Azkuna luchó endiabladamente con un cáncer de próstata que, a pesar de estar diagnosticado desde 2003, a finales de 2010, como él mismo anunció, "se encabritó". Lo saben bien todos los enfermos de cáncer que combaten sin denuedo una enfermedad todavía hoy maldita que los médicos están consiguiendo hacer crónica. Sin embargo, una cosa es la enfermedad que hay que erradicar (si se puede), y si no, minimizar. Y otra, las actuaciones contra una afección que generan casi más destrozos que la propia patología. Sus achaques y padecimientos son el pan nuestro de las asociaciones de lucha contra el cáncer. Lo reconoce Gabriel Otalora, gerente de la junta vizcaina de la Asociación Española Contra el Cáncer. "La quimio, la radio y los fármacos que tienen que matar células vivas para derrotar a las que están alteradas y descontroladas, provocan en algunos organismos tanto daño como el cáncer", asegura.

Es el caso del Mejor Alcalde del Mundo, con quien las secuelas han podido más que su propio empeño por vivir. En 2011, se marchó a tratarse a Houston, destrozado con su próstata y con su leucemia; regresó con un mal diagnóstico. "Lo cierto es que su enfermedad logró medio estabilizarse y lo que le fastidió mucho en los últimos tiempos fueron los daños colaterales, fruto de tantas intervenciones y tantos tratamientos. En concreto, todas las afecciones que sufrió en la zona del estómago. Ha padecido una barbaridad y no directamente por el cáncer sino por las secuelas", añade Otalora.

Lo corroboraba el propio Azkuna en una entrevista. "La enfermedad está aguantando bien -decía-. Con el pastillaje, los médicos la están manteniendo a raya. El problema son las secuelas del riñón y los intestinos", explicaba, ejemplificando a la perfección que el cáncer no le doblegaba pero lo que le rodeaba, sí.

"El cáncer le fue minando, pero las últimas recaídas no fueron por el cáncer, sino por los daños del propio tratamiento. Si no, la enfermedad le hubiera dado un mayor respiro. Sin embargo, a veces, para evitar males mayores en el cáncer hay que tomar medidas muy drásticas y esos daños se convierten en devastadores", puntualiza el responsable de la asociación contra el cáncer.

Para las personas que trabajan codo con codo con el señor cáncer, Azkuna, dentro de su tragedia, ha dado varias lecciones preciosas de vida. "Esto lo tiene mucha gente y hay que luchar", confesaba en 2008, sin una pizca de dramatismo. "El alcalde podía haberse callado, podía haberla ocultado, haberla vivido con mucho más resentimiento, pero lo llevó con una gallardía y una cercanía espectacular", aclara Otalora. "Todo esto es una pedagogía de la enfermedad fantástica. Además, siempre que pudo estuvo a pie del cañón, incluso se le añade ese plus de grandeza humana. Es un ejemplo de actuación ante la adversidad de la vida", resuelve el gerente de la asociación contra el cáncer.

El anuncio público del alcalde y sus padecimientos y trastornos fueron una llamada solidaria a todos aquellos que sufren la enfermedad y se preguntan por qué les ha tenido que ocurrir a ellos. "Hay que valorar mucho a quien planta cara a una enfermedad con ese espíritu deportivo y con una actitud que está tan lejos de la desesperación como de la resignación", declaran desde el colectivo de mujeres mastectomizadas.

Otalora se niega a caer en el desánimo. "El cáncer es una enfermedad que cada vez se cura más, pero cada vez hay más cáncer ya que al vivir más, sale más". Porque frente a este diagnóstico tan negativo, Otalora lanza un mensaje optimista. "El cáncer cada vez se combate mejor. De hecho, hoy, el cáncer ya no es sinónimo de muerte; no como en épocas pasadas que era casi una sentencia".

Azkuna superó todas las etapas psicológicas del cáncer y se resistió a todas ellas como un jabato. Subió y bajó por esa especie de montaña rusa, que implica la aceptación, la negación, la rebelión... "Porque cada día es un tesón, una esperanza, una derrota, un fracaso, un volver a empezar ... Y algunos creemos que una vez que el mal es inevitable, las personas podemos usar ese mal para reforzarnos y para crecer", reflexiona Otalora. A su juicio, alrededor del cáncer hay preciosas historias de amor, de solidaridad y de superación humana, independientemente del resultado final. "Hay veces que la gente le pone tantas ganas y tanta ilusión a la vida que se cura. Otras veces, no. Pero el poso que deja a los que le rodean en su manera de afrontar esta realidad, genera sinergias de amor, de cariño y de audacia humana que los que estamos en este tema, independientemente de que tengamos todas las semanas dos o tres necrológicas, también recibimos innumerables satisfacciones", declara Otalora, que ha compartido muchos momentos con Iñaki Azkuna.

"Él hablaba de su enfermedad con esa perspectiva que da el aceptar que eso va a acabarse en algún momento". También hablaba con serenidad. "Yo nunca he visto al alcalde resignado, le he visto aceptando su enfermedad pero arañando todos los momentos que podía a la vida y, cuando estaba medianamente bien, iba al Ayuntamiento, cumplía con sus obligaciones y ponía buena cara". "Su ejemplo como ser humano y como representante de los bilbainos ha sido enormemente admirable", afirma.