LAS paredes de la sala de exposiciones de Igorre lucen hasta febrero los sentimientos de una decena de mujeres. Participantes en el cuarto seminario de arte genuino impartido por la artista galdakaotarra Inés Medina, las alumnas han tomado el mando de sus carreras artísticas tras un proceso de conocimiento no solo de las técnicas pictóricas sino de sí mismas. Y es que si algo se aprende tras hablar con las autoras de la colorista muestra es que para crear una obra hay que dar mucho del interior de uno mismo. De hecho, este traspasa la piel y brota a través del pincel y las manos para formar trazos y líneas que acaban por ser un cuadro colgado en algún lugar. Es lo que ha vuelto a hacer este grupo de mujeres que ya pasó por lo mismo el año pasado tras el anterior seminario de Inés. "No nos cansamos, cada año es una continuación del aprendizaje", aseguran.
Dejando atrás la vergüenza, los miedos e inseguridades, en la exposición que ya puede visitarse son ellas las que visten los pantalones y deciden qué hacer con su don. Por ello, las obras expuestas no tienen nada que ver unas con otras, cada una tiene un cacho del alma de cada autora. Pinturas abstractas, arte conceptual, maderas, lienzos, claroscuros y colores estridentes son solo algunas de las armas que han utilizado para expresarse Chus Gutiérrez-Solana, Lourdes de la Cal, Maite Artabe, Maite Oyanarte, Marisol Calzada, Máxima Kerr, Mercedes G. Zulueta, Miren Bilbao, Rosa Calzada y Txaro Otxaran comandadas por Inés y ayudadas por la responsable de la Kultur Etxea del municipio arratiarra, Janire López.
Tan a gusto trabajan juntas que hasta se han instituido en asociación y ya están diseñando su catálogo artístico, toda una carta de presentación que se puede ver en internet en http://tinyurl.com/bofoko7.
La exposición abre las puertas de la sala con una flor de grandes dimensiones, obra de Txus Gutiérrez-Solana. Con su Jardín Secreto, ha querido buscar "la fuerza de lo sensible" en una sociedad con mucho gris y que a pesar de ello, sigue pariendo belleza. Una flor, esta "interna" es el tema de uno de los cuadros de Lourdes de la Cal, que ha aprovechado este seminario para estudiar "las energías de cada color y las que se forman al juntarlos".
Rojos y fantasías
Lo abstracto también tiene espacio en la exposición
La "abstracción" ha sido el modus operandi de Marisol Calzada, quien siente que esta forma de mezclar colores le da libertad para expresarse. Por ello, presenta un fondo del mar con sus seres vivos todo de un vibrante color rojo o un mundo de fantasía donde pueden entreverse las hechuras de un dragón "o lo que cada uno quiera ver". Entre los cuadros de la exposición también se encuentran esculturas. Una de Txaro Otxaran, hecha con ropas usadas en tonos rojos, que fue colgando en el entorno del río Baias para grabar un vídeo con mucha naturaleza que puede verse también en Igorre.
Los tonos rojos también inspiraron a Mercedes G. Zulueta para atrapar las penas más profundas de las personas en papel pintado.
Al lado de formas rojizas hechas en papel, una más grande, gris, simbolizando a ese ser, esa presencia que siempre aparece como el causante de ese dolor. "Empecé las obras en mi taller de Rekalde porque ahora trabajo con maderas y el proceso de preparación ensucia mucho. Y cuando estaba allí empecé con una de las obras y vi que no tenía que tocarla más, que estaba perfecta. La traje aquí e Inés enseguida vio también que estaba terminada", explica la artista delante del cuadro, en el que ha representado a su manera una escena familiar en todos grises.
Y si el río de la zona de Murgia está representado en la sala de exposiciones, también lo está Ubide. Un municipio que no es residencia de Maite Artabe pero que ha servido de inspiración para esta artista que opta por lo conceptual mientras busca su estilo. Así, en el cuadro dedicado a la localidad arratiarra aparece lo que para ella supone esta población, muy cercana a la naturaleza, la vida y la muerte.
Por su parte, Máxima Kerr vive "el momento, el instante de creación a tope" cuando pinta. Por ello, sus cuadros suelen ser pequeños, aunque para la muestra se propuso el reto de crear uno con más dimensión. Lo ha conseguido, sin embargo, reconoce que seguirá con su tamaño perfecto. De ella, Medina dice que es una "arquitecto de espacios y símbolos para las nuevas generaciones". Para ellas, también van dirigidos los cuadros de Rosa Calzada.
Basados en la figura, en este caso femenina, con ellos lucha a su forma contra la violencia de género y "por lograr valores igualitarios". Igual le ha pasado a Miren Bilbao con su serie Harmunduniak. Con ella ha logrado saltar de la línea recta a la curva, deleitándose en cada uno de estos nuevos trazos con los que ha aprendido a disfrutar.
Otra lucha, pero para conocerse a sí misma y evitar las influencias externas, es la que ha superado Maite Oyanarte. "Quería cortar con lo anterior y gracias al curso he aprendido que es duro, pero que tienes que ser tú para poder hacerlo", reconoce una de las que ya piensa en un nuevo seminario.