El horno alto a pequeña escala
Luis Terreros, un jubilado de Trapagaran, ha fabricado una maqueta de la instalación de Altos Hornos
Trapagaran
Luis Terreros se marchó un día de la escuela de aprendices de Altos Hornos de Vizcaya, en Barakaldo, con una promesa bajo del brazo. "Te llamaremos para trabajar", le aseguraron los responsables del centro después de realizar una prueba. Nunca más volvió a tener noticias, aunque aquella anécdota no impidió que este vecino de Ugarte, en Trapagaran, acabara trabajando en la gran siderurgia vasca, aunque fuera por poco tiempo y a través de una empresa subcontratada.
Luis, que desarrolló su vida laboral como calderero trazador en una firma de montajes, fue uno de los responsables de sustituir las estufas y la salida de gases de uno de los hornos de la factoría a comienzos de la década de los noventa, cuando el gran buque insignia de la industria vizcaina se encontraba en pleno ocaso. Ahora, ya jubilado, ha querido rendir su particular homenaje a aquella histórica instalación, declarada monumento por el Gobierno vasco, fabricando una maqueta de la infraestructura que se mantiene en pie en Sestao, uno de los escasos vestigios que sobrevivieron al desmantelamiento de la fábrica poco tiempo después.
Terreros, más conocido como Zarra en su entorno más cercano, ha dedicado un año a montar la reproducción, fabricada con papel, madera y plástico. Aunque no le dejaron acercarse hasta la base de la gigantesca estructura para tomar nota de todos los detalles, ha conseguido calcar a la perfección cada uno de los elementos que formaban el horno alto, como las casetas, la cinta transportadora y la chimenea.
"Ha sido un trabajo muy gratificante y que no me ha costado mucho sacrificio, ya que lo he ido haciendo poco a poco en mi taller", comenta orgulloso el autor de la maqueta, alumno de Nicolás Larburu durante su juventud, uno de los maestros más queridos de Barakaldo.
Una vez finalizada su labor, su deseo es cederla al Ayuntamiento de Sestao para que se haga cargo de su custodia y su exhibición. "Pero tiene que ser en un espacio cerrado, porque si se moja se puede estropear", concreta. De hecho, ya está pensando en ponerse en contacto con el alcalde de la localidad, José Luis Marcos Merino, a quien conoció en el sindicato UGT, para trasladarle la idea.
A sus 75 años, Luis Terreros asegura que no le apena no haber formado parte de la plantilla de Altos Hornos de Vizcaya. Sobre todo cuando, después de aquella prueba, se enteró de que su destino iba a ser el sinter, "uno de los peores puestos, porque allí tragabas todos los desechos". La maqueta del horno alto ha despertado una gran expectación en su barrio y son muchos los vecinos que se acercan hasta su taller para contemplarla. "A la gente le ha gustado mucho. El otro día, por ejemplo, unas mujeres me dijeron que estaba de película", comenta con satisfacción.
Una vez cumplido este objetivo, Terreros reconoce que le gustaría aprovechar su experiencia para ayudar a mejorar la formación de los jóvenes que aspiran a trabajar como caldereros.