Resulta que más del 90% de la ciudadanía dice estar preocupada por los riesgos asociados al entorno digital, desconocido, inmenso y anónimo en buena parte. Es decir, existe sensibilidad social ante esta realidad que no es exclusiva de Bizkaia o de Euskadi. Sin embargo, la exposición digital en edades tempranas de modo intensivo y sin el suficiente acompañamiento se asocia con mayores indicadores de riesgo y peores resultados en algunos medidores de bienestar emocional y calidad de vida.
Es una de las hipótesis de trabajo que lanza en informe Infancia, adolescencia y bienestar digital de UNICEF-Euskadi. Hay margen para maniobrar y corregir la deriva provocada por el uso indebido del universo on line. David contra Goliat. El ser humano contra Internet, la Inteligencia Artificial, las redes sociales, aplicaciones, videojuegos… Complicado, pero no imposible. Más aún cuando más de la mitad de los adolescentes expresa la necesidad de desconectarse ocasionalmente del entorno digital.
Integrar la tecnología
Es decir, hay un clavo al que agarrarse en forma de conciencia. Además, alrededor del 90% de los niños y adolescentes encuestados en este documento hace un uso no problemático de las redes sociales, lo que vendría a significar que la mayoría de la juventud es capaz de integrar la tecnología en su vida sin acercarse a la hiperconectividad y las conductas de riesgo.
Ante esta realidad, las voces expertas que han tomado parte en esta investigación de UNICEF-Euskadi consideran que la mediación parental es fundamental. El 51,6% de los progenitores conversa habitualmente con sus hijos sobre los riesgos de Internet. Sin embargo únicamente el 42,4% establece normas sobre el tiempo de uso de dispositivos y solo el 27,5% controla o limita los contenidos que los menores comparten a través de la red de redes. “Sabemos con quién juegan en plaza, pero no en el mundo on line”, ha indicado Juan Manuel Machimbarrena, psicólogo en EHU y asesor científico del citado estudio.
"Limitar es cuidar"
“Limitar es cuidar, no se trata sólo de vigilar por vigilar, se trata de acompañar. Y también se trata de dar ejemplo, porque hasta un 21% de los niños y niñas y adolescentes encuestados nos dicen que sus padres comen con el teléfono en la comida…”, ha añadido.
En este sentido considera necesario que las personas adultas hagan un ejercicio de reflexión sobre el uso que hacen de la tecnología. No es casualidad que aquellos niños que han indicado que sus progenitores comen con el teléfono móvil sobre la mesa o directamente lo usan durante las comidas, “presentan sistemáticamente mayores indicadores de riesgo”. “Creo que uno de los grandes ‘debes’ que tenemos es que a veces hablamos sobre el uso de la tecnología de los menores sin escucharles a ellos, pero también sin reflexionar sobre el propio uso que nosotros hacemos”, ha valorado Machimbarrena.
Con todo, y a pesar de los avances en ese uso responsable y la reducción de algunos riesgos on line con respecto a las conclusiones del anterior informe (2021) como el descenso del ‘sexting’ y el contacto con personas desconocidas, las voces expertas estiman que los desafíos que plantea el uso de la tecnología en la infancia deben ser afrontados “de manera integral con la implicación de familias, instituciones, entorno educativo y sector privado”, ha subrayado.
Educación y derechos de la infancia
“El bienestar digital debe abordarse desde las perspectivas de la salud, la convivencia, la educación y el enfoque de derechos de infancia. No solo desde el uso de las pantallas”, ha apostillado Joseba Madariaga, presidente de UNICEF-Euskadi.