Los datos de la delincuencia en Bilbao pueden ser “catastrofistas” o “amables”. Todo depende de dónde se ponga el foco a la hora de analizar las cifras, según aseguró ayer César San Juan, doctor en Psicología Social de la EHU y referencia en el ámbito de la criminología durante la presentación del estudio Bilbao Hiri Segurua. Diagnóstico de la seguridad en Bilbao: análisis de su evolución y propuesta de buenas prácticas. Sin embargo, para saber si la delincuencia es un problema grave en las calles es preciso contar con una “visión global” en la que se reflejen los “aspectos positivos y otros preocupante”. El informe ha sido elaborado por el grupo de investigación en Criminología Aplicada y Psicología Ambiental de la EHU teniendo en cuenta los datos comprendidos entre 2019 y 2025.

Precisamente, esa mirada a todos los ámbitos es la que refleja este informe donde se asegura que la tasa de delincuencia en Bilbao “es normal o más baja comparada con otras ciudades europeas”. Para ello es necesario contar con una dimensión objetiva –la que aportan los datos de los cuerpos policiales– y la dimensión subjetiva –la percepción que tiene la ciudadanía sobre los delitos–. Y ahí, San Juan afirmó que sí que se ha experimentado un “aumento de las agresiones físicas y de violencia de género”, aunque sobre estos últimos delitos subrayó que ese incremento también se ha producido en el Estado debido “a la mayor sensibilización” de la población sobre este ámbito.

Amaia Arregi, Juan Mari Aburto y César San Juan, en la presentación del informe. José Mari Martínez

También se han incrementado las denuncias por agresiones sexuales porque “se denuncia más pero es una delincuencia que ya existía” en la sociedad. La mayor concienciación sobre los delitos de género, a su vez, crean mayor alarma social, según San Juan, porque tanto las agresiones sexuales como los homicidios tienen tasas bajas “pero generan más preocupación”. Otra de las variables analizadas que han modificado su comportamiento son los delitos contra el patrimonio ya que se ha producido “una clara migración del delito intrusivo al de oportunidad”; es decir, han disminuido los robos en viviendas o locales mientras que han aumentado los hurtos. 

El informe destaca que las políticas municipales se tienen que dirigir a tres ejes que considera “críticos”. La reducción de los delitos contra las personas y el refuerzo de la presencia policial y prevención situacional en “puntos calientes” del centro y zonas de ocio son dos de ellas. La tercera se centra en la contención del delito oportunista en áreas centrales ya que los datos de 2024 indican que el distrito de Abando fue en el que más delitos se cometieron registrándose 10.895 frente a los 6.680 de 2020, aunque ese año estuvo marcado por la pandemia y las restricciones sociales que se impusieron.

Percepción

Los delitos que más preocupación generan están relacionados con la percepción de la ciudadanía que se muestra “más exigente” con su entorno. César San Juan incidió en que no hay una “correlación entre la percepción de inseguridad y los datos de delincuencia”. De ahí que la ciudadanía haya reducido su sensación de seguridad de 2019 cuando otorgaba una valoración de 6,59 sobre 10 a un 5,68 registrado en 2025. Este progresivo descenso en la valoración de la ciudadanía no ha ido en concordancia con los datos que ofrecen Ertzaintza y Policía Municipal de Bilbao ya que, por ejemplo, en 2023 se produjeron un total de 31.392 delitos frente a los 29.696 registrados en 2025.

Del estudio se desliza que entre el 89 y el 92% de los bilbainos no ha sufrido ningún delito y “este fenómeno lo hemos encontrado en otros contextos”, indicó San Juan. Esas situaciones son, por ejemplo, que “un hombre tiene mayor probabilidad de ser víctima de un delito pero son las mujeres las que se sienten más inseguras”. Además de la brecha de género, también se replica una brecha generacional ya que los jóvenes de entre 16 y 30 son “los que se sienten más seguros” aunque es el colectivo que presenta tasas de victimización más altas. La variable entre la realidad y la percepción se circunscribe también a la franja de edad de entre 31 y 64 años que se muestran más críticos con la seguridad ciudadana sin ser los más afectados mientras que los mayores de 65 años son los ciudadanos que tienen una confianza más estable. 

Policía Municipal de Bilbao

El principal punto positivo que destaca la población sobre la seguridad es el papel que desempeña la Policía Municipal de Bilbao, cuerpo al que se valora con un notable. La confianza en los agentes se ha logrado en base a la profesionalidad del servicio público ya que son considerados como cercanos, formados y respetuosos. La eficacia en la respuesta de la Policía Municipal de Bilbao ha recibido una de las valoraciones más bajas, pero según el estudio, “sigue siendo positiva y se interpreta como un problema de visibilidad de resultados, más que de rendimiento real”. La tercera línea que también refleja ese trabajo policial es la estabilidad institucional y la cooperación interpolicial con otros cuerpos como la Ertzaintza, fomentando la confianza en el sistema global de seguridad y reduciendo la percepción de descoordinación. Por ello, los tres valores se tienen que conectar para fortalecer la sensación ciudadana sobre su labor.  

Influencia mediática

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Las redes sociales y los medios de comunicación también han sido objeto de este informe que asegura que “la narrativa mediática dominante -centrada en incrementos de delincuencia y robos- ha contribuido a cimentar un clima de inquietud”. La manera de contar los delitos, a pesar de que han descendido, ha influido en la percepción de la ciudadanía. En esa línea, se invita a que se ofrece una comunicación basada en datos y estructurada.  

Teniendo en cuenta todos los factores, la conclusión es que “los datos confirman que las variaciones son más perceptivas que estructurales, y que la confianza en las instituciones de seguridad se mantiene razonablemente alta”, apostando por un modelo cercano y de prevención.