El corazón de Bilbao ha amanecido hoy con una imagen que ha detenido el paso de cientos de ciudadanos. La fuente de la Plaza Moyúa, icono indiscutible de la capital vizcaina, ha aparecido con sus aguas teñidas de un intenso color rojo. Aunque por el momento se desconoce la autoría oficial, el acto guarda similitudes con acciones de protesta anteriores, lo que apunta a una posible denuncia por los conflictos bélicos en Palestina o Irán.

Fuente de la Plaza Moyúa con el agua teñida de rojo. Markel Fernández

En esta ocasión, junto a la fuente se ha colocado una mano, al parecer, en protesta por las guerras. A diferencia de lo ocurrido el pasado mes de septiembre, cuando la acción incluyó acción elementos en los jardines que simulaban bebés muertos en Palestina, en esta ocasión el impacto se ha centrado exclusivamente en la fuente. Sin embargo, las consecuencias para el mobiliario urbano han sido inmediatas.

El Ayuntamiento de Bilbao ha activado el protocolo de limpieza, aunque la recuperación del aspecto habitual de la fuente no será inmediata. Según fuentes municipales, los operarios han procedido en primer lugar a detener la recirculación del agua para evitar que el tinte dañe los mecanismos internos y las tuberías.

Una tarea de limpieza complicada

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Tras retirar el agua tintada, el equipo de limpieza debe trabajar con la fuente en seco. La tarea principal consiste en frotar y limpiar la piedra manualmente en todas aquellas zonas donde el colorante haya podido penetrar o dejar cerco. Desde el Consistorio han subrayado que, más allá del gasto material, el verdadero coste de este acto vandálico o reivindicativo reside en el tiempo y el gran esfuerzo humano que requiere devolver la piedra a su estado original sin dañarla.

Pese a que la simbología del agua roja suele utilizarse para denunciar el derramamiento de sangre en conflictos internacionales, hasta el momento ningún colectivo ha reclamado la autoría de la acción. La policía municipal ya trabaja para tratar de identificar a los responsables de un acto que, una vez más, utiliza la Plaza Moyúa como altavoz visual, obligando a un despliegue extraordinario de los servicios públicos de limpieza.