LAS nubes también lloran por Iñaki". El día de ayer amaneció gris y frío en Bilbao, pero muchos vieron en la lluvia un sentido homenaje a Azkuna. Los bilbainos que se congregaron en la Plaza Nueva para seguir la misa funeral en directo a través de una pantalla gigante vivieron con gran emoción el último adiós que la ciudad le brindó al recientemente fallecido alcalde. La Plaza Nueva del Casco Viejo se convirtió durante dos horas en una prolongación del templo bilbaino, ya que acogió a todas aquellas personas que no tuvieron cabida en la catedral de Santiago, lugar donde se oficiaron los funerales.
"A pesar de la lluvia y la humedad, la gente ha respondido a la llamada, porque Iñaki se merece esto y mucho más. Todo esto me parece poco para él". Era el sentir general de las miles de personas que se dieron cita en la plaza bilbaina durante la mañana de ayer. Los arcos y, sobre todo, los paraguas, los chubasqueros, los gorros e incluso las bolsas de plástico fueron los encargados de resguardar a los bilbainos de la débil lluvia que fue a más según avanzaba el funeral. El desagradable y continuo sirimiri hizo que la zona central de la plaza se llenara con menos personas de las que hubiese permitido un día sin lluvia, alrededor de 7.000 personas. Aun así, hubo quien se animó a coger sitios de excepción y muchos utilizaron la altura de los bancos o cualquier peldaño de la zona para ver mejor las imágenes que aparecían en la pantalla gigante, de 6x3 metros, situada bajo el reloj de la fachada principal de la plaza, en el edificio donde se ubica la sede de Euskaltzaindia.
A pesar de que la misa dio comienzo a las 12.00 horas, las primeras filas de la Plaza Nueva estaban ocupadas desde las 10.45 horas. "Teníamos previsto ir a Santiago, pero no nos han dejado pasar y hemos decidido venir a la Plaza Nueva", decían unas señoras de Aranguren -Zalla- y Astrabudua. "Era un hombre entrañable, que incluso cantó con nosotras unas bilbainadas cuando inauguramos el club de jubilados de Astrabudua", recordaban, con lágrimas en los ojos, mientras miraban fijamente la imagen de un sonriente Iñaki Azkuna sobre la que reposaba la frase Goian Bego, que estuvo presente en la pantalla las horas previas y posteriores al funeral.
Las banderas rojiblancas con crespones que colgaban de varios balcones y el tapiz que conformaron los miles de paraguas fueron la única nota de color de un triste lunes. A pesar de ser jornada laborable, no fue impedimento para brindarle una despedida por todo lo alto a quien estuvo al frente del Consistorio bilbaino durante quince años. Personas que acudieron solas, acompañadas, quienes hicieron un hueco en su agenda para poder escaparse del trabajo durante unos minutos, quien vino de Durango o Astrabudua, con silla propia o sin ella, o quienes son ya habituales en los bares de la Plaza Nueva. Personas de todo tipo que quisieron acudir a la cita en la Plaza Nueva del Casco Viejo, una extensión donde poder sentirse parte del funeral sin entrar dentro de la catedral. Y es que la pantalla gigante y los televisores de los bares de la zona que emitieron en directo el funeral transformaron los rincones del Casco Viejo de Bilbao en una segunda catedral de la ciudad.
Emoción "He venido expresamente desde Durango, su pueblo natal, con mi nieta, mi mujer y mi hija. Hemos estado en el centro de la plaza, pero como ha empezado a llover con más fuerza, nos hemos resguardado bajo los arcos", contaba Jesús María, impresionado ante el conmovedor aplauso final con el que se dio por finalizada la misa en torno a las 13.15 horas. El Gure Aita o el Begoñako Andra Mari fueron otros de los emocionantes momentos que se vivieron con intensidad en la Plaza Nueva durante la misa. Las personas allí congregadas cantaban con un hilo de voz que apenas se escuchaba, pero que dejaba entrever las emociones de todos. Hubo muchos minutos en los que el silencio se apoderó de Bilbao, que hasta ayer no pudo despedir definitivamente a Iñaki Azkuna. Sin embargo, hubo también muchas conversaciones, en la calle, en bares y en comercios de la zona, que giraron en torno a la figura de Azkuna.
"Si recaudáramos dinero entre los ciudadanos y le hiciéramos una estatua en Bilbao sería un buen homenaje para Iñaki. Pienso que los bilbainos responderían muy bien a esta propuesta que escuché en la televisión y me parece una idea estupenda", pedía una emocionada bilbaina que se acercó a la Plaza Nueva junto a otras dos amigas. "Era muy majo, muy atento, cercano y hay que seguir acordándose de él a partir de hoy, todos los días".
Al término de la emotiva homilía, las calles del casco antiguo de la capital vizcaina volvieron poco a poco a la normalidad. Por el contrario, costó que muchos abandonaran la Plaza Nueva, donde reposaba una gran imagen de Azkuna en la pantalla, que muchos fotografiaron con el móvil para guardar un recuerdo en su memoria. "Hemos llegado tarde a escuchar la misa, pero nos hemos quedado aquí, mirando la fotografía durante unos minutos", contaba Begoña, una vecina de Bilbao que hablaba con la voz entrecortada.
Calles cortadas No hubo circulación de vehículos por el Casco Viejo durante toda la mañana de ayer y se cerraron varias calles adyacentes a la catedral de Santiago -los cantones de Carnicería Vieja o Barrenkale- para los peatones a partir de las 10.00 horas. La presencia de la Policía Municipal o la Ertzaintza en cada calle del Casco Viejo, sobre todo en las horas previas al funeral, reflejaba la magnitud que alcanzó el acto. Muchos curiosos se acercaron a la zona para ver de cerca a las autoridades que desde el Teatro Arriaga se dirigieron caminando hasta el lugar donde se ofició el funeral en memoria del "mejor alcalde del mundo". Ambiente de recuerdos, tristeza y emoción bajo la lluvia, que no empañó el adiós a quien ha hecho historia en Bilbao. El mal tiempo no hizo sombra al multitudinario homenaje que el pueblo quiso rendir a Iñaki Azkuna.
Muchas lágrimas en los ojos, en un día en que las lágrimas también cayeron desde el cielo.