A contrarreloj por un piso de estudiantes en Bilbao: "Hay pisos que llegan a 2.000 euros"
El encarecimiento del alquiler obliga a los universitarios a adelantar la búsqueda de vivienda, compartir más gastos y asumir mayores desplazamientos
La batalla por conseguir un piso de estudiantes en Bizkaia ya no empieza en verano. Se ha adelantado al calendario académico y, cada vez más, arranca en los últimos compases del invierno.Febrero se ha convertido en el nuevo punto de partida de una carrera marcada por la urgencia, la competencia y unos precios al alza que empujan a muchos jóvenes —y también a sus familias— al límite de sus posibilidades económicas.
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Lo que antes era un trámite casi natural en la vida universitaria, encontrar alojamiento al inicio del curso, se ha transformado en una competición donde las decisiones se toman en lo que dura un examen. Una llamada que no se responde, una visita que se retrasa o una duda de más pueden significar quedarse fuera. La vivienda ha dejado de ser una cuestión secundaria para convertirse en una de las principales preocupaciones de quienes estudian fuera de casa.
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Los barrios más codiciados
Barrios como Indautxu, Deusto, San Mamés o Basurto concentran buena parte de esa presión por su cercanía con algunas de las principales facultades: desde la Universidad de Deusto hasta la Escuela de Ingeniería, pasando por el campus de Sarriko o las conexiones hacia Leioa. La ecuación entre ubicación, transporte y vida urbana convierte estas zonas en las más codiciadas del mapa universitario y, al mismo tiempo, en las más caras.
El oriotarra Markel Elorduy está a punto de cerrar su continuidad en el piso que comparte en la calle Sabino Arana. A sus 20 años, cursa segundo de Ingeniería en San Mamés y afronta estos días uno de los momentos clave del curso: renovar el contrato junto a sus compañeras.
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"1.600 euros, gastos a parte"
“Pagamos 1.600 euros por cuatro habitaciones, gastos aparte”, explica mientras sale de clase con la mochila al hombro. Para él, el piso se ha convertido en mucho más que un lugar donde dormir: es su espacio de estudio, su refugio y el centro de una rutina marcada por la exigencia académica. “Pasamos muchas horas aquí, estudiando o haciendo trabajos. No somos muy de fiesta, pero solemos cenar juntos y ver algo para desconectar”, relata.
En su caso, la convivencia funciona como un engranaje necesario para sobrellevar la carga académica y también la económica. Dividir alquiler, suministros y gastos cotidianos es la única forma de sostener la estancia en Bilbao sin que el presupuesto familiar se desborde.
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Optan por el autobús
Pese a su juventud, no pierde de vista la evolución del mercado. “Hace tres años mi hermana pagaba 1.400 euros por el mismo piso. No ha subido mucho, pero hay pisos que llegan a 2.000 euros”, señala. La percepción se repite entre muchos estudiantes: cada curso cuesta más vivir en el territorio. Y esa subida no solo obliga a pagar más, sino también a replantear decisiones que afectan directamente a la experiencia universitaria.
No todos logran adaptarse a esas condiciones. Ane Manzanedo y Ainhoa Escudero, ambas de Vitoria-Gasteiz, han optado este curso por una solución distinta: no vivir en ‘el botxo’. Cada día se desplazan en autobús desde la capital alavesa para asistir a clase. “Nos sale unos 180 euros el trimestre si cogemos bonos. Es mucho más barato que alquilar”, explican. En carreras largas como Medicina, la presión se prolonga todavía más. Alba Martín e Ihart Nevado, también procedentes de Gasteiz, comparten un piso de tres habitaciones en el entorno de San Mamés por unos 333 euros cada una. “Tuvimos suerte, porque lo encontramos a última hora”, admiten.