La política municipal se compone de pinceladas que en profundidad o en la superficie cambian el cuadro de la ciudad cada día. El pincel debe trabajar de forma constante para que evitar que la imagen refleje siempre el pasado. Los trazos son a veces intensos, de impacto. En otras ocasiones supone un ligero retoque, aunque resuelva una cuestión histórica arrastrada como una condena injusta.
El cambio de nombre de la plaza Moyua, que será oficialmente Elíptica en breve, genera respuestas diversas entre los ciudadanos con los que ayer habló DEIA precisamente en la plaza por la que pasan miles de vizcainos cada día. Javier Martín, 54 años, natural de Bilbao, marca distancia con el debate. “Es una decisión al nivel que nos merecemos, somos una población manipulable, diría que gilipollas. Tendremos todo a nuestro nivel: plaza Circular, Elíptica, la cuadrada, la Nueva, la rectangular, la de las Mujeres, la de paz….”, lamenta en torno a reducir el debate al callejero.
La reacción inicial de Jorge Crespo, también en la cincuentena, es un apunte con ironía: “la elíptica para el gimnasio, salvo que el señor Moyúa fuese un tipo de mal recuerdo”. Cuando se le aclara que Federico Moyúa fue alcalde durante la dictadura de Primo de Rivera, se declara “neutral” porque hay que echar la mirada muy lejos para ver el lado negro en el ámbito de la Ley Histórica.
La voz de la experiencia
Con más bagaje y una postguerra a la espalda, Juan Antonio Díez, 80 años, tiene otra visión y recuerda artículos publicados en DEIA por Iñaki Anasagasti, exportavoz del PNV en el Congreso, criticando que Moyua ponga nombre a una de las plazas más conocidas de la ciudad. El legado del exalcalde antes de la Guerra Civil queda muy lejos en general para el conjunto de los habitantes de la villa, pero Díez cree que “no se puede perder la perspectiva”. Hablar de plaza Circular o Elíptica eran de alguna forma una vía de protesta durante la dictadura franquista. “Ahora, cuando parece que sus herederos, los de Vox con la complicidad del Partido Popular, avanzan de nuevo, estos gestos son básicos para la salud de la sociedad y la democracia”, añade.
Muy lejos en el ámbito demográfico, Martina R. (prefiere que no aparezca su apellido), 15 años recién cumplidos, resta también importancia al cambio de nombre. “En casa siempre han hablado de la plaza Elíptica, luego, cuando ves el rótulo en el Metro piensas que algo no cuadra. Pero en realidad, para nosotros es solo un lugar en el centro. Quedamos unas veces en Moyua y otras en Elíptica”, indica. Martina deja entrever la lejanía con ese pasado oscuro en el que los derechos de los ciudadanos eran pisoteados y había símbolos de la época que escocían como una cicatriz mal curada.
Al margen del día a día de la ciudad, Roxana Suárez una turista argentina que arriba a Bilbao en el autobús del aeropuerto. Apunta una clave válida en cualquier parte del mundo. “La memoria hace fuerte a un país. Si ustedes deciden cambiar el nombre de una plaza por el motivo que sea es bueno, porque la mayoría de los ciudadanos quieren pasar esa página de la historia, serán más fuertes”, indica.