo.

Sirvan de ejemplo los trabajos de vialidad invernal de los meses de febrero y marzo, en los que el personal tuvo que batirse el cobre y doblar turnos con nevadas de hasta 70 centímetros. Tuvieron que luchar no solo con la nieve, sino con la cantidad de árboles que habían caído en Barazar y en la zona de Urkiola, Dima, Otxandio y Orozko para poder reabrir al tráfico con total seguridad para los conductores estas vías de conexión con tierras alavesas.

La mirada atrás Aunque echando la mirada hacia atrás, los más veteranos de Basalan todavía recuerdan su participación en los incendios de 1992, cuando varios destacamentos de militares del cuartel de Soietxes (Mungia) estuvieron a sus órdenes. "Terminábamos en un incendio y nos llamaba el gerente de aquel entonces y nos decía ¿estáis con fuerzas para poder ir a otro fuego? Así hasta 32 horas. Fue muy duro", reflexionan ahora.

Y entre las intervenciones más memorables en estos 25 años, el trabajo acometido en 1997 en la antigua gasolinera de Urkiola cuando se produjo un escape de gasoil que obligó a emplear todos los medios disponibles para evitar que el combustible llegara al pantano de Urrunaga y provocara un daño incalculable en el ecosistema y afectara al agua potable. O la impagable implicación en el desastre del Prestige en 2002 que les mantuvo durante un mes entre Bakio y Ondarroa "por toda la costa, piedra a piedra; no quedó acantilado ni pequeña cala sin limpiar", repasaban. En cualquier caso, uno de los retos más sobresalientes acometidos por Basalan en esta exitosa trayectoria fue en 2005 con la plantación del actual roble de Gernika, al que hoy en día brindan todos los cuidados para su conservación.

Y casi casi cada una de las intervenciones esconde una anécdota; si bien una de las más recordadas ocurrió en 1994 cuando repararon la ermita de San Pedro de Atxarre, en Ibarrangelu. Cuentan los veteranos que pusieron un cable aéreo para poder subir el material desde el camping de Laida y así no dañar el encinar cantábrico. Dicen que aquel operativo se convirtió en una atracción turística, sobre todo el día anterior de la inauguración cuando tuvieron que meter en una cesta a todos los santos -que estaban guardados en las escuelas de Akorda- para subirlos como si fueran en un teleférico.