Recién venido de América el pasado fin de semana supe ya, porque me lo comentó Andoni Aldekoa, que seguramente nunca tomaría con Iñaki el café con leche que teníamos pendiente.

Pero no era Iñaki persona de dejar cosas pendientes y el pasado miércoles por la noche -la víspera de su fallecimiento- , recibí una llamada de Andoni diciéndome: El alcalde quiere hablar contigo.

Fue una llamada de un Iñaki sereno, que quería despedirse de mí. Fue la llamada de una persona consciente de su próximo final, pero rebosante de paz interior.

En unos minutos recorrimos nuestras vidas: Hemos hecho muchas cosas juntos me dijo, y añadió: También hemos discutido algunas veces y, sobre todo, nos hemos reído mucho juntos.

Me despedí de él diciéndole que esté donde esté no olvide nunca que le quiero. Y me respondió: Para eso mismo te he llamado Lehendakari, besarkada haundi bat.

Acabo de llegar ahora mismo a casa del camposanto de Derio. Allí, junto a su familia, hemos incinerado el cuerpo de Iñaki y nos hemos despedido de él, le hemos deseado buen viaje.

Después he hablado un momento con Alejandro -hijo de Iñaki- que estaba acompañado de su mujer y de su encantadora pequeña. Hemos hablado de su aita, también hemos hablado de su extraordinaria amatxu, Anabela, fallecida en septiembre hará dos años. Hemos concluido que la parte más grande del corazón de ambos quedará para siempre con él, pero que una parte, la más pequeña, del corazón de ambos quedará, también para siempre, en el alma de los muchos que los conocimos y apreciamos. Seguirán así viviendo entre nosotros.

Anabel eta Iñaki agur eta ohore.