Barakaldo
De las fábricas que rodeaban Lutxana por Buen Pastor ya solo quedan viejos esqueletos y recuerdos. El barrio baracaldés está cambiando. Sí; del humo de las chimeneas industriales pasará, en unos años, al de las chimeneas domésticas provenientes de las nuevas edificaciones del proyecto urbanístico Puerta Bilbao. Pero dicen que hay cosas que nunca cambian. Y en Lutxana, tampoco. Sus calles irradian vida, animación, cultura... Pocos son los vecinos del barrio que no forman parte de una de sus asociaciones culturales y de ocio, o que no tienen un familiar participando en una de ellas. Música, baile, creación de instrumentos, deporte... Diecisiete asociaciones que, sin embargo, llevan años repitiendo una misma petición: un equipamiento cultural para reagrupar sus habilidades.
En su haber poseen la copia de un acuerdo plenario en el que el Ayuntamiento de Barakaldo prometía la dotación al barrio de una casa de cultura. El documento está fechado en 1988. "Es una reivindicación histórica que llevamos haciendo en el barrio desde hace muchísimo tiempo y aquí seguimos", explican desde la asociación de vecinos de Lutxana, una de las diecisiete que se mantiene activas dentro de sus fronteras. Las promesas municipales no han terminado de cumplirse pero los vecinos no cesan en su empeño. "Pedimos una casa de cultura o un equipamiento cultural que podamos usar todas las asociaciones y vecinos", concretan desde la agrupación.
De los barrios de Barakaldo, Lutxana es uno de los que más asociaciones engloba, muchas de ellas de conocida trayectoria en toda la localidad fabril. La asociación de mujeres, el club de danzas Amaia, la casa social, el club de alpino, la Banda de Cartón, el Sporting de Lutxana, la asociación Motos Lube, Lutxanako Dultzaina Tailer Eskola, el topagune... "Tenemos muchísimas asociaciones en el barrio, de los que más de Barakaldo, y sin embargo, aún no tenemos una casa de cultura cuando en otros barrios, como por ejemplo Cruces, sí poseen una; y seguro que son menos asociaciones que aquí", se quejan.
La falta de un equipamiento cultural mantiene a las asociaciones de Lutxana dispersas en el barrio. Realizando sus reuniones o ensayos en locales viejos, pequeños y en la mayoría de los casos compartidos con otros grupos durante la semana. Muchos de ellos acuden a la escuela Bituritxa, unas instalaciones municipales cedidas por el Ayuntamiento para que puedan ensayar los grupos del barrio. Sin embargo, no hay suficientes aulas para todos y muchos de ellos, como los dulzaineros de Lutxana, deben compartir el aula donde practican durante dos días a la semana con otras asociaciones. Ellos, Lutxanako Dultzaina Tailer Eskola, se formaron como grupo hace 24 años con la intención de recuperar un instrumento de la cultura vasca olvidado con el paso de los años. La intención se convirtió en una realidad y no queda persona, adulto o niño, en Lutxana que no conozca la dulzaina. El problema: el espacio que tienen para trabajar en su afición.
"Somos también un taller, así que no solo tocamos la dulzaina sino que también la creamos, la construimos", aseguran Iñaki Kortazar y Alfonso Zubieta, creador y miembro de Lutxanako Dultzaina Tailer Eskola. Por ese motivo, el espacio se convierte en un problema cuando el aula de ensayo se comparte con otras asociaciones. "Al ser taller tenemos mucha herramienta y maquinaria con la que los niños pueden hacerse daño, así que nosotros mismos fabricamos unas puertas que separaran el taller del resto de la sala, para evitar accidentes", cuenta Iñaki. Más de 40 actuaciones al año avalan el papel de este grupo cultural, al que invitan a participar en las fiestas de Lutxana, por supuesto, pero también en las de Barakaldo y en encuentros de diferentes grupos de Bizkaia.
Tocar bajo el puente "Si tuviésemos un local más grande donde poder ensayar todos, sería mucho mejor. Está claro que tenemos la carencia de un lugar donde practicar o desarrollar las actividades que vamos organizando", añade Alfonso. Y es que quien no comparte local en Lutxana, tiene que conformarse, incluso, con tocar en la calle o bajo el puente en caso de que el tiempo no acompañe. "Desde hace unos meses solemos ver por las mañanas a un grupo de gaiteros que no dispone de mucho espacio para ensayar en la casa de Galicia, y se ponen a practicar debajo del puente que va hacia BEC", añade Magdalena, del grupo de danzas Amaia.
Ellos corren mejor suerte. Ensayan en un viejo local municipal en la avenida Serralta. Hasta hace tres años, ensayaban bajo la lluvia, literalmente. "El local tenía goteras y teníamos que bailar con cubos de agua para recogerlas", recuerda Magdalena. El problema ya está solucionado por parte del Ayuntamiento, quien debe correr con los gastos de mantenimiento. Sin embargo, el espacio es escaso para los bailarines y las condiciones no han mejorado mucho. "El tejado se desconcha y se cae constantemente. Además, tienen la parte de arriba tapiada, así que no la podemos utilizar", enumera señalando los restos de una especie de andamios "que se encuentran delante de la puerta desde hace tiempo, justo por donde entran y salen los niños, con el peligro que eso conlleva".
Frente a sus instalaciones, los miembros de Amaia ven cada día un edificio en el que vislumbran su posible futuro espacio cultural: el Museo de la Técnica. "Se utiliza muy poco, para los bailes de los mayores y el Gaztealdia", asegura Magdalena, que ha solicitado las instalaciones municipales a la Alcaldía -el área competente- para la celebración de varios eventos.
"El museo debería abrirse para los grupos culturales del barrio", indican también los dulzaineros Iñaki y Alfonso, a quienes les gustaría que "al menos sea más sencillo pedir permiso para utilizarlo las asociaciones".
Cinco años de peticiones Estas peticiones han llegado hasta el Ayuntamiento de Barakaldo a través de los propios vecinos de Lutxana y también de la mano del PNV, que lleva cinco años solicitando al equipo de gobierno que ceda las instalaciones del Museo de la Técnica para estos fines. "Mientras los grupos culturales de Lutxana no disponen de locales en condiciones, el Museo de la Técnica permanece cerrado, sin que el equipo de gobierno permita que los baracaldeses podamos disfrutar de esta instalación", asegura Amaia del Campo, portavoz del PNV. "Hemos llevado en varias ocasiones la petición de los vecinos al pleno y la respuesta del equipo de gobierno ha sido siempre la misma: silencio sepulcral".